San Josemaría y Altair

San Josemaría Escrivá, fundador del Opus Dei, tuvo una constante preocupación por la educación. Ya en 1939 escribió: «En vuestra labor, tened muy en cuenta a los padres. El colegio –o el centro docente de que se trate– son los chicos y los profesores y las familias de los chicos, en unidad de intenciones, de esfuerzo y de sacrificio […]. Buscamos hacer el bien primero a las familias de los chicos, luego a los chicos que allí se educan y a los que trabajan con nosotros en su educación, y también nos formamos nosotros al formar a los demás. Los padres son los primeros y principales educadores, han de llegar a ver el centro como una prolongación de la familia. Por eso es preciso tratarles, hacerles llegar el calor y la luz de nuestra tarea cristiana. Tened en cuenta además que, de otra forma, podrían fácilmente destruir –por descuido, por falta de formación o por cualquier otro motivo– toda la labor que los profesores hagan con los estudiantes» [1]. En este tema, san Josemaría seguía la doctrina de la Iglesia [2]. San Josemaría solía, en efecto, afirmar: «En el colegio hay tres cosas importantes: lo primero, los padres; lo segundo, los profesores; lo tercero, los alumnos» [3]. Estas palabras impregnan desde sus inicios el estilo educativo de Altair.

San Josemaría en el Colegio Mayor Almonte con algunos de los primeros colaboradores de Altair, en 1967 (http://www.sanjosemariaensevilla.com/).

En las enseñanzas de san Josemaría la educación se contempla desde una perspectiva teologal, que considera a la persona en la plenitud de su ser y de su finalidad, en conformidad con el sentido cristiano de la vida. Así, la educación ha de promover el desarrollo integral del ser humano en el orden natural, de modo que se haga capaz del más completo y responsable ejercicio de la libertad, pueda realizar con competencia un trabajo profesional que sea servicio a los demás, y conviva con todos en espíritu de respeto, de cooperación y de concordia; mas ha de incluir asimismo la dimensión sobrenatural: dar a conocer a Dios, enseñar a amarle como hijos suyos, descubrir la trascendencia divina de cualquier acción humana [4].

Edición de Camino para bibliófilos, cuyos beneficios, por decisión expresa de su autor, san Josemaría Escrivá, fueron dedicados a la nueva obra corporativa (ejemplar expuesto en la vitrina de la sala de profesores de Altair).

La educación en palabras de san Josemaría se dirige a formar «cristianos verdaderos, hombres y mujeres íntegros capaces de afrontar con espíritu abierto las situaciones que la vida les depare, de servir a sus conciudadanos y de contribuir a la solución de los grandes problemas de la humanidad, de llevar el testimonio de Cristo donde se encuentren más tarde, en la sociedad» [5].

Fue san Josemaría Escrivá quien impulsó la creación de Altair a principios de los años sesenta. Pidió a miembros y cooperadores del Opus Dei de Andalucía que buscaran la forma de que en alguna zona más necesitada de Sevilla hubiera un centro de enseñanza que ayudara a las familias en la educación de sus hijos. Y cuando en 1965 se imprimió la edición para bibliófilos de su obra Camino, por deseo expreso dispuso que los beneficios de esta edición especial se destinaran «al Centro Cultural Obrero Altair de Sevilla» [6]. San Josemaría ofreció en persona el primer ejemplar de la edición al papa Pablo VI en audiencia el 25 de enero de 1966 [7].

Escudo que impuso Manuel Ferrer a san Josemaría. (Actualmente se encuentra expuesto, junto con otros recuerdos de san Josemaría, en una vitrina de la sala de estar de la actual sede de la Comisión Regional del Opus Dei de España, en Madrid).

