La formación profesional

El bachillerato fue en los primeros años la enseñanza estrella de Altair; al fin y al cabo era el primogénito. Pero, si ciertamente, el horizonte de Altair estaba puesto en la promoción obrera, la niña de sus ojos acabaría siendo la formación profesional. En efecto, el año 1973 sería el año del despegue de Altair en materia de enseñanza profesional. Carlos Arenas, profesor del centro, afirmaba en una entrevista en la prensa que «por su ubicación y por la concepción con que se creó, Altair estaba proyectado hacia una formación profesional obrera cuyas enseñanzas han empezado ya a impartirse y que se ampliarán en cursos sucesivos. Estamos clasificados por el Ministerio de Trabajo como centro de formación profesional del trabajador. Comenzamos ahora unos cursos de soldadura y oxicorte, electricidad del automóvil y oficiales administrativos, que nos introducen en el campo de los oficios manuales. El Ministerio de Trabajo nos ha autorizado también a la puesta en marcha de un centro experimental de nuevas profesiones que utilizará dos nuevos edificios que están ya construyéndose y que esperamos que puedan comenzar a funcionar a finales de 1973» [1].

Los nuevos laboratorios reunieron las condiciones idóneas para realizar un trabajo eficiente. En primer plano Arturo Sánchez, entonces alumno (Archivo Histórico de Altair).

En Altair, como centro de enseñanzas integradas, los profesores, instalaciones y los recursos se compartían, y la formación profesional tuvo un gran prestigio tanto en los barrios de su entorno como en el resto de centros educativos de la ciudad. Por ello, afirmaba con seguridad José García, director de la sección de FP: «La formación profesional era una salida muy digna para los alumnos que querían una especialización laboral o no se encontrasen con fuerza para afrontar unos estudios universitarios» [2]. Como defendía Joaquín Aráuz, jefe de los laboratorios y profesor de prácticas de la especialidad de Química: «Por desgracia, algunos siguen pensando que la FP es una enseñanza para alumnos de segunda fila, cuando la realidad es bien distinta, al menos en Altair: tratamos de formar auténticos profesionales con una gran responsabilidad y una gran capacidad de autonomía en su trabajo. Hemos de tener en cuenta que no tratamos de enseñar un oficio, sino una profesión. La realidad es que estamos impartiendo una FP de gran categoría. Nuestros alumnos pueden corroborarlo. El hecho de que el alumno esté en Altair es una suerte para él, algún día lo valorará plenamente. Contamos con un profesorado entusiasta y especializado. Al mismo tiempo disponemos de un laboratorio debidamente dotado que facilita la buena preparación de los alumnos, en un ambiente grato» [3].

José Pinto en una clase de mecánica del automóvil (Archivo Histórico de Altair).

La formación profesional se había iniciado en Altair en 1970, como centro experimental de educación permanente de adultos, con los primeros cursos de auxiliares administrativos. Eran cursos gratuitos de formación intensiva o acelerada de auxiliares administrativos promovidos por el Patronato de Protección del Trabajo (PPT) en concierto con el Ministerio de Trabajo. En ellos se impartieron en régimen nocturno enseñanzas de contabilidad, cálculo mercantil, derecho mercantil, mecanografía, cultura, organización de oficinas, legislación laboral y tramitación de seguros sociales [4]. En 1973, Carlos Arenas explicaba: «El Ministerio de Trabajo nos ha autorizado también a la puesta en marcha de un centro experimental de nuevas profesiones: Los cursos de un centro experimental, por novedad de los mismos –ya que deben implantarse enseñanzas no existentes en la zona– exigen una cuidadosa preparación. Las especialidades que hemos pensado –de momento, como muy interesantes en la ciudad, y si me apura en Andalucía– son: técnicos de ventas, jardineros, pequeños empresarios y restauradores de obras de arte» [5]. En los años siguientes se impartieron cursos de electricidad del automóvil [6]; de soldadura eléctrica, de montador y reparador de equipo eléctrico del automóvil [7]; de restaurador de obras de arte [8]; de mecánica del automóvil, delineante industrial y auxiliar de laboratorio [9]. Estos cursos subvencionados por el Ministerio de Educación y Ciencia, ofrecieron la posibilidad de adquirir una honda preparación profesional que venía a cubrir, una faceta necesaria para muchos de los alumnos, dadas las características económicas y sociales de gran parte de las familias de Altair [10].

