El edificio central

El edificio central se acabó de construir en 1981 y se inauguró en el curso 1981-1982. Es un proyecto de los arquitectos Ramón Montserrat Ballesté y Lorenzo Martín Nieto; edificio funcionalista, de ladrillo visto y formas volumétricas sencillas y puristas, con fachada plana, apenas alterada por el zaguán de la portada de acceso. Situado al norte de la explanada principal frente al emblemático edificio nuevo contrasta con el avanzado estilo de este. Sin embargo, su sencilla apariencia engaña, la virtud principal del edificio es la funcionalidad y versatilidad de sus espacios.

La crujía frontal es de dos plantas. El ala izquierda se destina a dependencias de dirección, secretaría y administración, y de recepción, con salas de visitas y de tutorías. El ala derecha la forman las zonas destinadas a profesores y la sala de reuniones en la planta baja; y dependencias para padres y antiguos alumnos en la superior.

En el edificio central, un amplio vestíbulo, presidido por la efigie de san Josemaría, da paso a la crujía interior de tres ámbitos en los que se han utilizado materiales nobles de acuerdo a la función representativa de estos espacios: un núcleo central multiuso se abre indistintamente a la capilla a la derecha, o al salón de actos a la izquierda; estos dos espacios pueden, así, ampliar flexiblemente su aforo gracias a la apertura de la zona intermedia de uso múltiple [1]. La capilla tiene planta de doble espacio cuadrado en dos alturas, lo que provoca efecto de profundidad: la nave principal acoge a los fieles, mientras que la cabecera se abre en un amplio presbiterio en alto [2]. Un espléndido sagrario de orfebrería sevillana preside el lugar como centro de gravedad, corazón y núcleo de irradiación de la energía de Altair [3]; tras él cierra el conjunto un retablo clásico con una hermosa imagen de la Inmaculada en talla de estilo barroco sevillano del siglo XVII flanqueada por sendos óleos de la Anunciación y de la Sagrada Familia de Nazaret pintados por Manuel Caballero. El oratorio se cubre con un artesonado inspirado en formas mudéjares y los muros se protegen con un zócalo de azulejería [4].

La planta sótano esta ocupada por los talleres de mantenimiento del centro y por las dependencias del club juvenil Viar.

La construcción del edificio central supuso la culminación de los proyectos de edificaciones de Altair. Este núcleo principal se articulaba en torno a la explanada de entrada: a la izquierda, el edificio central; frente a éste, el edificio nuevo; en el centro, el edificio de primaria; detrás y casi ocultos a primera vista, el edificio de FP, el edificio de la Escuela Deportiva y vestuarios; y frente a este, el pabellón provisional; y los campos de fútbol de albero en el ángulo izquierdo.

Ante nuevas necesidades de crecimiento, años después, se añadieron otros edificios. Efectivamente, la finalización de la Exposición Universal de 1992 hizo posible la adquisición de pabellones de la muestra universal a muy buen precio, como la nueva portería o el pabellón de aulas de dibujo. Esta iniciativa permitió ampliar y dar cabida a actividades y enseñanzas localizadas hasta entonces en espacios poco adecuados. A todos ellos, se añadieron los edificios de la especialidad de Electrónica de FP en 1998 y el edificio de educación infantil, en el extremo norte de la parcela, en 2001.

[1] Estos materiales nobles (mármol de la solería y madera de la carpintería), en ningún caso lujosos, dieron lugar al oportuno comentario de Joaquín Gómez: ya era hora de que los hijos de los obreros pisaran mármol, aludido páginas arriba.

[2] El antiguo oratorio del edificio nuevo ocupó provisionalmente el sitio de un aula de la planta intermedia y el correspondiente despacho inmediato como sacristía que volvieron a su uso primigenio tras la construcción de la capilla definitiva. En la actualidad, aquel sagrario‑caja fuerte preside la capilla del campamento de El Pinsapar, en Cádiz; el retablo está instalado en el oratorio del club juvenil Tancal, en el Cerro del Águila; la lámpara de hierro forjado es la misma que, hoy dorada, ilumina el centro de la nave de la capilla actual; los primitivos bancos fueron modelo para el actual oratorio.

[3] La enseñanza de san Josemaría sobre la importancia del sagrario en las obras corporativas del Opus Dei viene sintetizada en el punto 835 de Forja: «¡Sé alma de Eucaristía! –Si el centro de tus pensamientos y esperanzas está en el Sagrario, hijo, ¡qué abundantes los frutos de santidad y de apostolado!» Cfr. Ángel García, voz “Eucaristía”, en José Luis Illanes, Diccionario de San Josemaría Escrivá de Balaguer, Monte Carmelo, 2013, pp. 469-470.

[4] Cfr. Recuerdo de Miguel Tapia Muñoz, 27 de junio de 2016.

 

 

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