El edificio nuevo

El edificio nuevo es un edificio moderno de tendencia funcionalista, basado en la adecuada adaptación de las formas constructivas a la función que desarrolla: la educativa. La funcionalidad del novedoso diseño será pronto reconocida, pues, el nuevo edificio recibirá la Medalla de Plata del Excmo. Ateneo de Sevilla en la Exposición de Primavera de 1969.

La forma sigue a la función es un principio funcionalista incorporado a la arquitectura y diseño moderno del siglo XX [1]. Según este principio la forma de un edificio debiera estar basada primordialmente en su función o finalidad. Que la forma sigue a la función, parece expresar algo de sentido común. Es decir, para atender a las necesidades generales del centro educativo, el arquitecto debe configurar la forma a partir de la función específica del edificio. Como veremos más adelante, el edificio nuevo sería un exponente particular en Sevilla de la arquitectura funcionalista[2]. Este hecho estuvo confirmado en la exposición en torno a la construcción del premiado edificio celebrada en la Escuela Superior de Arquitectura durante el mes de marzo de 1970 [3]Anticipo de esa confluencia de forma y función, fue la celebración de un evento singular en diciembre de 1970: la Exposición Internacional de Arte Infantil, patrocinada por el Goethe Institut de Munich, con el propio edificio nuevo Altair como sede [4]. Con ella se puso de manifiesto que el nuevo edificio sería un continente magnífico para el nuevo contenido educativo que Altair iba a desarrollar. Estos dos acontecimientos estuvieron pródigamente recogidos en la prensa. Su gran trascendencia revelaba el importante trabajo de promoción desarrollado por los directivos de Altair y, en definitiva, el prestigio que Altair hubo alcanzado en tan sólo tres años.

A pesar de la provisionalidad de los primeros pabellones prefabricados, el proyecto constructivo de Altair era muy ambicioso. Por ello, el primer edificio definitivo quiso ser una verdadera aportación, no sólo a la arquitectura, como pronto se demostró con la concesión del premio del Ateneo de Sevilla, sino especialmente a la educación: a la promoción educativa de los alumnos y familias de los barrios de Altair. Efectivamente, el edificio nuevo fue todo un referente de la arquitectura funcionalista; incluso actualmente «se trata de un exponente casi único de estas tendencias en nuestro entorno inmediato» [5].

A pesar de la provisionalidad de los primeros pabellones prefabricados, el proyecto constructivo de Altair era muy ambicioso. Por ello, el primer edificio definitivo quiso ser una verdadera aportación, no sólo a la arquitectura, como pronto se demostró con la concesión del premio del Ateneo de Sevilla, sino especialmente a la educación: a la promoción educativa de los alumnos y familias de los barrios de Altair.

El edificio nuevo se comenzó a construir en 1968 y se termino al año siguiente, inaugurándose en octubre, a comienzos del curso 1969-1970. Obra del arquitecto Jaime López de Asiaín, es un edificio moderno de tendencia funcionalista, basado en la adecuada adaptación de las formas constructivas a la función que desarrolla: la educativa[6].

La estructura de la planta en tres brazos impide la interferencia entre aulas; y los corredores al aire de conexión entre estas, facilitan la independencia de los movimientos. El interior viene definido por la solidez y la resistencia de la obra, en la que las formas curvas suavizan la dureza de los materiales. El hormigón visto con huellas del encofrado de madera, los desagües sin camuflar y pintados de rojo, el colorido –hoy perdido– de los paramentos externos de las aulas, a la vista desde fuera en las galerías abiertas, etc.: todos estos elementos específicos definían esta arquitectura y contrarrestaban la frialdad del hormigón. Las tres plantas y sus dos alas se pintaron de rojo bermellón, azul cobalto y amarillo ocre. De estos mismos colores se pintaron las mesas y sillas de las aulas. Especial esmero se puso en la novedad y funcionalidad de otros elementos del equipamiento, como las pizarras plegables de formica adecuadas para proyectar, las mesas de dibujo apilables, las estanterías de los departamentos, las sillas tapizadas y con pala abatible del aula de empresarios, los percheros multifuncionales, las papeleras volcables. Todo ello se diseñó y fabricó enteramente en los talleres de soldadura de Altair, por Antonio Nuevo y Juan Luis Barrera. La funcionalidad del novedoso diseño será pronto reconocida, pues, el nuevo edificio recibirá la Medalla de Plata del Excmo. Ateneo de Sevilla en la Exposición de Primavera de 1969 [7].

Originales fachadas de hormigón visto con huellas del encofrado de madera, los desagües sin camuflar y pintados de rojo.

El edificio nuevo «comprende tres volúmenes enlazados por un núcleo de escaleras y galerías de distribución, dispuestos según orientaciones distintas. Dos de los cuerpos corresponden a aulas, y un tercero a oficinas y otras dependencias. Su ejecución en hormigón bruto, su vibrante fachada con profundos huecos tamizados por lamas del mismo hormigón, y una buscada desnudez y austeridad en sus ámbitos interiores caracterizan determinantemente la imagen y vivencia de esta singular obra en el contexto de la arquitectura de los años sesenta. Cabe reconocer la indagación característica de la arquitectura local de los años sesenta en torno a los principios modernos, y la incorporación de recursos plásticos propios de las obras corbusieranas» [8]. La pormenorizada descripción recogida en los documentos de instituciones oficiales da fe de la importancia del proyecto: «Al exterior vuelve el hormigón a ser el protagonista con inserciones de aplacados cerámicos de color terrizo en pretiles, guardapolvos de huecos y coronación del pretil de azotea.

