Los jardines

Aunque sólo fuera en este rincón del relato, es necesario mencionar los jardines de Altair. La vista de Altair tras superar los altos bloques del Trébol nos sorprende con unos jardines amplios y frondosos. Los jardines son lo primero que llama la atención al nuevo visitante del conjunto arquitectónico y de espacios de recreo. Esta imagen nos permitirá hablar más adelante de Altair como un oasis o un ecosistema.

La vista de Altair nos sorprende con unos jardines amplios y frondosos. La Virgen del Jardín puede considerarse la culminación del proceso de ajardinamiento.

El 1 de diciembre de 1992, durante las celebraciones del veinticinco aniversario de Altair, don Carlos Amigo, Arzobispo de Sevilla, bendijo la imagen de la Virgen del Jardín, título elegido por los alumnos, especialmente los más pequeños [1]. Este acontecimiento puede considerarse la culminación del proceso de ajardinamiento.

Pero volvemos a los inicios. A lo largo de los últimos meses del curso 1970-1971 se registró una especial actividad para mejorar las inmediaciones del edificio nuevo. Se plantaron árboles: ciruelos japoneses, pinos y cipreses, y se colocó un seto en la parte posterior del edificio que protegía la zona de las fuentes hoy desaparecidas.

Primeros árboles entorno al edificio nuevo.

También se realizaron los trabajos previos para plantar el césped y se ha distribuyó un buen número de grandes macetas en el interior del edificio. Así lo relataba el boletín informativo de aquel año: «Bajo el lema Mantenga limpio Altair, coincidiendo con el acondicionamiento y colocación del arbolado y jardinería en las inmediaciones del edificio, se ha iniciado una campaña para que los alumnos cuiden de la conservación de los alrededores de Altair.

Los alumnos se responsabilizaban del cuidado de los árboles recién plantados.

Con tal motivo los departamentos de Creatividad y Humanidades han convocado un concurso de carteles sobre el tema. Los mejores dibujos se distribuirán las zonas más estratégicas para servir de eslogan de la campaña. Naturalmente los mejores recibirán sus correspondientes premios» [2]. A tal efecto, cada grupo de alumnos tenían asignado un árbol del que se hacían responsables de su mantenimiento y riego [3].

Con los años y el tesón de jardineros y aficionados a los árboles y plantas, los jardines de Altair se han ido poblando de variadas especies arbóreas.

Con los años y el tesón de jardineros y aficionados a los árboles y plantas, los jardines de Altair se han ido poblando de variadas especies arbóreas autóctonas, como pinos mediterráneos, álamos blancos y negros, jacarandas, cipreses y tuyas, palmeras, una encina y un pinsapo. También hay algunos ejemplares exóticos, como los árboles del amor, acacias, plataneras, ficus, palo borracho, pata de vaca, paulonia, etc. Al mismo tiempo, la vegetación del jardín ha sido colonizada por todo tipo de aves: se ven desde los pequeños gorriones o las omnipresentes palomas a los cantarines jilgueros y mirlos. Más recientemente el jardín se ha visto poblado de especies foráneas como las tórtolas turcas o las cotorras argentinas. También es frecuente ver grandes bandadas de gaviotas de la basura que, obedientes cual experimento de Paulov, bajan en picado a los campos de deporte cuando oyen la sirena de fin del recreo para comer los restos de los bocadillos que dejan los alumnos.

 

[1] Cfr. “25 aniversario”, en Boletín de Altair, nº 29, septiembre de 1993, p. 5.

[2] “Jardinería y arbolado”, en Boletín de información de Altair, nº 4, febrero de 1971, p. 7.

[3] Cfr. Recuerdo de José Miguel González Navarro.

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