A nuevas enseñanzas, nuevos edificios

Consolidados ya estos dos grandes proyectos de BUP y FP como dos nuevas enseñanzas, se levantaron dos aularios apropiados para ellos [1]. La idea arquitectónica de estos edificios rompió con la singularidad del premiado edificio nuevo y, aunque algunos elementos, como los pretiles exteriores de las ventanas o los bajantes cajeados, sugieren las formas de este, su construcción es técnica y funcionalmente distinta.

El edificio que albergaría el bachillerato superior y el BUP (hoy, edificio de primaria)  es una construcción de dos plantas con fachadas de ladrillos de árido denso separada por los recuadros de la estructura en hormigón visto. Sus espacios se distribuyen escalonadamente en planta, lo que evita las interferencias y permite un mayor aislamiento de las aulas. Una de las interesantes novedades ya desaparecidas era la intercomunicación de las aulas por puertas correderas en las que podrían desarrollarse actividades lectivas complementarias. Destacaba por su prestancia el aula uno o de empresarios que sirvió de aula magna mientras se construía el salón de actos en el edificio central; tenía sillas tapizadas con brazo de pala retráctil y su aforo se duplicaba gracias a las puertas correderas de comunicación con el vestíbulo y el aula inmediata.

La Ley orgánica de ordenación general del sistema educativo (LOGSE), con la consiguiente ampliación de la escolarización obligatoria hasta los 16 años, entró en vigor en 1990. Sus disposiciones establecían un recorte de ocho a seis en la duración de los cursos de la enseñanza primaria; la correspondiente permuta de esos dos cursos con la enseñanza secundaria obligatoria (ESO) de cuatro años; y la creación de un bachillerato no obligatorio de dos años. Ello hizo necesaria la redistribución de las secciones de Altair adaptándose a los edificios preexistentes. El primitivo edificio de BUP, aunque en un principio se pensó para el bachillerato, con los cambios legislativos, se vio más adecuado su uso para los cursos de primaria. Su distribución más recogida y controlable acabó siendo una solución mejor, más adecuada para los alumnos de menor edad. El recio edificio nuevo cuyo «hormigón tiene la resistencia de la piedra a prueba de chavales traviesos» [2], se reservó, por razones obvias, para la enseñanza secundaria.

El edificio de formación profesional tiene una estética exterior semejante a la del anterior, aunque sus espacios funcionales son muy diferentes y novedosos. Además de un cuerpo de dos plantas para aulario en su frente principal, consta de un conjunto de naves imprescindibles para los nuevos estudios tecnológicos que se iban a implantar: laboratorios de física y química, aula‑teatro de creatividad, aula de audiovisuales, talleres de electricidad, mecánica, etc.

[1] Cfr. Jorge Manosalvas, “Altair, Presente y futuro de una realidad social”, en Diario Madrid, 17 de diciembre de 1967.

[2] “Al habla con don Jaime López de Asiaín, arquitecto de Altair”, en Boletín de Altair, nº 1, abril de 1970.