Le Corbusier, Facultad de Arquitectura de Chandigarh (India), 1961, precedente de las celosías del edificio nuevo.

El trazado de los huecos es singular, apareciendo ventanas proyectadas en marcos de hormigón destacando del plano de fachada, o como celosías de hormigón, que buscan el control del soleamiento del edificio, pues se trata de delgadas losas que fragmentan horizontalmente los huecos dando a la fachada una profundidad y un juego de luces y sombras de extraordinario interés. La sobriedad que el hormigón presta al edificio se enriquece en los numerosos y estudiados detalles: aristas curvas o vivas según quiera continuarse o destacarse la fachada entendida como gruesa piel, el cuidado y variado juego de lamas de hormigón, el juego planteado por las tubos de color rojo de las instalaciones en una de sus fachadas, las bajantes cajeadas de hormigón que construyen fuentes descendiendo sobre piletas en el exterior, etc.» [9].

El edificio se destinó a alojar a los cuatro primeros cursos de bachillerato. Originariamente constó de doce aulas para cuarenta alumnos cada una; por cada dos aulas había un pequeño despacho para los profesores encargados del correspondiente curso. La tercera ala del edificio estaba ocupada por las oficinas de secretaría, sala de profesores, despachos para seminarios de trabajo y dirección; una biblioteca y varios clubes para los alumnos complementaban las dotaciones del edificio. Los clubes eran una particular expresión del carácter innovador de la pedagogía que impulsaba Altair. Estas actividades complementarias y extraescolares (periodismo, teatro, modelado artístico, electrónica, etc.) en las que participaban libremente los alumnos, eran toda una novedad educativa en esos años y en el ambiente social de las familias de Altair [10].

Arquitectónicamente, el nuevo edificio se concibió combinando dos premisas importantes: la adaptación del edificio y de sus diversas funciones al clima sevillano; y la resistencia, solidez y durabilidad de los elementos constructivos aptos para el uso a que se destinaba [11].

José María Prieto, explicaba en el libro Dos días en Altair: «El nuevo edificio empezamos a utilizarlo en octubre del sesenta y nueve. Es un edificio sobrio, muy ventilado, funcional, en el que se ha prescindido de lo superfluo. Se ha estudiado muy bien la luz, está bien orientado. El sistema de parasoles es de gran eficacia. Esos balconcillos tienen unos salientes para que la lluvia no entre. Los edificios empiezan a funcionar a las nueve de la mañana y se ocupan hasta las once de la noche sin interrupción. E incluso hasta más tarde, porque hay algunos alumnos que se quedan a estudiar» [12].

Los paramentos interiores se decoraron con coloristas murales acordes con el estilo racionalista del edificio, lo que ha dado viveza a sus galerías.

A pesar de la defensa que el director y el propio arquitecto hicieron del diseño de los parasoles cuando afirmaba este que «el soleamiento lo hemos resuelto por medio del entramado de celosías que impiden que el sol pase al interior desde junio a septiembre mientras que el resto del año penetra perfectamente proporcionando luz y calor naturales en abundancia. Precisamente por esto y por recomendación de los expertos del Ministerio de Educación no se ha instalado calefacción artificial» [13]. Pero el entusiasmo inicial por el innovador edificio fue dando paso con los años a un escepticismo pragmático de los usuarios, a medida que se sufrían los efectos meteorológicos y térmico-solares y se comprobaba la relativa eficacia de su diseño. Efectivamente, los rigores del clima sevillano no perdonaron. La falta de un sistema de calefacción o de protección solar efectiva hizo que el frío, el calor, los reflejos solares, etc. fueran los protagonistas permanentes. Al estar los corredores a la intemperie, el frío en invierno era espantoso, las corrientes en los pasillos fueron terribles, el polvo de albero que entraba constantemente o el suelo rústico de chinos pulidos dificultaba la limpieza. Los comentarios críticos se generalizaron y los lamentos de alumnos, profesores, limpiadoras, e incluso familias se hicieron frecuentes. Así lo relata José Carlos Jaenes Sánchez, antiguo alumno de la primera promoción: «Empecé en 3º de bachillerato en el edificio nuevo, y recuerdo llegar en invierno con el frío tan tremendo que hacía en la entrada del edificio, allí parecía que nacía el viento» [14]. Ya en 1970, Prieto justificó la sorpresa que provocaba el aspecto de la construcción explicando cómo: «ante este edificio se pueden adoptar dos actitudes: la de los que les gusta, y se entusiasman con él, la de los que no les gusta absolutamente nada» [15]. Efectivamente, el adusto edificio concitó una gran unanimidad: no dejaba indiferente a nadie. Y desde el primer día provocó todo tipo de comentarios, a favor y en contra. La sobriedad de la estética constructiva del hormigón visto, con la frialdad y tristeza aparejadas, produjo desde el principio sorpresa o cierto rechazo en los que interpretaban el edificio como inacabado o aún en obras: así lo expresaban frecuentemente los visitantes o padres nuevos. Un hecho que acentuó esta sensación, fue la temprana desaparición de la coloración original, en tres colores diferentes según cada planta de los paramentos visibles desde el exterior, sustituida por un monótono color verde. En cuanto a la dicotomía con respecto a la alegría o tristeza del edificio, cuando Asiaín dice: «en todo ello se ha procurado utilizar elementos nobles a partir de los principios de habitabilidad, dentro siempre de una estética y arquitectura típicamente andaluzas, como son los contrastes entre luz y sombra, la alegría, el sol, etc.» Una vez más la opinión del arquitecto no coincide con las de los usuarios, quienes encuentran triste el aspecto gris del exterior. Del mismo modo que cuando Asiaín afirma que: «con el hormigón se consigue una estructura monolítica y resistente que no exige revestimiento ni pintura» [16]. La terca realidad vino a contradecir sus predicciones y, para evitar el aspecto sombrío del interior, con diversas iniciativas del departamento de Creatividad impulsado por Rafael Hidalgo, se decoraron sus paramentos interiores con coloristas murales acordes con el estilo racionalista del edificio, lo que ha dado viveza a sus galerías.

