Un compromiso social

Todo comenzó en Su Eminencia, ¿o fue en Triana? En estas páginas lo desvelaremos. En cualquier caso todo empezó en el extrarradio de Sevilla, donde el compromiso social de Altair encontró el modo de atender a las periferias sociales y existenciales necesitadas de una formación humana y cristiana que en aquel lejano –y cercano– 1967 Altair se comprometió a dar [1].

Altair está emplazado al pie de la antigua carretera de Su Eminencia, en la periferia este de Sevilla, en el centro geográfico del distrito Cerro-Amate de Sevilla: en el corazón de los barrios testigos de su nacimiento y rodeado de otros nuevos que han ido creciendo a su alrededor: una zona popular, de amplia tradición obrera, con más de 90.000 habitantes. Hoy Altair es un centro educativo con más de 1.200 alumnos de edades comprendidas entre los 3 y 20 años, distribuidos entre la enseñanza infantil, primaria, secundaria obligatoria, bachillerato, formación profesional de ciclo medio y superior y cursos de promoción profesional. Altair es una obra corporativa de la Prelatura del Opus Dei [2].

A lo largo de estos cincuenta años, el compromiso social de Altair fue reiteradamente reconocido por los sevillanos. Este hecho vino recogido en numerosos artículos periodísticos. Los titulares de los periódicos, tanto sevillanos como nacionales, son inequívocos; y, por ende, los contenidos reflejan claramente esta forma de entender la educación al servicio de las familias de las barriadas obreras de su entorno (Infografía de Luis Augusto Pascual).

Pero Altair había nacido a comienzos de los años sesenta del pasado siglo en el populoso barrio sevillano de Triana. En este pequeño embrión situado en la planta baja de un inmueble en la calle López de Gomara nº 21, entre Triana y El Tardón, empezaron a ofrecerse clases de bachillerato elemental para hijos de obreros, jornaleros y eventuales, administrativos y empleados. Las clases se impartían en dos secciones, una diurna y otra nocturna. Con esta iniciativa se pretendía facilitar el acceso de los muchachos de todas las condiciones sociales a las profesiones de grado medio o preparar el ingreso y primer año de bachillerato. Recibieron cursos intensivos alumnos de las barriadas de Triana, El Tardón y  El Barrio León. Entonces, Altair fue el primer centro sevillano que puso en práctica el bachillerato radiofónico con aulas y elementos audiovisuales exclusivamente dedicados a este fin [3].

Altair, como sus alumnos, nació con deseos de progresar y aspiraba a servir con eficacia a las amplias capas necesitadas de la sociedad sevillana. Rápidamente el entorno se le quedó pequeño. Las potencialidades de Altair chocaron con un insalvable problema: la escasez de terrenos disponibles entre Triana y el muro de defensa, límite natural del barrio. Y como expresaba Manuel Ferrer, un histórico de aquel primer germen de Altair, y en los años ochenta jefe de mantenimiento del centro: «Por esos años 1964-1965 se veía que la zona de Triana estaba evolucionando hacia un nivel medio y dejaba de reunir las condiciones para la labor educativa que se pretendía –de un nivel más desfavorecido– y además no se disponía de terrenos adecuados para una labor amplia. Por ello se comenzó a buscar en otras zonas, donde tal vez se podría trabajar con más eficacia» [4].

Además, Altair, que desde un primer momento pensó en atender las necesidades educativas de las gentes modestas de Sevilla, necesitaba convertirse en un centro educativo homologado gratuito. Su aspiración era convertirse en una Sección Filial, al modo de las que se iban constituyendo por aquellos años al amparo del decreto de abril de 1962, con el objeto de atender las extensas capas de población sin recursos económicos. La primera Sección Filial de Sevilla fue el colegio de los Salesianos establecido en Triana desde los años veinte, en la calle Condes de Bustillo. El mismo año 1966 había visto nacer también el Instituto Bécquer, llamado inicialmente El Tardón, como sección delegada masculina, por decreto del Ministerio de Educación y Ciencia de 29 de diciembre de 1966, en la avenida López de Gomara, adscrita al Instituto San Isidoro. Ambas a pocos metros de la ubicación del primer embrión de Altair [5].