Jesús Rodríguez, director técnico en las décadas de los setenta y los ochenta, fue una persona providencial en estos años cruciales para el crecimiento de Altair. Fue una pieza clave: puso las bases de la formación profesional. Tras su fallecimiento en 2016, así lo atestiguaba Antonio Gutiérrez: Jesús Rodríguez «se encargó de diseñar y poner en marcha la formación profesional, con una visión clara de lo que tenían que ser los objetivos de los alumnos de las enseñanzas de automovilismo, electricidad, administrativos, cursos especiales de promoción e inserción en el trabajo, así como alentar otras especialidades de futuro. Fueron años ilusionados en los que hubo de trabajar mucho y suplir las carencias materiales con entusiasmo y esperanza, sin bajar el listón en la exigencia profesional y en la enseñanza de valores humanos y espirituales, tan necesarios para la conformación de la persona y para la calidad humana y moral a los alumnos que debían acceder al mundo laboral. Jesús realizó un trabajo magnífico, formó un grupo valioso de profesores y consiguió dotar de prestigio a los alumnos de Altair ante las empresas» [11].

Jesús Rodríguez intervino decisivamente, tanto en su condición de directivo, y especialmente como sindicalista de USO para la solución a la financiación; su labor fue determinante en las negociaciones entre patronal y sindicatos, en la clasificación administrativa de los cursos y enseñanzas y especialmente en la concesión de las subvenciones y los conciertos. En el año 2015, Jesús recordaba las dificultades que surgieron, tanto para acomodar las nuevas enseñanzas en los edificios construidos, como redistribuir los cursos adaptándolos a los nuevos aularios. En el verano de 1975, él y José Manuel Núñez viajaron a Oviedo para hacerse cargo del material necesario para montar la especialidad de Automoción: «Adquirimos en el verano el material de Automoción que usaba Peñavera en Oviedo –recuerda Jesús– y completamos el nuestro. E inmediatamente solicitamos la clasificación del centro para impartir en el curso 1975-1976 la FP1 de Automoción; y en los dos cursos siguientes el de FP1 de Química y de Electricidad. Todo salió muy bien y se consiguieron tanto las autorizaciones académicas como las subvenciones. Por carencia de aulas se daban las clases por las tardes-noches. Hubo que hacer un aulario adscrito a los talleres y laboratorios aunque se tardaron varios cursos en poder hacer estas instalaciones para superar esos inconvenientes. Se había conseguido a través del Ministerio de Trabajo que se subvencionaran al 50% las obras de lo que actualmente es el edificio de primaria y de los talleres y laboratorios del edificio de FP para hacer el centro experimental de PPT de adultos (en el que se llegaron a dar cursos de restauración de obras de arte, curso de formación de empresarios de Pequeñas y Medianas Empresas, cursos de laboratorio de Química, de Automoción, etc.). Todo esto facilitó que se dispusiera de bastante material. Implantada ya la FP, alcanzamos ayudas para realizar las obras del laboratorio de Química (que tenía un material precario), y las de Electricidad, en lo que había sido el primer edificio provisional de Altair, etc.» [12].

José Enrique González en una clase en el laboratorio de Química (Archivo Histórico de Altair).

En el curso 1975‑1976, sirviéndose de la experiencia adquirida en aquellos cursos, se inició de manera permanente la enseñanza reglada de formación profesional de primer grado (FP1) con las especialidades de Automoción y Química en la rama de Operador de Laboratorio. Precisamente, uno de los hitos más importantes en la consolidación de la FP fue la dotación del laboratorio de Química. Joaquín Aráuz recuerda vivamente su colaboración en el diseño y construcción de los laboratorios que hoy siguen en perfecto estado y plenamente operativos, tras más de 40 años de uso intensivo y continuado. «En ese proyecto –apunta Joaquín– puse toda mi ilusión y mi experiencia profesional adquirida tras el paso por los laboratorios químicos de varias empresas en las que trabajé antes de hacerlo en Altair. Era una época de una gran escasez de recursos económicos y había que echarle mucha imaginación y muchas ganas a todo. Comprar e instalar un laboratorio químico completo era absolutamente inviable. Por ello, Pepe Núñez y yo hicimos un viaje casi iniciático a la Universidad de Navarra, nos recorrimos diversas facultades y tomamos buena nota de las instalaciones, laboratorios, etc. Le dimos forma (tras numerosos borradores, planos y proyectos) y un magnífico maestro-albañil, El Chele [José Domínguez], construyó nuestro sueño… ¡por menos de la cuarta parte del presupuesto más barato que teníamos! De esto han pasado cuatro décadas y ahí están los laboratorios» [13].

En 1978, Joaquín Aráuz explicaba que el balance tras estos primeros años de la especialidad de Química era netamente positivo: «Al final ha quedado un laboratorio para cuarenta personas donde cada una tienen siempre a mano el material indispensable. Las condiciones de orden, trabajo, limpieza y, sobre todo, la gran diversidad de clases prácticas, les está capacitando para realizar los análisis más diversos: aguas, tierras, aceites, etc.» [14].

