El barro y el mármol

En aquellos años finales de la década de los sesenta y comienzos de los setenta, el omnipresente barro estaba en la memoria de todos. Entre muchos testimonios lo manifestaba un padre de alumno en una carta al periódico donde se quejaba del mal estado de los accesos en el barrio «está impracticable, aparte de la composición arcillosa y resbaladiza de su tierra, es un barrizal por el que los alumnos y quienes no lo son tienen que cruzar» [1]. Y que añadía José Carlos Jaenes, antiguo alumno vecino de Los Pajaritos, barrio desde donde los alumnos tenían que cruzar los inhóspitos terrenos despoblados del futuro parque Amate, o el descampado que los separaba de los barrios más próximos: «entre cardos borriqueros, abriéndonos camino con un palo» [2]; lo que resume humorísticamente José María Prieto cuando afirmaba: «Os puedo garantizar que el barro de esta zona es de una calidad excepcional» [3]; y corroboran uno por uno todos los testimonios recogidos [4]. Esa calidad, insinuada por Prieto con esa imagen, era la calidad humana de los alumnos y sus familias. Porque, en esos años, los alumnos destacaban por su gran dignidad, lo mismo dentro como fuera de Altair; tanto por el aprovechamiento y los buenos resultados académicos como por la decorosa actuación en los múltiples concursos y competiciones en las  que participaban y ganaban.

La fotografía se comenta por sí misma: provisionalidad, barro… y grandes deseos de promocionarse; son los últimos años sesenta; el que no los vivió… (Archivo Histórico de Altair).

Los sueños se pueden hacer realidad. Porque, como afirma el aforismo: Dios modeló al hombre de barro; y los hombres imaginaron a sus dioses de mármol. En este sentido, la metáfora del barro y el mármol simboliza la trayectoria de muchos de nuestros alumnos que partiendo de una situación familiar y social modesta alcanzaron cotas profesionales y personales insólitas. Hemos querido recoger esta metáfora del barro, material humilde, frente al mármol, material de construcción noble por excelencia, para explicar la evolución vivida por los alumnos de Altair y sus familias: del pundonor –la digna actitud de los alumnos y sus familias en los primeros años– a la excelencia de los niveles académicos y sociales alcanzados por los alumnos del barrio. Y nos hemos servido de la profética respuesta que dio Joaquín Gómez: Ya era hora de que los hijos de los obreros pisaran mármol, para aludir al derecho de los alumnos a aspirar a las mejores cotas educativas y profesionales. Como expresamos en las primeras páginas: gracias a la labor docente de Altair, los alumnos y vecinos del barrio accedieron a niveles educativos que no hubieran soñado en años; y aspiraron a horizontes profesionales insospechados. En Altair desarrollaron el material más noble que el ser humano tiene –mucho más noble que el mármol–: el sentido humanitario y cristiano de la vida.

Altair fue también un semillero de grandes educadores. Ya desde los primeros días, de su claustro y de sus aulas surgieron profesores de mérito. José María Prieto destaca la diversidad o pluralidad ideológica de los primeros profesores, los cuales tras su paso por Altair alcanzaron importantes cotas profesionales como catedráticos o profesores en la enseñanza media o secundaria, en la Universidad o en las Academias. Años después otros profesores se integraron en departamentos universitarios como catedráticos, titulares o profesores [5].

El antiguo alumno Adrián San Miguel, portero del Real Betis y de la Selección Nacional, con alumnos en el salón de acto de Altair (Archivo Histórico de Altair).

La llegada de profesores autóctonos –antiguos alumnos–, muchos de ellos vecinos del barrio o hijos de antiguos profesores o empleados, sin ser un objetivo específico, fue una vieja aspiración de Altair; y significaba que algo se está haciendo bien [6]. Es fácil entender este hecho siguiendo el relato que Ángel Márquez hace con orgullo de su vuelta a Altair como profesor: «Nada más terminar, me acerqué al cole y dije que había finalizado mis estudios de Magisterio. A las pocas semanas surgió una sustitución en EGB y después otra y otra… El curso siguiente ya estaba con un contrato a tiempo completo. Mi gozo era absoluto. Es imposible describir la alegría que se siente cuando vas a impartir clases en el mismo lugar en el que tú las has recibido. Visto desde la lejanía no es solo un orgullo, es un privilegio: entre los miles de alumnos que han pasado por Altair, por avatares de la vida, iba a ser uno de los afortunados profesores que habían formado parte del alumnado del colegio» [7]. Verdaderamente, un buen número de antiguos alumnos hoy son profesores de Altair. En las mismas aulas que ellos recibieron sus enseñanzas, ahora las imparten a otros chavales. Refería ya en 1989 una revista de Altair, la importancia de la incorporación de los antiguos alumnos como administrativos y al claustro de profesores: «Su perfecto conocimiento del ambiente y del estilo de Altair les hace verdaderamente eficientes: Ignacio Domínguez, José Miguel González, Bernardo Álvarez, Manuel Bautista, Miguel Ángel Macho, Miguel Luque, Enrique León, Juan José Martín, Alfonso García, Juan Manuel Escaño, Alberto Arjona, Ángel Márquez, Arturo Sánchez, Jesús Súnico, Juan José Amador, José Manuel Fernández y Enrique Quirós, entre otros». A los que a lo largo de más años se añadirían nuevos, como Miguel Mora, Daniel Danta, Ignacio Garófano, Rafael Alonso del Real, Álvaro Rayo, Diego Estrada, Manolo Muñoz, Miguel Ángel Rabadán, etc. «Son aquellos que hace unos años asistían a nuestras aulas. Una vieja aspiración de Altair se está cumpliendo: los antiguos alumnos vierten sus conocimientos en unos muchachos para los que ellos son sus hermanos mayores. Es un bonito ciclo que nos habla de una promoción social bien hecha» [8].

