El universo literario de Númenor

Númenor ha sido un sueño llevado a la práctica. Yo no sería yo si no soñara, decía en 2002 Fidel Villegas en referencia al desarrollo artístico y poético que Númenor había alcanzado. Pero nos equivocaríamos si viéramos en Númenor un éxito, sólo un  éxito, editorial, porque el objetivo inicial y básico de Númenor fue un proyecto educativo en cuyo ámbito los estudiantes se hicieran mejores mediante su trabajo artístico. Este propósito viene reflejado en las propias palabras de Fidel Villegas: “Bien está hablar de proyectos, pero preferible es hablar de lo que quieren ser las personas que van a realizar esos proyectos. Yo no quiero perder nunca esto de vista. El proyecto es ser mejores, […] insisto en lo primero que he dicho, porque sería un fracaso eso de mucho ruido y pocas nueces: pocas nueces habría si los que hacemos el trabajo no nos hacemos mejores con el trabajo. Os lo digo como lo pienso. Y por supuesto, siempre el deseo de que en Altair siga viva, cada vez más viva, la pasión por el arte entre sus estudiantes. Si esto ocurre, las cosas van bien” [1].

Fidel Villegas, profesor de literatura española y creador e impulsor de la revista Númenor entre los alumnos de Altair (Archivo Histórico de Altair).

En ese sentido, es de destacar la faceta propiamente educativa que la revista promociona. Efectivamente, de este modo los estudiantes trabajan ilusionadamente en la literatura como una actividad humana verdaderamente viva y cercana, medio de expresión personal sincero y maduro, y medio de conocimiento directo de la cultura que se hace [2].

El espíritu educativo que nace del proyecto de Númenor fue revolucionario. Fidel profundizaba veinte años después en el objetivo de esta empresa en la que se embarcó en 1987. “Son pocos los que se paran a mostrar a los estudiantes que este tipo de formación es posible: He reflexionado con frecuencia en el misterio de la transmisión del saber, en la fascinante cadena que une a quienes han conseguido entrar en diálogo vivo. Creo haberme dado cuenta en no pocas ocasiones, durante una explicación o una lectura en las clases, de que se estaba despertando en tal o cual estudiante una idea, una sensación nuevas. Como si se encendiera para ellos una luz diferente. Lo verdadero y lo bello —es mi convencimiento— llega al espíritu por naturaleza. Ayudar a los estudiantes a leer buenos poemas —buena literatura— es intentar que lean desde sí mismos. Hay que procurar que los alumnos se emocionen, experimenten algo nuevo, que intuyan, aunque oscuramente, que hay algo magnífico, atrayente y valioso, que pueden atrapar” [3].

Número doble de la Revista Númenor, de noviembre de 2005 (https://revistanumenor.wordpress.com/).

Del mismo modo, en otra ocasión desarrollaba la idea de que en la educación convencional se pierde la posibilidad de descubrir y encauzar verdaderas vocaciones artísticas. La experiencia educativa promovida en el Departamento de Humanidades, dirigido por Fidel Villegas, y concretada en el ámbito literario de  Númenor “es la demostración más clara de que cuando la enseñanza es viva, la enseñanza tiene fruto. Ya nos movemos en un terreno que no es el de las notas, el fracaso escolar, el problema de la disciplina, el mundo de lo académico en lo que puede tener el término de rutinario, sino que nos movemos en otro plano que es el de las relaciones personales, el del contacto con las cosas verdaderas y las cosas bellas. La literatura, el arte, quiero decir, la creación artística, no son ni un complemento educativo ni mucho menos un hobby. He visto muchas veces cómo en algunos alumnos míos se despierta su propio ser artista cuando se dan de cara con las obras de arte, cuando las empiezan a entender como lo que son, no como objetos para análisis o para ser estudiados. Quizás sea esto lo que más me gusta o más me interesas de la profesión: observar –y en cierto modo provocar- esos encuentros que sin duda son mágicos. Hay instantes que son decisivos en  la vida de las personas: no sabemos cuáles son, no podemos saberlo: pero algo intuyes, está presenciando algo muy valioso. Quizás también ocurra que se hayan ido perdiendo certezas que son imprescindibles; por ejemplo, la certeza de que la verdad, si lo es, necesariamente atrae. El hombre, la mujer, buscan siempre la belleza, porque intuyen que les acerca a la felicidad. La educación ha de entrar a fondo en estas cuestiones, más allá de programas o estrategias de aprendizaje que, claro está, son importantes, pero son medios. La educación atiende a los fines: que tipo de personas podemos ser y qué tipo de personas vale la pena ser. Los alumnos nunca son insensibles a estas cuestiones” [4].