Era razonable, por lo tanto, que Altair decidiera buscar su nueva sede en una de las muchas zonas de Sevilla con necesidades de escolarización. Esa decisión ya era manifiesta desde los primeros tiempos de Triana; así lo explicaba Alberto de la Lastra, secretario del Patronato de Altair, en 1971: «Hace cinco o seis años, buscamos unos terrenos, por todos lados: nos repartimos Sevilla, y se fueron viendo palmo a palmo los sitios que, no solamente fueran más económicos, sino en los que hubiera mayor necesidad. Y se encontraron los terrenos de la carretera de Su Eminencia, rodeados por unas barriadas impresionantes, de cultura bajísima» [6].

Efectivamente, Altair fue erigido en su nuevo emplazamiento en julio de 1967, como Sección Filial nº 2 del Instituto de Enseñanza Media San Isidoro. La orden ministerial delimita con precisión su alcance: «Se establecerá en la zona con los barrios circundantes de La Plata, La Candelaria, barriada de Juan XXIII, Santa Teresa, Amate y Cerro del Águila, cuya entidad colaboradora es la Sociedad anónima para el fomento de enseñanzas del sur (SAFES)» [7]. En el nuevo centro se estudiaría el bachillerato, según el nuevo plan oficial de estudios, a partir del inmediato mes de octubre. Es interesante advertir que en el mismo Boletín Oficial del Estado se definen los escenarios sobre los que actuaría el nuevo centro educativo: las grandes barriadas obreras de reciente construcción o crecimiento entre la carretera de Su Eminencia y el arroyo Tamarguillo. Unas barriadas –explicaba José María Prieto, catedrático de Filosofía del Instituto Velázquez de Sevilla, primer director de Altair– en las que, «del Tamarguillo para aquí, la gente está mal, muy mal, pues les falta lo más importante, que es la formación» [8].

Este principio cardinal de compromiso social estaba ciertamente explicitado en el Proyecto Educativo de 1967 al definir Altair como «una obra de carácter social  dedicada a la promoción cultural, profesional y humana de la juventud» [9]. Estas aspiraciones de Altair fueron refrendadas por el decreto de creación de la Sección Filial [10]. Así, antes por compromiso que por decreto, Altair se encontró de lleno con sus barrios. Y desde entonces, en el corazón del distrito Cerro-Amate, irradia sobre barrios y familias su influencia educativa y social.

Altair aparece ya con un innato compromiso social: atender las perentorias necesidades educativas de una amplísima zona en la que no había ningún instituto de segundo grado de carácter público y gratuito. Surge Altair en la periferia más extrema de ese territorio asignado, al pie de la carretera de Su Eminencia, junto a la hacienda de este nombre. Como decía uno de los primeros folletos de promoción: «Este tipo de centros nace con la finalidad de acercar el bachillerato a las masas juveniles de las zonas de ensanche de las grandes poblaciones, suburbios y barriadas populares. Su propósito es proporcionar a los hijos de los trabajadores una capacitación más adecuada, humana y profesionalmente» [11].

Animados por este propósito se formó el Patronato de Altair, compuesto por un grupo de industriales, comerciantes y profesionales, que trataron de ayudar al centro docente en todas las gestiones –especialmente la financiera– despertando la conciencia de personas, empresas y entidades, con el objeto de llevar adelante este proyecto entre todos. El Patronato buscó fondos para cubrir la diferencia entre los gastos del primer establecimiento y las ayudas oficiales [12]. Así, José María Prieto recordaba: «Gracias a Dios se consiguió también la declaración de interés social. Esa era una fórmula muy adecuada que había, porque con la declaración de interés social, el proyecto tenía acceso a unos créditos muy buenos» [13], lo cual facilitaría, por ejemplo, la construcción de los edificios.

