José Carlos Jaenes Sánchez

José Carlos Jaenes Sánchez, antiguo alumno de Altair. Psicólogo y presidente del Congreso Mundial de Psicología del deporte 2017.

Yo era un niño de los Pajaritos de una familia humilde, trabajadora. Entré en Altair con 13 años después de haber pasado por dos colegios anteriormente, no era mal niño, pero los estudios no eran mi mayor interés, el fútbol ocupaba toda mi pasión. Felicidad Loscertales habló con don José María Prieto y recuerdo ir al barracón donde después estaría Trabajos Manuales y los talleres a una entrevista con él, que era el Director y creo recordar que hice incluso alguna prueba psicológica.

Me apasionaba jugar al fútbol, solo pensaba en jugar con el balón, no era buen estudiante. Pero tuve la gran suerte, en mi infancia, de conocer a Felicidad Loscertales, ahora catedrática emérita de Psicología Social. Ella ha sido una luz en mi vida, me ha abierto caminos, me ha enseñado a afrontar los problemas y dificultades con una actitud positiva. Tras cambiar varias veces de colegio, entré en Altair y me convertí en buen estudiante. Mi familia era muy humilde, ya éramos tres hijos, y gracias a Felicidad tenía ayuda para comprar libros, para pagar la matrícula.

En Altair me dijeron que había una posibilidad de trabajar como botones en una empresa de Psicología, Dopp Consultores, y me presenté a la selección. Entré con 14 años, y pasé a estudiar en Altair en el horario nocturno. Acababa a las diez y cuarto de la noche, y como a esa hora ya no podía jugar al fútbol porque no había iluminación, me ponía a correr dando vueltas al campo. Y descubrí que me encantó. Cada vez daba más vueltas, cada vez me gustaba más. Y viendo por televisión en 1972 los Juegos Olímpicos de Munich ya me enamoré del atletismo y se convirtió en una de las vías para encauzar mi vida

Definitivamente empecé en 3º de Bachillerato en el edificio grande, y recuerdo tener que llegar en invierno entre cardos borriqueros, abriéndonos camino con un palo y el frío tan tremendo que hacía en la entrada del edificio, allí parecía que nacía el viento. De pasar de ser un niño que le quedaron 7 en 1º y 5 en segundo terminé el curso de 3º limpio y habiendo aprobado la que aún tenía de 1º y dos de segundo.

Recuerdos muchos, el fútbol, jugar en el equipo de Altair era algo inolvidable, con don José Emilio del Pino aprendí lo importante que era entrenar, tener valores cuando se practicaba deporte, me dio la oportunidad de hacer amigos inolvidables y tener recuerdos imborrables, el partido de fútbol con Quino, exjugador del Betis, ir a los campos de Porta Coeli, que por entonces tenía dos puertas, una de los niños de pago y otra de los que no, jugar en césped en la Universidad Laboral hoy Universidad Pablo de Olavide donde soy profesor de Psicología del Deporte.

Personas, allí lo importante eran las personas, don Luis Calvente con su buen humor eterno, don Cesar Villalonga, sacerdote expiloto de Mirage que tanto me enseño y me cuidó y con él aprendí mi pasión por los aviones, siempre recordaré nuestras “charlas” que tanto bien me hicieron, Ignacio Domínguez, a la sazón lo recuerdo trabajando de administrativo, o don José María García, el bibliotecario al que alguna vez sorprendimos subido en un taburete “dirigiendo” un concierto de música clásica que sonaba en un tocadiscos.

Al trabajar en Dopp pasé al nocturno, y no se puede tener más suerte con los profesores que bien nos enseñaron, don Juan Fabián de quien a prendí a amar la Historia, de hecho soy licencia en Historia, don Juan Parejo, don Alberto Sánchez Bañuls y el teatro; don José Manuel López Arenas, don Eduardo Gentil, aunque odiaba las matemáticas, don Manuel Álvarez Fijo y las clases de Dibujo, don Jacobo Cortines y don Patricio Peñalver que luego fueron mis profesores en la Universidad… muchos, muchos profesores que más allá de enseñar, nos dieron herramientas para salir del barrio, para mirar hacia delante y arriba, ejemplos de cariño, de cuidado personal. Valores.

Allí a los 15 años surgió mi amor por correr, que ha marcado mi vida desde entonces y me ha hecho acercarme al deporte como profesión, con don Agustín Álvarez, siempre atento y dispuesto; o nuestro cura [don Andrés Quijano] que siempre llevaba su camiseta del Athletic de Bilbao y se remangaba la sotana para jugar con nosotros.

Sin dudar, aprendimos valores, a respetar a los demás a entender el trabajo como un bien que había que hacer bien porque aquello nos hacía dignos y sería la oportunidad de nuestra vida.  Hoy con casi 61 años, casi no hay día que no recuerde mi infancia, el club Viar donde tanto tiempo pasé y que dejé cuando entré en la Universidad, valores como el sacrificio, la constancia, la entrega han sido y siguen siendo motores en mi vida y es parte de lo que he tratado de inculcar a mis dos hijos y a todos y cada uno de los estudiantes que han pasado por mis manos.

Amigos, muchos amigos. Mi esposa cada vez que me paro en la calle con alguien y la charla se alarga siempre dice ¿de Altair, no? Y siempre acierta.

En estos tiempos difíciles, de pérdidas de valores en la sociedad, donde todo es inmediato y efímero, es importante seguir trabajando con los más jóvenes para que tengan futuro, a pesar de la desafección de algunos padres por los profesores, pero hay que seguir trabajando, la escuela es un lugar para tener una visión ampliada de la vida, muchas gracias por todo lo que recibí.

Bueno una cosa mala tengo que decir…. Las matemáticas con don Miguel Ferré, ¡jo, qué difícil!