La revista Númenor, revista de literatura y pensamiento, nació en 1987 creada por estudiantes de bachillerato dirigidos por Fidel Villegas, profesor de literatura española. En su primera etapa Númenor recogió colaboraciones literarias de estos estudiantes y de sus compañeros, interesados especialmente en la creación poética, y también abiertos a temas de carácter humanístico en general. Fidel lo explicaba en una entrevista de prensa en 2002: “En 1987 cuatro o cinco alumnos míos —tendrían catorce o quince años— me pidieron que hiciera con ellos una revista. Cuántas revistas escolares, de institutos, no se habrán hecho. Yo accedí, porque los veía entusiasmados, y pensé que sería útil para su formación. Me interesa la formación de mis alumnos; procuro hacerme eco de sus iniciativas […] En este contexto nació Númenor, la revista Númenor. El nombre, tolkiniano de antes del boom, ya no recuerdo quién lo puso. Leíamos a Tolkien y su lectura era para nosotros muy estimulante, de modo que apropiarnos de uno de sus lugares inventados nos pareció lo mejor. Númenor es un símbolo: de la nostalgia o añoranza, de la aventura, de la felicidad presentida. Me hago cargo de que es un nombre extraño para una revista. Ese curso salieron tres “entregas”: fotocopias, página a página, de locura, en una fotocopiadora desesperante. La  portada, en serigrafía de color rojo. El árbol y sus siete estrellas los sacamos de una de esas hojas de transferencias que entonces había. El número uno se abría con un poema que se titulaba Ese viento. Recuerdo todo eso con satisfacción: es una escena escolar típica, juvenil” [5].

Componentes del primer Númenor: de izquierda a derecha: Ángel Custodio Gómez, Iván García Jiménez, Manolo Macías, Enrique Suárez, Fidel Villegas, Rodrigo Revere y Antonio Javier Parrilla. En el Departamento de Humanidades de Altair, aquí nació la revista (https://revistanumenor.wordpress.com/)

Alrededor de la elaboración y edición de la revista apareció un coherente grupo de alumnos que comenzaron un proyecto consistente en participar activamente en actos literarios organizados en la ciudad, mantenerse al día en la medida de lo posible en las nuevas corrientes poéticas, promocionar encuentros con escritores en la sede del Centro y mantener contactos con el mayor número posible de escritores y profesores interesados en su proyecto. En este camino, las generaciones de estudiantes se han ido sucediendo y los redactores de la revista han sido muchos. No obstante, hubo un momento en que un grupo se asentó, y siguieron cuando se marcharon de Altair. Luego han ido llegando otros. “Los alumnos hacen la revista, programan las diferentes actividades etc., y se han ido haciendo como poetas. Son buenos poetas, tienen voz propia y conciencia de los lazos que los unen: en la amistad y en la visión esencial del mundo y del transmundo” [6].

Con el paso del tiempo la redacción consiguió establecer unas amplias relaciones que fueron cuajando en colaboraciones literarias que enriquecieron y acabaron por dar un nuevo carácter a la revista Númenor, desde entonces abierta también a muy diversos escritores. De este modo se configuraba como una original iniciativa literaria expresada en una publicación periódica que reunía trabajos de estudiantes junto a otros de escritores de los considerados profesionales[7].

Los poetas de Númenor. La cultura y el arte se han abierto paso en Altair a través de las promociones; desde que surgió la revista de literatura y pensamiento Númenor, muchos han sido los jóvenes que han publicado sus versos al cuidado de Fidel Villegas. Porque, es durante los años de juventud cuando el contacto con las grandes obras de arte provocan un asombro único y trascendental en la personalidad del ser humano. Sin embargo, para que ese descubrimiento se produzca, es necesario que alguien lo estimule. Esa ha sido la misión de Fidel Villegas. Los jóvenes que entonces se atrevían a escribir los primeros versos de la adolescencia son ahora poetas de un profundo valor humano, poético y estético. Algunos, han logrado encontrar un hueco en el difícil mundo de las letras hasta llegar a los premios más importantes de poesía y ver publicados sus versos [8]. Todos ellos comenzaron a desarrollar su propio ser artista animados por Fidel Villegas. Durante esa etapa de sus vidas, descubrieron que existía una forma de expresión que aspiraba a la belleza y, en el fondo, a la vida misma, y que esa forma —la poesía les había rozado de una forma muy especial. En ese sentido, sus versos suponían un acto de valentía y un posicionamiento en la vida, que no es otro que la persecución de la verdad y de la belleza a través del arte.

Mientras ellos se enfrentaban al ritmo musical de los versos, Fidel procuraba recomendarles lecturas adecuadas que contribuyeran a formar una voz propia en cada uno de ellos. Luego transcurrió el tiempo y esos jóvenes alumnos se fueron desarrollando como personas y como poetas. En este camino tuvieron grandes maestros que les guiaron por la senda de la literatura y del arte como Miguel d’Ors, Carmelo Guillén Acosta o José Julio Cabanillas [9].

