José Antonio Tejada Molero

Mis años en Altair. Todo comienza con mi llegada a Sevilla un lejano 12 de octubre de 1973, tenía 14 años recién cumplidos, y toda la familia 5 hermanos y mis padres decidimos que iríamos a Sevilla a vivir, después de haber descartados otras ciudades de España. Llegamos con lo poco que teníamos en un camión, todos en la parte trasera junto con los pocos enseres que traíamos de nuestra casa en Extremadura.

A los pocos días de llegar comencé a trabajar en el Bar España en la calle San Fernando allí, mi encargado era abuelo de alumno Enrique Paqué, fue un poco duro porque muchas noches terminaba tarde y empezaba temprano por la mañana, pero al poco tiempo comencé a trabajar como botones en una peletería de la Plaza Nueva. En ese tiempo cambiamos de casa y nos fuimos a vivir al cine de verano Candelaria (donde  ahora está la entrada del Parque Amate), allí mi padre era encargado del ambigú. Durante ese tiempo conocimos mi familia y yo a don Andrés Quijano que pasaba casi todos los días por la puerta de casa hacia el Club Canal, para atender a los chicos que por allí acudían; él me hablaba de Altair con mucho cariño, al igual que un compañero que trabajaba de botones en otra tienda de la Plaza Nueva. Me hablaban de Altair, pero a pesar de vivir tan cerca, no conocía el colegio. Un día accedí a ir a Altair para asistir a una charla que daba don Andrés. Desde ese día de 1974 me quedé prendado de Altair y del ambiente que allí se respiraba. Mi familia padres y hermanos también frecuentaban en algunas fiestas el colegio, fiestas de Navidad y fin de curso al menos, en aquel años el director se llamaba don Miguel Ferré que poco después se fue a comenzar una Universidad en Perú y al poco llegó don Antonio Gutiérrez.

Al principio, comencé jugando al voleibol que nos entrenaba Antonio Nuevo, y José Miguel González era uno de los jugadores, algunos compañeros con el paso de los años fueron seleccionados para la selección Nacional, el campo se encontraba en lo que ahora es el Módulo de Electricidad. También asistía a algunas clases de formación que nos daba en aquel entonces José Manuel Núñez, siempre eran a las 11 de la noche, puesto que los chavales que acudíamos o trabajábamos hasta las tantas o los que estudiaban nocturno.

Al curso siguiente me matriculé en Restauración de Obras de Arte, en la que teníamos un equipo de profesores de gran altura como Ricardo Comas, profesor de Bellas Artes, José Rodríguez Rivero, restaurador del Museo de Bellas Artes, don Miguel Tapia y don Antonio Sayago entre otros, era un poco duro salir de trabajar a las 6 de la tarde y correr para poder llegar a las 7 a clase hasta las 11 y después de esas horas acudíamos a un Club que había al lado del Colegio se llamaba Targa y en el aprendíamos muchas cosas, educación elemental, virtudes, formación cristiana y muchas más, y lo pasábamos en grande.

En ese tiempo ya empecé a colaborar con Altair en muchas cosas, cobraba los recibos que se pagaban en casa de los colaboradores de lo que hoy es la Fundación Altair, algunos días tenía que hacer recorridos muy largos, incluso a San Jerónimo, también colaboré durante muchos años en la Escuela Deportiva, donde en esos años había una actividad frenética, eran las 11 de la noche y había un ambientazo por el Colegio, el equipo sénior disputó el Campeonato de España, el juvenil en Liga Nacional, los cadetes, infantiles y alevines en la máximas categoría regionales, había baloncesto, balonmano, atletismo, béisbol y mantenimiento físico de adultos, entre otras cosas.

Desde hace casi 30 años, soy el Presidente del Comité de Empresa de Altair, cosa que me ha servido y me sirve, para aprender en primer lugar de todos mis compañeros que como yo representamos a todos los trabajadores de Altair, en estos años se ha conseguido mejorar las condiciones laborales de todos, en la medida en la que nos ha sido posible, lo peor de todo fue el verano de 2013 cuando nos quitaron los conciertos y hubo que despedir algún compañero, fueron unos meses de verano en los que sufrimos pero al final nuestra lucha y movilización dieron sus frutos.

En todos estos años he conocido a miles de personas que han pasado por Altair, y es muy gratificante encontrarte por la calle a tantos y tantos que te saludan con el cariño de siempre, muchos se quedan sorprendidos cuando les llamo por sus nombres, piensan que el transcurrir de los años se olvida, pues a mí me es fácil recordar muchos de esos nombres.

Ahora ya han pasado los años y las actividades con los más jóvenes se quedan para otros, pero hacemos muchas cosas para los mayores, tenemos la Asociación Amigos Rocieros de Torreciudad, el coro, la Romería al Rocío y a Torreciudad cada año y muchas más.

Cuando uno mira para atrás ve cuantas cosas se han hecho en Altair y cuanto bien se ha sembrado en tantas personas, todos debemos agradecer, yo el primero, estos 50 años de servicio a nuestro entorno, y por qué no decirlo, tantas alegrías vividas y tantos sinsabores llevados con garbo.