El mismo san Josemaría había manifestado esa predilección por Altair en alguna ocasión. Así sucedió en la reunión de Amigos de la Universidad de Navarra que tuvo lugar en Pamplona en 1964. Los presentes tuvieron la oportunidad de escucharle decir cómo su interés por Altair había hecho que cediera los beneficios de la edición especial de Camino para ayudar a comenzar la tarea de aquella labor social, como lo rememora Manuel Ferrer: «Recuerdo con ilusión la primera vez que participé en la reunión de Amigos de la Universidad de Navarra que tuvo lugar en Pamplona y que nos dio la oportunidad a algunos de estar con nuestro Padre [san Josemaría] por primera vez […]. En una de las tertulias que tuvimos con nuestro Padre llevábamos unos escudos de Altair que había hecho un chico del club de Triana en serigrafía. Y en un determinado momento, nuestro Padre hizo referencia a la edición especial de Camino, numerada, para bibliófilos, que se estaba preparando y cuyos beneficios serían para ayudar a comenzar una labor apostólica que se pensaba hacer en Sevilla y que se llamaría Altair. Ahí entré yo, que vi la posibilidad de estar más cerca de nuestro Padre y sacando uno de esos escudos con el nombre de Altair que llevaba suelto, le dije si quería que se lo diera y en enseguida me tomó la palabra y me invitó a subir al estrado y ponérselo sobre la sotana, en el pecho. Dicho y hecho. Salté al escenario y se lo puse a  nuestro Padre, sujetándolo con un alfiler. Algo temblón estaría yo por la emoción y nuestro Padre en broma me dijo: No me vayas a pinchar, hijo mío; y me dio un fuerte abrazo que no olvidaré» [8].

Altair nació, por iniciativa de algunos miembros del Opus Dei, en la periferia más extrema del este de Sevilla. Alberto de la Lastra, secretario del Patronato de Altair en 1970 (Archivo histórico de Altair).

Así, Altair nació, por iniciativa de algunos miembros del Opus Dei, en la periferia más extrema del este de Sevilla. En palabras de Alberto de la Lastra, estas personas se implicaron de lleno en esa labor nueva para las familias que iban a acudir a Altair, «donde van a formarse íntegramente, que es de lo que se trata en un centro que es obra corporativa del Opus Dei. Para que se formen, para que sean hombres íntegramente formados, por eso queremos luchar: para que no falten los medios para que se forme allí la mayor cantidad de personas posible» [9].

[1] Cfr. Pío XI, Litt. enc. Divini illius Magistri, ASS 22, 1930, n. 8.

[2] San Josemaría Escrivá, Carta de 2 de octubre de 1939, n. 22, AGP serie A-3, leg. 91.

[3] Víctor García Hoz, “La educación en Mons. Escrivá de Balaguer”, en Nuestro Tiempo, nº 264, Pamplona 1976, p. 17.

[4] Cfr. Francisco Ponz, “La educación y el quehacer educativo en las enseñanzas de Josemaría Escrivá de Balaguer”, en En memoria de Mons. Escrivá de Balaguer, Eunsa, Pamplona 1977, pp. 61-67.

[5] San Josemaría Escrivá, Es Cristo que pasa, n. 28.

[6] San Josemaría Escrivá, Camino, edición para bibliófilos, RIALP SA, Madrid 1965, última página. El texto dice lo siguiente: Esta edición especial de “Camino”, cuyos beneficios se destinan, por deseo expreso del Autor, al Centro Cultural Obrero “Altair” de Sevilla, consta de veinticinco ejemplares numerados del I al XXV y de mil ejemplares numerados del 1 al 1.000. […]Fue impresa en los talleres Vicente Rico, S. A., de Madrid, y se terminó el día 2 de octubre de 1965 festividad de los Santos Ángeles Custodios. LAUS DEO VIRGINIQUE MATRI.

[7] Cfr. Andrés Vázquez de Prada, El Fundador del Opus Dei, vol. III (“Los caminos divinos de la tierra”), RIALP, Madrid 2003, p. 621.

[8] Recuerdo de Manuel Ferrer Pérez, 12 de septiembre de 2012. Este hecho vino reflejado en la prensa de esos días: Cfr. ABC de Sevilla, 02 de diciembre de 1964, pág. 43. El escudo se encuentra expuesto, junto con otros recuerdos de san Josemaría, en una vitrina de la sala de estar de la actual sede de la Comisión Regional del Opus Dei de España, en Madrid.

[9] “Alberto de la Lastra”, en Dos días en Altair, p. 143.

 

 

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