Las Colecciones de Númenor. Paralelamente a Númenor, revista de literatura y pensamiento propiamente dicha, e impulsados por los profesores y alumnos del Departamento de Humanidades dirigido por Fidel, surgieron otros proyectos que completaron ese fenómeno poético. El primero de ellos fue la publicación de los Cuadernos de Poesía, para dar a conocer muestras más amplias de creación poética [10]. Desde  el principio, la colección se publicó en unos cuadernos de original diseño editorial y cuidada presentación. En ella han ido apareciendo autores consagrados, al mismo tiempo que servía para consolidar a los nuevos poetas que afloraban en el propio universo de Númenor.

La colección Antologías está dedicada a la selección de textos de autores clásicos y modernos; y concebida como apoyo al trabajo cotidiano en las asignaturas que el Departamento imparte. La colección Ensayos, consecuencia lógica de los contactos e intereses suscitados por las anteriores publicaciones, trata de poner a disposición de los estudiantes de bachillerato textos dedicados a un género literario  difícilmente accesible a este tipo de estudiantes, como es el ensayo de carácter humanístico [11].

Dentro de este ambicioso proyecto, y para dar cabida a los muchos trabajos de los alumnos que querían publicar en la revista ya consolidada, el Departamento de Humanidades publicó Girándula, revista general de humanidades, destinada exclusivamente a estudiantes de Altair: sus secciones son breves ensayos de carácter humanístico, poesía, relato y crítica de cine, literaria y musical; o los pliegos titulados Primeros Poemas que recogen una breve muestra de textos poéticos de estudiantes de bachillerato. Con ello, la revista Númenor, hermana mayor de todas las posteriores empresas poéticas, se pudo dedicar cada vez con más profundidad a los autores acreditados. “Lo que ha venido después está muy bien. Primero, haber podido darle continuidad escolar; luego, su apertura a escritores generosos que se hicieron presentes con sus enseñanzas y su amistad. […] Y la colección de libros, y otras publicaciones, al principio como Ediciones Altair y ahora en las Ediciones de la Fundación de Cultura Andaluza. Y las lecturas poéticas, que tenían una resonancia tan magnífica que no me lo podía creer. Hacía que los poetas que se iniciaban leyeran para el público. Así nació Númenor” [12].

Los Encuentros Poéticos sirvieron para extender el campo de acción de las revistas. Efectivamente, fue mucha la importancia de los Encuentros Poéticos organizados en colaboración con la Fundación de Cultura Andaluza. La trascendencia de la colaboración entre Númenor y la Fundación de Cultura Andaluza, en palabras de Fidel Villegas “ha sido grande, sin duda alguna. Esta Fundación colabora en la financiación de muchas de nuestras publicaciones. Los Encuentros Poéticos han sido ocasiones magníficas de entablar relaciones, de dar a conocer nuestro trabajo, de aprender. Considero que lo que hemos recibido ha sido importante, pero no se nos oculta que también ha sido importante lo que hemos sido capaces, con este apoyo de la Fundación de Cultura Andaluza, de ofrecer ocasiones  de escuchar buena poesía” [13].

Presentación en Altair de Lo que ha llovido, de Enrique García-Máiquez, junio de 2009 (https://revistanumenor.wordpress.com/).

Númenor ha reanimado la poesía. El éxito indiscutible de Númenor tiene una razón humana que lo explica. El propio Fidel  Villegas nos da una pista cuando dice: “Está claro que entre los que formamos la redacción de la revista Númenor hay un territorio común, unas relaciones personales de amistad sincera, hay unas lecturas comunes, hay maestros –me refiero a artistas de larga trayectoria, de fecunda obra hecha- que suelen tratar asiduamente a estos jóvenes escritores… Las relaciones son densas y tienen un sustrato de ideas esenciales. Es lo que podríamos  calificar como humanismo cristiano.

Y continúa Fidel dando la razón de la profundidad de las ideas transmitidas en la poesía de los artistas de Númenor. Es una visión de la existencia la de estos escritores que está muy marcada por los años que han pasado en Altair, obra corporativa del Opus Dei. Se han encontrado con una espiritualidad que lleva en su entraña unos por así decir elementos de enorme potencia artística: el valor de la realidad, que es paradójica porque es a la vez transitoria y permanente; el convencimiento de que la realidad es mejorable gracias a la acción honesta del hombre. Y el convencimiento de que esa realidad será trasfigurada. Este sustrato intelectual tiene tales características que acaba permitiendo entender que la eternidad, en cierto modo misterioso, ya ha empezado. Hay que saber descubrirla y vivir en ella. Son por tanto ideas cristianas muy de fondo que precisamente la espiritualidad del Opus Dei pone en primer plano” [14].