En el año 2010 se iniciaron las obras de reforma indispensables para el bienestar de los usuarios, quienes aplaudieron unánimemente los cambios. Respetando los principios previstos por ser un edificio protegido, se reorganizaron los espacios interiores habilitando despachos y aulas de apoyo para las nuevas necesidades educativas y se cubrieron los ventanales de los corredores al aire con carpintería acristalada, con ello no cabe duda el edificio se hizo más confortable y funcional [17].

[1] Cfr. “bauhausarchiv museum für gestaltung, Berlín”, disponible en http://www.bauhaus.de/de/, consultado el 5 de febrero de 2016.

[2] El edificio nuevo (que hoy alberga la secundaria) es como se llamó desde el principio al novedoso edificio que se construyó para sustituir al pabellón provisional. Aunque posteriormente se levantaron otros edificios (BUP, FP, Central, etc.), en el trabajo le seguiremos identificando como el edificio nuevo.

[3] Cfr. Exposición: Instituto Tecnológico Altair, E.T.S. de Arquitectura de Sevilla, marzo de 1970.

[4] Cfr. Manuel Olmedo, “Exposiciones sevillanas, Arte infantil”, en ABC de Sevilla, 26 de diciembre de 1970, p. 28.

[5] GMU “Primer pabellón del centro Altair CP 070”, en Nuevo plan de ordenación urbanística de Sevilla, disponible en http://www.sevilla.org/plandesevilla/adef/doc/AD_CP_070.pdf, consultado el 23 de octubre de 2014.

[6] En 1969, Jaime López de Asiaín fue galardonado con el Premio Nacional de Arquitectura de España por su proyecto del Museo Español de Arte Contemporáneo en Madrid. Este edificio actualmente acoge el Museo del Traje. Cfr. “Premio Nacional de Arquitectura”, en ABC de Madrid, 8 de junio de 1969, p. 36.

[7] Cfr. “Altair Instituto Tecnológico”, en ABC de Sevilla, 31de julio de 1969, p. 9.

[8] GMU “Primer pabellón del centro Altair CP 070”, en Nuevo plan de ordenación urbanística de Sevilla, disponible en http://www.sevilla.org/plandesevilla/adef/doc/AD_CP_070.pdf, consultado el 23 de octubre de 2014.

[9] I.A.P.H., “Primer pabellón del centro Altair”, en Base de datos de Patrimonio Inmueble de Andalucía, disponible en http://www.iaph.es/patrimonio-inmueble-andalucia/resumen.do?id=i21861, consultado el 11 de diciembre de 2014.

[10] Cfr. “El club de Periodismo comienza sus actividades”, en Boletín de Altair, nº 1, abril de 1970, p. 2.

[11] Cfr. Fernando Gelan, “El nuevo Altair, una realidad”, en El Correo de Andalucía, 3 de octubre de 1969.

[12] “José María Prieto”, en Dos días en Altair, pp. 22-23.

[13] “Al habla con don Jaime López de Asiaín, arquitecto de Altair”, en Boletín de Altair, nº 1, abril de 1970, p. 3-4.

[14] Recuerdo de José Carlos Jaenes Sánchez, 25 de enero de 2017.

[15] “José María Prieto”, en Dos días en Altair, p. 22.

[16] Cfr. “Al habla con don Jaime López de Asiaín, arquitecto de Altair”, en Boletín de Altair, nº 1, abril de 1970, p. 3-4.

[17]  Cfr. I.A.P.H., “Primer pabellón del centro Altair”, en Base de datos de Patrimonio Inmueble de Andalucía, disponible en http://www.iaph.es/patrimonio-inmueble-andalucia/resumen.do?id=i21861, consultado el 11 de diciembre de 2014.

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