La formación profesional y las empresas

La relación entre los estudios profesionales y los centros de trabajo, es decir la colaboración entre las empresas y el centro educativo para lograr el éxito laboral de los alumnos, fue una preocupación nuclear en Altair desde los orígenes de la formación profesional. De hecho, una de las potencialidades de los cursos de formación empresarial fue la de poner en contacto a empresas y empresarios con el centro educativo, como cauce de colaboración entre el ámbito formativo y el mundo laboral.

En 1977, Jesús Rodríguez exponía su preocupación por las dificultades para la colaboración entre las empresas y los estudios de formación profesional: «A lo largo de los contactos que vengo teniendo con diversas empresas y directores de empresas industriales, he observado una falta de conexión real entre el mundo laboral y los centros educativos de FP. Las empresas, debido a su desconexión con la FP, desconocen las metas reales que ésta alcanza y para la elección de su personal opta en ocasiones por un criterio de selección que corren el riesgo de ser sólo un conjunto de aptitudes y destrezas, sin llegar a la raíz de cómo sea esa persona a la que eligen, ni a saber si se adaptará al trabajo que se le encomienda. A esto hay que añadir el que tenga en muchas ocasiones que realizar unos cursos de adaptación costosos para la empresa y una instrucción técnica durante un período más o menos prolongado». También, Jesús Rodríguez apuntaba las soluciones para salvar esta falta de contacto: «Debe facilitarse la posibilidad de que un número de alumnos desarrollen prácticas, durante un período prudente, en esa empresa. Esto hace que el alumno comience de alguna manera a integrarse en el mundo laboral. A la empresa, esto le permitiría un conocimiento más intenso, no sólo de las aptitudes laborales y profesionales de esos alumnos, sino también de sus actitudes sociales, morales, etc. Esto permitiría un conocimiento de la persona, que puede necesitar en un momento determinado. Bien es verdad que sería preciso potenciar esa integración también jurídicamente, lo cual evitaría posibles abusos tanto por parte de los alumnos como por parte de las empresas, dando garantías al empresario sobre los riesgos que este período comportaría. Este será uno de los puntos de partida para una sucesiva aproximación de las empresas y del centro que tan necesaria es para el armónico desarrollo de la sociedad» [1].

Antonio Nuevo, mientras fue jefe del departamento de Electricidad, realizó un enorme esfuerzo por conectar la formación profesional con el mundo de la empresa. Gracias a su gran capacidad de estar al día en los últimos avances tecnológicos en el campo de la electrónica logró llevar a la especialidad a los más altos niveles docentes y técnicos [2]. Ciertamente, Antonio ponía de manifiesto: «El nivel que impartimos en el centro está adecuado a las exigencias del mundo del trabajo y estamos haciendo un gran esfuerzo –mediante contactos permanentes con empresas del sector– para estar al día en los avances científicos y demandas de trabajo» [3].

Con el paso de los años, los objetivos de colaboración entre las empresas y los centros de formación profesional fueron cobrando forma; y gracias al impulso dado por Altair, el compromiso con las empresas fue cada vez más definitivo. La continua relación con el tejido empresarial fue permitiendo enfocar los ciclos formativos hacia las especialidades más demandadas, integrar a los alumnos en prácticas profesionales, actualizar conocimientos y sobre todo tomar el pulso a la realidad cambiante del mercado laboral, objetivo de la labor formativa de Altair. Así lo explica Ignacio Soto, coordinador del departamento de cursos: «La empresa valora especialmente el afán de aprender, la formalidad y la seriedad, dentro de un ambiente en el que la persona sepa integrarse e identificarse con los objetivos de la organización. Los conocimientos técnicos se adquieren con relativa facilidad y rapidez en este tipo de trabajos. Las empresas buscan a un trabajador que, haciendo su trabajo correctamente, aporte otras cuestiones relacionadas con la formación en valores» [4]. Ciertamente, según explicaba en 2004 José García, director de la sección de FP: «La formación profesional es un buen cauce para la incorporación al mundo laboral; las estadísticas así lo confirman. En los dos últimos años, el 80% de los alumnos que finalizaron en Altair accedieron al mundo laboral. Es evidente que en los ciclos formativos no basta con aprobar, hay que saber y saber-hacer» [5]. En efecto, Joaquín Aráuz confirmaba que Altair ha sido pionero en bastantes aspectos novedosos, en particular en lo que se refiere a las prácticas de empresa: «Hace 20, 30, 40 años, en ningún sitio se hacía lo que, por entonces, en estos campos desarrollábamos en Altair. Hoy se habla de la FP dual y es una realidad la formación en centros de trabajo. En Altair ese diseño se hizo realidad hace mucho tiempo con las prácticas en empresas, que después todo el mundo copió, incluso –afirma Joaquín– hasta la propia Consejería de Educación» [6].

[1]  “La FP y la Empresa”, en Boletín de Altair, nº 11, marzo de 1977, p. 3.

[2] Cfr. “Cuatro profesores que valen más que el oro”, en Altair al día, nº 3, diciembre de 1997, p. 2.

[3] “FP de segundo grado”, en Boletín de Altair, nº 18, abril de 1983, p. 7.

[4] “Profesionales cualificados”, en Boletín de Altair, nº 38, marzo de 2005, pp. 28-29.

[5] “Saber y saber hacer en la Formación Profesional”, en Boletín de Altair, nº 38, marzo de 2005, pp. 31-32.

[6] Recuerdo de Joaquín Aráuz Rivero, 30 de junio de 2016.

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