La Escuela de Empresarios

El día 5 de abril de 1979 se celebraría en Altair la clausura de los cursos de formación empresarial, con la asistencia de los participantes, esposas y profesorado. Álvaro Soto, miembro del consejo de dirección de los cursos y profesor encargado del área de Marketing, cerró el acto con estas palabras de agradecimiento: «No penséis en este acto como un final de etapa, de algo que ha concluido, sino como el principio de un camino de compromiso que hay que recorrer, que haga que de alguna forma, con las técnicas adquiridas en estos meses, desarrolléis vuestro trabajo con más perfección. Pero no como un afán de perfeccionismo personal, sino en servicio  de la sociedad, del ámbito donde está normalmente vuestro trabajo, y en servicio de las personas que os rodean» [1].

Sesión de la Escuela de Empresarios en 1976. El objetivo básico de la Escuela de Empresarios de Altair sería la formación de empresarios y directivos. Para proporcionar dicha formación, esta iniciativa pionera en Sevilla se esforzó por ofrecer una visión coherente de la empresa y de la sociedad.

Cinco años antes, en el curso 1974-1975, había nacido en Altair la Escuela de Empresarios, por iniciativa de Miguel Ferré, doctor ingeniero industrial y director de los cursos de formación empresarial. Él mismo, en aquella primera sesión inaugural, señaló los objetivos de los mismos y el plan a desarrollar: «Se estudiarán en labor conjunta por los profesores y participantes casos prácticos tendentes a reducir al mínimo el cada vez más amplio y complejo campo de indeterminación de la toma de decisiones. Sin olvidar la importancia de los conocimientos teóricos de cada asignatura, se quiere buscar un sentido práctico a las mismas» [2].

Y así, estos cursos de formación empresarial tuvieron una duración de seis o siete meses, con dos sesiones semanales. Los ámbitos que se estudiaron fueron tanto técnicos como humanos o ético-empresariales. Las materias que se impartieron fueron: dirección financiera, dirección de producción, dirección comercial, análisis cuantitativo y comercio exterior, aspectos legales de la empresa y comportamiento humano.

Porque ciertamente, el objetivo básico a lo largo de los diversos años de la Escuela de Empresarios de Altair sería la formación de empresarios y directivos. Para proporcionar dicha formación, esta iniciativa pionera en Sevilla se esforzó por ofrecer una visión coherente de la empresa y de la sociedad como comunidad de personas. El ideal de Altair consistió en  imprimir una huella profunda, positiva y duradera en las personas, no sólo técnica y científica, sino, sobre todo, humanística y ética basada en la profesionalidad, la integridad y el espíritu de servicio de base cristiana.

El propósito de Altair consistió en formar al empresario para que éste sepa enfocar de una manera global el planteamiento de los problemas de la empresa, sin limitarse a transmitir técnicas. Así lo definía Miguel Ferré: «Después de varios años de estudio, experiencias, prácticas, etc., esta formación global deberá poner al empresario en condiciones de, en primer lugar, saber analizar una situación, distinguiendo lo esencial de lo accidental en el cúmulo de datos que se le ofrecen a diario; por otro lado, diagnosticar los auténticos problemas, yendo a la raíz; y por último, buscar soluciones y ponerlas en práctica, con determinadas técnicas». Del mismo modo, Miguel Ferré fue consciente de que la preparación de los hombres de empresa habría de influir decisivamente en el desarrollo económico de su propia ciudad y región. Estimaba que los núcleos que engendran riqueza y producen el desarrollo de una región son las empresas privadas. Estaba persuadido de que una empresa vale lo que valen sus hombres, pues la formación y alto nivel técnico de quienes dirigen una empresa es el secreto del rendimiento económico de la misma: «Estoy plenamente convencido de la estrecha relación entre formación técnica del empresario, rendimiento de la empresa y desarrollo regional. Porque, en Altair todo nuestro esfuerzo ha consistido en formar un grupo de profesionales que hagan atractivas y asequibles estas ideas al empresario. Al mismo tiempo, al ser casi todo el profesorado de Sevilla, el enfoque no está disociado del medio ambiente social o económico sevillano, sino completamente engarzado en él» [3]

El aspecto pedagógico más novedoso –afirmaba Francisco José García, director de los cursos– fue la utilización del método del caso, es decir, el estudio y la discusión de problemas reales de dirección [4]. Esta metodología, aprendida del IESE, resultó la más adecuada para la formación de personas cuya función principal sería la toma de decisiones en situaciones reales, a fin de desarrollar no sólo sus conocimientos, sino también sus capacidades y habilidades (de análisis y síntesis, de trabajo en equipo, etc.), y sus actitudes, valores y virtudes; para trasladar al aula de la mejor manera la vida real: la relación de situaciones de negocio que recojan lo más fielmente posible momentos específicos de alguna empresa [5].