Gracias a estas colaboraciones, la matrícula supuso «la mitad del importe de la misma en otros centros, y con la facilidad de pagarla fraccionada. Mensualmente cada alumno pagaba 85 pesetas en los estudios diurnos y 42,50 en el bachillerato nocturno, que cursaron jóvenes de 14 a 20 años. Existía también –comenta la prensa de aquellos años– un régimen de becas, bolsas de estudio y matrículas gratuitas. Todo el material docente era facilitado a los alumnos con un importante descuento y para que lo paguen como puedan» [14]. El Patronato facilitaba así el acceso a la enseñanza que de otra manera habría sido prácticamente imposible para muchas familias de la zona.

El compromiso social que promovía Altair se compendia en una frase lapidaria que Joaquín Gómez, entonces conocido líder sindical de CCOO, obrero de RENFE, padre de alumnos y presidente de la asociación de padres, y cooperador del Opus Dei, dijo en 1981, en los días de la inauguración del edificio central, cuando un representante de la Administración (presuponiendo quizá que los alumnos del barrio –hijos de obreros– debían continuar bajo aulas de tejados de uralita o pisando el barro de la tierra del antiguo olivar) se vio sorprendido por la calidad de las instalaciones que estábamos brindando a los alumnos. Su estupor fue atajado por Joaquín con estas palabras: «Ya era hora de que los hijos de los obreros pisaran mármol», dignas de estar grabadas en el frontal de la entrada del edificio. Si nos extendemos en esta cita es porque la figura y la trayectoria de Joaquín reflejan el compromiso social de Altair: el empeño de llevar a Dios a todas las personas que se acercan a su labor. Joaquín fue la expresión nítida de la irradiación de la vida cristiana en las periferias sociales y existenciales, lo que varias décadas después el papa Francisco denominaría una Iglesia en salida [15]. Reproducimos la semblanza que Antonio Borrero hizo de Joaquín en la revista de Altair: «Corría el año 1975. Altair ya se caracterizaba por la preferente atención que prestaba a las familias de los alumnos: tutorías, cursos de orientación familiar, charlas y conferencias para padres, retiros, convivencias, reuniones de entregas de notas. Al término de una de estas reuniones, Joaquín pidió la palabra para hacer notar su desacuerdo con nuestra forma de proceder. Estuvimos hablando sin llegar a ninguna solución, y dado lo avanzado de la hora, quedamos para vernos al día siguiente. En la entrevista ya pude valorar –afirmaba Borrero– la calidad humana de Joaquín. Fue un diálogo profundo, entrañable, sincero; me habló de sus actividades sindicales en la clandestinidad, de su participación en el movimiento obrero, de sus ideales. Quedé impresionado del profundo sentido de justicia que tenía, lo que le llevaba a colocarse a favor del más débil, aunque fueran causas perdidas. Defendía con lenguaje claro, sencillo y persuasivo, la participación real y efectiva de los ciudadanos en la vida social. Después de esta entrevista, al comenzar el curso 1979-1980 vino a verme para comentarme que deseaba presentarse a las elecciones de la directiva del APA. La decisión de Joaquín sorprendió a más de uno debido a la discrepancia que había mostrado repetidas veces hacia la labor de Altair. Fue elegido presidente y pronto supo ganarse el afecto de todos los padres y del personal del centro. Durante este tiempo su anterior escepticismo religioso dejó paso a un profundo respeto a lo sobrenatural. En los últimos meses acudió a medios de formación espiritual y supo acercar a Dios a muchos amigos suyos» [16].

Aquella frase profética de Joaquín resume gráfica y simbólicamente lo que ha sido y es Altair para muchas personas del entorno. Manifestada espontáneamente, expresaba, con sencilla honestidad, la labor de dignificación de las personas del barrio que estaba llevando y seguiría llevando a cabo Altair en los años posteriores. Gracias a Altair los vecinos accedieron a niveles educativos que no hubieran soñado en años. En Altair desarrollaron el material más noble que el ser humano tiene, mucho más noble que el mármol: el sentido humanitario y cristiano de la vida.