Antonio Gutiérrez y Francisco Mir atendiendo a autoridades educativas (Archivo Histórico de Altair)

Pronto Altair comprendió la necesidad de crecer implantando la FP de segundo grado. En este período se habían transferido a las comunidades autónomas las competencias en materias educativas. Jesús Rodríguez intervino en primera persona en las gestiones realizadas a fin de  conseguir la autorización para la implantación de la FP2: «Como en la administración educativa había personas que no entendían bien la iniciativa social de Altair –refiere Jesús– empezamos a tener dificultades para la autorización administrativa de la FP2. Afortunadamente contamos con la colaboración inestimable de Francisco Mir, que además de padre de alumnos, tenía contactos en la secretaría de la Junta [de Andalucía], y le pedimos que hiciera una gestión para que nos recibiera la secretaria del Consejero de Gobierno y exponerle que llevábamos tres cursos sin respuesta a nuestra solicitud de ampliación de la FP. Enseguida nos recibió y se extrañó que yo [Jesús Rodríguez] no le hubiera dicho nada, porque me conocía mucho ya que representaba ante la Consejería al sindicato USO que entonces era mayoritario en Andalucía. Le expuse que allí iba como representante sindical y no veía claro exponerle el caso del centro educativo en el que trabajaba. El mismo consejero, que también me conocía por el mismo motivo, me llamó inmediatamente y me dijo que en menos de veinte días estaría en el BOJA la clasificación de la FP2» [15].

Profesores y alumnos de Formación Profesional, en 1990, entre ellos, don Andrés Quijano, don Jesús Rodríguez, Alfonso García y Juan José Martín, ya fallecidos (Archivo Histórico de Altair)

Por fin, durante el curso 1982-1983, en el 15º aniversario de Altair, tras laboriosas gestiones y las múltiples comisiones de trabajo que se organizaron, se consiguió hacer realidad una de las grandes aspiraciones, tanto del profesorado y de la dirección del centro, como de las mismas familias que expresaban su satisfacción por este avance tan importante: la implantación de la FP de segundo grado. Así, José Manuel Núñez, director en aquellos años de la sección de formación profesional, explicaba en el boletín de Altair que con la FP2 se hacía realidad una aspiración, reiteradas veces manifestada, de los padres y de los alumnos. Y por otra parte se llevaba a término un antiguo proyecto de Altair: «Para nuestros alumnos –apuntaba José Manuel– supondrá el que puedan completar su formación técnica en la especialidad que eligieron, y además su formación integral que tanta importancia tiene en Altair» [16]. Joaquín Aráuz manifestaba su satisfacción por la ampliación del segundo grado que permitiría «realizar la labor docente completa, formando totalmente al alumno en todos los aspectos de su personalidad, pues, el químico, por su profesión, ha de ser metódico y constante; estas virtudes no se adquieren de la noche a la mañana. Esto supone tiempo suficiente para la formación del químico, es decir, por una parte poder desarrollar los programas específicos de esta especialidad, de tal manera que adquieran durante estos cinco años una sólida competencia profesional y por otra, facilitarles todos los medios para una formación humana sólida, que en sólo dos años es difícil lograr» [17].

[1] C. Cárceles, “Cursos del PPT en Altair”, en El Correo de Andalucía, 17 de marzo de 1973.

[2] Recuerdo de José García Sáez, 11 de diciembre de 2016.

[3] “Paseando por el laboratorio”, en Boletín de Altair, nº 13, junio de 1978, p. 4.

[4] Cfr. “Curso de administrativos en Altair”, en ABC de Sevilla, 9 de agosto de 1970, p. 40.

[5] C. Cárceles, “Cursos del PPT en Altair”, en El Correo de Andalucía, 17 de marzo de 1973.     

[6] Cfr. “Cursos del PPT en el Centro Tecnológico Altair”, en ABC de Sevilla, 20 de septiembre de 1973, p. 63.

[7] Cfr. “Plazas para cursos acelerados en el Centro Tecnológico Altair”, en ABC de Sevilla, 15 de octubre de 1973, p. 41.

[8] Cfr. “Altair, cursos de restauradores de obras de arte”, en ABC de Sevilla, 8 de octubre de 1974, p. 88.

[9] Cfr. “Cursos PPT en Altair”, en ABC de Sevilla, 4 de septiembre de 1974, p. 34.

[10] Cfr. “La FP en Altair”, en Boletín de Altair, nº 5, octubre de 1976, p. 6.

[11] “Él siempre apelaba a la esperanza”, Semblanza de don Jesús Rodríguez, en ABC de Sevilla, 20 de enero de 2016, p. 16.

[12] Recuerdo de Jesús Rodríguez Lizano, 30 de julio de 2015.

[13] Recuerdo de Joaquín Aráuz Rivero, 30 de junio de 2016.

[14] “Paseando por el laboratorio”, en Boletín de Altair, nº 13, junio de 1978, p. 4.

[15] Recuerdo de Jesús Rodríguez Lizano, 30 de julio de 2015.

[16] “FP de segundo grado”, en Boletín de Altair, nº 18, abril de 1983, p. 7.

[17] Ibidem.

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