El uso preferencial, aunque no exclusivo, del método del caso como sistema docente conseguía que el alumno se involucrase en la solución de problemas reales de dirección, «adquiriendo de este modo no sólo los conocimientos, sino sobre todo las capacidades, habilidades, actitudes y virtudes que constituyen el núcleo de su formación; desarrolla una metodología para la solución de problemas reales; aprende a valorar la información de que dispone; lleva a cabo un diagnóstico en el que ocupan un lugar relevante las consideraciones humanas, sociales y éticas; desarrolla la capacidad de escuchar a los demás y trabajar en equipo, etc.» [6].

Manuel Guillén explicaba las características de estos cursos para la gestión de la actividad empresarial, dirigidos a empresarios autónomos y pequeños empresarios: «Respecto a los cursos no reglados cabe hacer especial mención a los llamados cursos de empresarios agrícolas, que se desarrollan simultáneamente tanto en el Altair como en la Cámara de Comercio de Jerez de la Frontera, impartidos por profesores altamente especializados y con una honda experiencia profesional y docente» [7].

Como explicaba Agustín Conseglieri, director de los cursos, en octubre de 1979, «los cursos comenzaron con una serie de sesiones de introducción a cada área, y los alumnos han empezado participando muy activamente en las sesiones, lo que no es corriente cuando se discute por primera vez casos de empresas. Este método de trabajo les permite expresar libremente sus pareceres con respecto a los problemas de las empresas, de cada caso, y la forma de abordarlos, en vez de limitarse a escuchar una conferencia, y tomar notas, por interesante que sea». Los asistentes pertenecían a los más diversos sectores empresariales (comerciantes, industriales, constructores, etc.) y sus edades oscilaban entre los veintitrés y sesenta años. Muy pocos de ellos conocían Altair y les resultaba sorprendente que en un centro docente de enseñanza media se pudieran dar cursos de dirección de empresas. Esta fue también la función social que Altair trasladó a los empresarios que pasaban por los cursos. Altair supo transmitir la inquietud por el desarrollo social de los habitantes del barrio. Esta preocupación se puso de manifiesto con frecuencia en las ayudas que prestaron al Patronato  de Altair. En ese sentido, Agustín Conseglieri insistía en que «algunos participantes iban conociendo poco a poco el sentido social de Altair: Así me han comentado sorprendidos la extraordinaria afluencia de padres de alumnos al centro para recoger notas, hablar con tutores, etc., ya que han coincidido varias veces con ellos y tienen la experiencia de que en las reuniones de los colegios de sus hijos asisten muy pocos padres. Otros han quedado gratamente impresionados por la función social que presta el centro al facilitar mediante la Escuela Deportiva, la ocasión de aprender y practicar un deporte a chicos, que siendo alumnos de otros colegios del barrio, no tenían oportunidad de ello. También les ha impresionado la limpieza, buena ventilación y reciedumbre de las instalaciones» [8]

Los cursos de empresarios tuvieron ambiciosas perspectivas, pues se estudió la posibilidad de poner en marcha cursos de dirección de empresas agrícolas en pueblos de la provincia de Sevilla, especialmente aquellos que eran centros comerciales importantes, como Écija, Osuna, Cazalla de la Sierra. Para ello, se hicieron viajes de promoción de los cursos de empresarios agrícolas, en los que se abordarían todos los aspectos jurídicos, contables comerciales, financieros, etc. de la dirección de explotaciones agrícolas y ganaderas.

Antonio Gutiérrez, en la mesa redonda con motivo del centenario de san Josemaría el 22 de enero de 2002, hizo memoria de los comienzos de la Escuela de Empresarios en la figura de Miguel Ferré «ingeniero catalán, que puso en marcha los cursos de empresarios, con la colaboración de amigos suyos de gran prestigio en el mundo empresarial. Entre ellos, por su especial contribución, recuerdo a Javier López de la Puerta, a Álvaro Soto y a Luis López Ladrón y la coordinación técnica de Ignacio Domínguez. Consiguieron que pasaran varias promociones de empresarios sevillanos e incluso llegaron a organizarse varias ediciones para empresarios agrícolas. Así, mucha gente conoció de cerca Altair y de ahí salieron muchos colaboradores para el Patronato, hoy transformado en Fundación, y otros acogieron en sus empresas a antiguos alumnos de Altair, movidos por el prestigio humano y profesional que tenían en las ramas de formación profesional que se estudiaban en Altair» [9].

Ignacio Domínguez, coordinador de los cursos hasta 1977, resalta la importancia de estos cursos al destacar la valía profesional de sus promotores y recuerda con admiración que «por iniciativa de Miguel Ferré, participaron entusiásticamente Javier López de la Puerta y Francisco José García, ilustre abogado de Sevilla, que llevó a todo su despacho completo; el equipo que trajo Paco Pepe era muy bueno. También participaron Álvaro Soto o Juan Luis Quiroga» [10].