A lo largo de estos cincuenta años, el compromiso social de Altair fue reiteradamente reconocido por los sevillanos. Este hecho vino recogido en numerosos artículos de prensa antes mencionados. Los titulares de los periódicos, tanto sevillanos como nacionales, son inequívocos; y, por ende, los contenidos reflejan claramente esta forma de entender la educación al servicio de las familias de las barriadas obreras de su entorno.

Efectivamente, en 1967, a los pocos meses de su nacimiento ya viene refrendada su proyección social [17]; los  vecinos fueron los primeros en descubrir la trascendencia que Altair representaba para sus hijos. Consiguientemente, en 1968, hasta en tres ocasiones y diarios distintos, se identifica Altair como un centro de promoción obrera, que pretende atender las necesidades educativas de familias modestas de obreros e hijos de obreros [18]. Por eso, en 1970, se define Altair como una esperanza en un suburbio de la periferia de Sevilla donde proliferan nuevas barriadas con grandes necesidades educativas [19]. Esta vocación de servicio se reconoce, en 1975, al afirmar que Altair está al servicio de todos, precisamente cuando la cobertura educativa de los centros públicos, aún está lejos de alcanzar nuestros barrios [20]. En 1977, a los diez años de vida, vemos a Altair, no sólo integrado en el distrito VII, un distrito extremo de la ciudad, sino como una referencia de calidad de atención a las familias [21]. En 1982, cumpliría quince años y era ya evidente que la apuesta de Altair por uno de los barrios sevillanos más populosos había alcanzado su madurez [22]. Así, en 1983, tras los intensos cambios  socioeconómicos del país y de la ciudad, Altair mantiene su prestigio como obra social [23]. Cinco años después, en 1988, al tiempo que Altair cumplía veinte años, era reconocida su tarea de promoción social y de educación en libertad [24]. En 2009, los más de cuarenta años de servicio a las familias dejaban patente la fidelidad de Altair con sus barrios y de las familias del barrio con Altair [25]. Y, en 2013, la prensa se hacía eco de las consecuencias negativas para la ciudad de las trabas administrativas por la retirada del Concierto, afirmando que era un golpe a un pulmón obrero de Sevilla [26]. No en vano, mientras se escribía este trabajo han sido frecuentes las noticias de prensa en las que se denunciaban las condiciones sociales y económicas de los barrios del entorno de Altair: el distrito Cerro-Amate. En ellos se dan los más altos índices de paro y pobreza de Sevilla y de España [27].

 

[1] Cfr. Francisco, Exhortación Apostólica Evangelii Gaudium, n. 20,  24 de noviembre de 2013.

[2] Las obras corporativas del Opus Dei son iniciativas civiles –no eclesiásticas– llevadas a cabo por fieles de la Prelatura conjuntamente con otras personas, creyentes o no, con las que trata de satisfacer diversas necesidades, como educativas o asistenciales de la sociedad. El Opus De responde de la identidad cristiana de esas iniciativas, porque les presta una diligente asistencia pastoral. De los aspectos pedagógicos, técnicos y económicos se hacen cargo los propietarios y gestores. Cfr. Ernst Burkhart, voz “Actividad del Opus Dei”, en José Luis Illanes, Diccionario de San Josemaría Escrivá de Balaguer, Monte Carmelo, 2013, pp. 63-71.

[3] Cfr. “Clases de bachillerato en Altair”, en ABC de Sevilla, 24 de octubre de 1963, p. 44.

[4] Recuerdo de Manuel Ferrer Pérez, 12 de septiembre de 2012.

[5] Cfr. “Decreto 2.845/1966, por el que se crea la Sección Filial nº 1 del Instituto San Isidoro de Sevilla”, en B.O.E. de 4 de noviembre de 1966. Cfr. I.E.S. G. A. Bécquer, disponible en http://iesbecquer.com/index.php/el-centro/resena-historica, consultado  el 19 de febrero de 2015.