Así, todo el sentido de Númenor se conjuga en pasado, presente y futuro, estableciendo un vínculo de amistad y recíprocas enseñanzas con un sentimiento común de amor a la poesía. Verdaderamente, las actividades literarias de Altair, vinieron a remover el mundo poético de Sevilla. Sus poetas forman un grupo coherente que, con sus diferencias, son parte de la actualidad literaria sevillana y andaluza y han logrado dar un aire nuevo a la poesía andaluza [15]. El grupo poético Númenor goza ya de un prestigio indiscutible: poetas como Miguel d’Ors y Fernando Ortiz han llegado a afirmar que Númenor ha revolucionado la poesía joven de Andalucía, llegando a proponer en sus versos un ideal de búsqueda de la trascendencia a través de los sucesos más triviales y cotidianos del acontecer del hombre [16].

Númenor sin duda alguna es un exponente de los amplios horizontes en que siempre se querido mover la tarea educativa de Altair. Si en palabras de José María Prieto cuando describía las dificultades de los primeros años, y lo hacía a través de la imagen del barro del entorno de Altair cuando llovía, diciendo: “Os puedo garantizar que el barro de esta zona es de una calidad excepcional” [17]. Podemos afirmar también, siguiendo el paralelismo de la nobleza de los materiales que veíamos en las proféticas palabras de Joaquín Gómez, que Númenor supuso la conversión de ese humilde barro primigenio en el noble mármol de ese olimpo de imágenes poéticas del universo literario de Númenor[18].

Toda regla tiene su excepción. La actividad artística que surge en torno al universo literario de Númenor es el paradigma inverso a los proyectos descritos en el siguiente capítulo de “La Piscina de Altair”.

[1] “Fidel Villegas: El universo poético de Númenor”, en Boletín especial 100 años del nacimiento de san Josemaría Escrivá, octubre de 2002, p. 24-25.

[2] Cfr. Jesús Martínez Pérez, “Las publicaciones de un gran colegio”, en Informe de las actividades del curso 1995-96, departamento de Información de Altair.

[3] Fidel Villegas, en Poesía digital, en http://www.poesiadigital.es/index.php?cmd=entrevista&id=14, consultado el 2 de enero de 2016.

[4] “Fidel Villegas: El universo poético de Númenor”, en Boletín especial 100 años del nacimiento de san Josemaría Escrivá, octubre de 2002, p. 24-25.

[5] Fidel Villegas, en Poesía digital, en http://www.poesiadigital.es/index.php?cmd=entrevista&id=14, consultado el 2 de enero de 2016.

[6] Ibidem.

[7] Cfr. “Altair y las actividades literarias”, en Memoria del Curso 1995-1996, Altair, 1996, pp. 9-10.

[8] Es el caso de Jesús Beades, Pablo Moreno, Francisco Gallardo o Joaquín Moreno.

[9] Cfr. Daniel Jurado, “Númenor, la realidad y el futuro de la poesía”, en Boletín de Altair nº 38, marzo de 2005, pp. 26-27.

[10] En abril de 1991 apareció el primero de estos Cuadernos, titulado La vida misma, del que es autor el joven poeta Abel Feu Vélez. El libro fue objeto de comentarios en diarios y revistas especializadas y citado en manuales universitarios, e incluido en antologías de poesía española actual. En junio de 1993 se presentó el segundo de los Cuadernos, la Antología Poética de Bartolomé Lloréns, prologada por Carlos Bousoño. El tercero de estos Cuadernos, una extensa Antología poética del catedrático emérito de la Universidad de Sevilla, Jesús Arellano, titulada Poesías del hombre y de la tierra, se publicó a finales de 1994, y el cuarto, titulado Costumbre de palabras, perteneciente al joven poeta Jesús Tejada, un año después.

[11] Jesús Martínez Pérez, “Las publicaciones de un gran colegio”, en  Informe de las actividades del curso 1995-96, Departamento de Información de Altair.

[12] Fidel Villegas, en Poesía digital, en http://www.poesiadigital.es/index.php?cmd=entrevista&id=14, consultado el 2 de enero de 2016.

[13] Ibidem.

[14] “Fidel Villegas: El universo poético de Númenor”, en Boletín especial 100 años del nacimiento de san Josemaría Escrivá, octubre de 2002, p. 24-25.

[15] Cfr. Daniel Jurado, “Númenor, la realidad y el futuro de la poesía”, en Boletín de Altair nº 38, marzo de 2005, pp. 26-27.

[16] “Númenor”, en Altair al día, junio de 2003, p. 3.

[17] “José María Prieto”, en Boletín de Altair nº 29, septiembre de 1993, p. 4.

[18] Cfr. Recuerdo de José María Prieto, 11 de abril de 2016.