Efectivamente, Miguel Ferré convenció a Javier López de la Puerta para que pusiera por obra en Altair su gran proyecto de escuela de negocios según el modelo del IESE [11]; y así, Javier fue el gran impulsor de esta escuela de negocios en Altair, según confirma el propio Miguel Ferré [12]. El proyecto de López de la Puerta contemplaba una especial atención al desarrollo de las empresas del sector primario, dada la importante base de la economía andaluza en la explotación del campo y de las industrias de la cadena agroalimentaria. No en vano, había sido director general de la empresa de aceites de Osuna y fundador y presidente de la Asociación provincial de agricultores y ganaderos de Sevilla (ASAGA). La participación de importantes empresarios agrícolas en estos cursos de formación fue decisiva. El propio Ignacio Domínguez lo constata afirmando que pasaron por Altair empresarios muy significativos: «Al primer curso de empresarios agrícolas vinieron personas muy notables, los agricultores más importantes de Andalucía; el nivel era muy bueno, tenía mucha calidad. La lista de asistentes del primer curso de empresarios agrícolas es realmente muy significativa» [13].

La iniciativa de Altair tuvo una gran trascendencia puesto que los cursos de formación de empresarios que aquí se iniciaron marcaron la pauta para las futuras escuelas de negocios de Andalucía; y así puede afirmarse. Estos cursos de empresarios, sin temor a exagerar, fueron una incipiente escuela empresarial. De tal manera que, al trasladarse años después, por los propios profesores de los cursos de Altair, toda esta experiencia al Instituto Internacional San Telmo, los cursos de formación empresarial de Altair vinieron a ser la prehistoria de todas aquellas iniciativas [14]. Miguel Ferré corrobora esta tesis cuando afirma que «dichos cursos fueron el antecedente de la Escuela de San Telmo» [15]. De hecho, con el tiempo, la idea de la creación de los cursos de empresarios cuajó y Javier López de la Puerta, el mismo que la inició en Altair, la continuó años más tarde y la puso en marcha de nuevo en el Instituto Internacional San Telmo, mediante un bussines plan, también patrocinado por el IESE. Por todo ello llegamos a la conclusión inexcusable de que, a pesar de que nunca recibieran ese nombre, los cursos de formación de empresarios fueron una verdadera Escuela de Empresarios [16].

[1] Agustín Conseglieri, “Clausura de los cursos de formación empresarial”, en Boletín de Altair, nº 15, junio de 1979, p. 10.

[2] “Inauguración del primer curso para empresarios”, en ABC de Sevilla, 15 de octubre de 1974, p. 61.

[3] Federico Soria, “La formación del empresario, factor decisivo del desarrollo regional. Entrevista con don Miguel Ferré, director del curso de formación Empresarial de Altair”, en ABC de Sevilla, 2 de octubre de 1975, p. 39.

[4] Cfr. Manuel Capelo, “Curso en el centro de formación empresarial”, en El Correo de Andalucía, 22 de noviembre de 1978, p. 10.

[5] El IESE es la escuela de dirección de empresas de la Universidad de Navarra. Dispone de cuatro sedes: en Barcelona, Madrid, Nueva York y Múnich, e instalaciones en São Paulo. Según la edición de 2015 del ranking que elabora cada año el diario británico Financial Times, IESE es la séptima mejor escuela de negocios del mundo por calidad de sus programas MBA.

[6] Antonio Argandoña, “Josemaría Escrivá de Balaguer y la misión del IESE en el mundo de la empresa”, en Studia et Documenta, vol. 5, 2011, pp. 131-162.

[7] Recuerdo de Manuel Guillén León, 25‎ de febrero de ‎2013.

[8] Agustín Conseglieri, “Cursos de Empresarios”, en Boletín de Altair, nº 14, enero de 1979, p. 11.

[9] Recuerdo de Antonio Gutiérrez Muñoz, en Mesa redonda con motivo del Centenario de san Josemaría, 22 de enero de 2002.

[10] Recuerdo de Ignacio Domínguez Sánchez, 16 de junio de 2013.

[11] Cfr. Carlos González, Entre amigos. Semblanzas de Javier López de la Puerta, Fundación San Telmo, Sevilla 2011. Javier López de la Puerta fue cofundador, junto a Gerarda de Orleáns-Borbón, en 1982 del Instituto Internacional San Telmo, nacido bajo su inspiración y aliento, siguiendo la estela del IESE.

[12] Recuerdo de Miguel Ferré Trenzano, 15 de septiembre de 2016.

[13] Recuerdo de Ignacio Domínguez Sánchez, 16 de junio de 2013.

[14] Cfr. Carlos González, Entre amigos. Semblanzas de Javier López de la Puerta, Fundación San Telmo, Sevilla 2011, p. 88. El Instituto Internacional San Telmo, la más importante escuela de negocios de Andalucía, fue constituido el 28 de julio de 1982.

[15] Recuerdo de Miguel Ferré Trenzano, 15 de septiembre de 2016.

[16] Cfr. Recuerdo de José María Prieto Soler, 11 de abril de 2016.

 

 

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