[6] “Alberto de la Lastra”, en Dos días en Altair, pp. 139-140.

[7] “Decreto 1535/1967, por el que se crea la Sección Filial nº 2, masculina, del Instituto Nacional de Enseñanza Media San Isidoro” en B.O.E. 15 de julio de 1967, núm. 168.

[8] Cfr. “José María Prieto”, en Dos días en Altair, p. 38.

[9] “Proyecto Educativo de 1967”, en Boletín de Altair, especial memoria del curso 1995-1996, septiembre 1996, p. 4.

[10] Cfr. “Decreto 1535/1967, por el que se crea la Sección Filial nº 2, masculina, del Instituto Nacional de Enseñanza Media San Isidoro” en B.O.E. 15 de julio de 1967, núm. 168. El decreto de constitución de Altair cita expresamente los barrios circundantes de La Plata, La Candelaria, Juan XXIII, Santa Teresa, Amate y El Cerro del Águila.

[11] Cfr. Centro Tecnológico Altair,  Madrid, Proyecto EIKON, 1971.

[12] Cfr. “Alberto de la Lastra”, en Dos días en Altair, pp. 139-140.

[13] Recuerdo de José María Prieto Soler, 11 de abril de 2016.

[14] José Navarro, “Altair, solución docente para barriadas obreras”, en El Correo de Andalucía, 17 de enero de 1968.

[15] Cfr. Francisco, Exhortación Apostólica Evangelii Gaudium, 20,  24 de noviembre de 2013.

[16] Cfr. “Joaquín”, en Boletín de Altair, nº 21, junio de 1985, p. 11.

[17] Cfr. Jorge Manosalvas, “Altair, Presente y futuro de una realidad social”, en Diario Madrid, 17 de diciembre de 1967.

[18] Cfr. “El Altair, el nuevo centro de enseñanza para hijos de obreros”, en ABC de Sevilla, 8 de marzo de 1968, p. 26. / Jesús Carnicero, “Altair, un ambicioso proyecto de promoción obrera”, en Diario Madrid, 29 de febrero de 1968, p. 6. / José Navarro, “El Instituto Altair, futura solución docente para varias barriadas obreras”, en El Correo de Andalucía, 17 de enero de 1968.

[19] Cfr. Juan Luis Manfredi, “El Instituto Tecnológico Altair, en su tercer año de labor, una esperanza en el suburbio”, en ABC de Sevilla, 7 de mayo de 1970, p. 19.

[20] Cfr. Ignacio Roch, “Al servicio de todos, Altair una labor en marcha”, en ABC de Sevilla, 19 de abril de 1975, p. 21.

[21] Cfr. Gloria Gamito, “El Centro de Estudios y Formación Profesional Altair cumple diez años de existencia, en el distrito VII”, en ABC de Sevilla, 20 de mayo de 1977, p. 27.

[22] Cfr. “Altair en uno de nuestros barrios más populosos”, en Diario Suroeste, mayo de 1982.

[23] Cfr. “El centro Altair, una obra social”, en ABC de Sevilla, 17 de junio de 1983, p. 47.

[24] Cfr. José María Aguilar, “Altair, veinte años de promoción social del distrito VII y de educación en libertad”, en ABC de Sevilla, 5 de enero de 1988, p. 30.

[25] Cfr. “Altair, más de cuarenta años de servicio a las familias”, en Dossier informativo centro educativo Altair, 2009.

[26] Cfr. “Retirada del concierto a Altair. Golpe de Educación a un pulmón obrero de Sevilla”, en ABC de Sevilla, 27 de enero de 2013, pp. 8-32-33.

[27] Cfr. “Los Pajaritos y Amate, a la cabeza de los barrios más pobres del país”, disponible en http://elcorreoweb.es/sevilla/los-pajaritos-y-amate-a-la-cabeza-de-los-barrios-mas-pobres-del-pais-CE1446598, consultado el 12 de marzo de 2016.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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