Estos y otros muchos más casos son una muestra palpable de la excelencia educativa alcanzada por los alumnos, y por ende del mismo Altair. Tras cincuenta años de intenso trabajo y dedicación a la educación y promoción de miles de alumnos, muchos de ellos con situaciones familiares y sociales precarias, resulta estimulante recoger los frutos de dicha labor.

Javier Delgado con José Antonio de Cote y la Llave del Condado de Miami (USA) que ofreció a Altair como el mejor sitio para exponerla en agradecimiento a la formación que recibió (Archivo Histórico de Altair).

En los días en que se escribía este relato, un antiguo alumno, José Antonio de Cote llegó de América con un galardón que ofrecía a Altair: era la Llave del Condado de Miami (USA) de 2016, concedida por su actividad empresarial como emprendedor en aquel país; y pensó en Altair como el mejor sitio para exponerla en agradecimiento a la formación que recibió. Es una demostración del cariño al centro en el que estudió COU y Química Agroalimentaria. Porque –como afirmó–: Defiendo con orgullo lo que Altair me aportó. Algo semejante había sucedido un año antes con el mencionado antiguo alumno Rafael Báez quien, en diciembre de 2015, defendió su tesis doctoral en la Facultad de Derecho de Sevilla titulada Educación diferenciada y conciertos públicos. El mismo Rafael explicaba que había elegido este tema de investigación tan controvertido como reconocimiento a Altair por la educación recibida.

En este sentido, encontramos casos como los ejemplos que presenta Gemma García, quien recordaba en el artículo periodístico antes mencionado a tres alumnos destacados como expresión del nivel de excelencia académica logrado: «Altair lucha por potenciar lo mejor de cada uno y ser un referente de excelencia académica –y cita Gemma los tres casos–:  Alejandro resultó ganador de la medalla de plata en la Olimpiada Nacional de Química 2015; Pablo consiguió la medalla de bronce en la Olimpiada Nacional de Física 2014; y Miguel Ángel la medalla de oro en la Olimpiada Nacional de Química 2013» [9]. Estos son ejemplos visibles de la excelencia educativa lograda en alumnos de los barrios más necesitados de Sevilla, que Altair –desde sus inicios, allá en la década de los sesenta– se propuso alcanzar, hace hoy 50 años.

Pablo y Miguel Ángel son ejemplos de la excelencia educativa lograda por alumnos de los barrios más necesitados de Sevilla (Archivo Histórico de Altair).

Del mismo modo podrían traerse a colación otros ejemplos recientes de 2016, como los de dos alumnos: Nicasio Tomás Jiménez Morillo, investigador del CSIC, hijo de Nicasio, profesor de primaria, distinguido con el Premio internacional Frontier Lab a la mejor contribución científica a joven investigador por su trabajo sobre la composición química de la materia orgánica de suelos quemados y restaurados [10]; y de Ismael Jiménez Jiménez, ganador de una beca postdoctoral de la Real Maestranza de Caballería para estudios de investigación en el extranjero en el área de Humanidades [11].

En definitiva, Altair hizo realidad la esperanza de José María Prieto cuando confiado ambicionaba abrir un cauce a las aspiraciones de muchos trabajadores y familias sevillanas y brindar una posibilidad de formación profesional y humana para los hijos de los obreros. De Altair surgieron gentes bien preparadas, con una base humana y sobrenatural para influir decisivamente en la sociedad [12]. Por eso, ciertamente, puede decirse que los sueños se pueden hacer realidad;  porque hoy encontramos en la sociedad sevillana y española a miles de alumnos de Altair que  han hecho realidad sus sueños y los de sus padres.

[1] Cfr. Alfredo Blasco, “Los contornos de Altair”, en ABC de Sevilla, 27 de enero de 1971, p. 33.

[2] Recuerdo de José Carlos Jaenes Sánchez, 25 de enero de 2017.

[3] “José María Prieto”, en Boletín de Altair, nº 29, septiembre de 1993, p. 4.

[4] Cfr. Testimonios de José María Prieto, Manuel Guillén, Miguel Ferré, Fernando Ramos, Manuel Sosa, Julia Montero, Ángel Márquez.

[5] Cfr. Recuerdo de José María Prieto Soler, 11 de abril de 2016.

[6] Cfr. “Más de doce antiguos alumnos trabajan en Altair”, en Boletín de Altair, nº 25, diciembre de 1989, p. 2.

[7] Recuerdo de Ángel Márquez Ruda, 24 de enero de 2017.

[8] “Más de doce antiguos alumnos trabajan en Altair”, en Boletín de Altair, nº 25, diciembre de 1989, p. 2.

[9] Gemma García, “El colegio elitista que quieren eliminar”, en Diario La Razón, 10 de marzo de 2016, p. 38.

[10] “Japón premia a un joven bioquímico de El Viso del Alcor por un trabajo sobre suelos calcinados”, disponible en http://sevilla.abc.es/provincia/sevi-japon-premia-joven-bioquimico-viso-trabajo-sobre-suelos-calcinados-201606260825_noticia.html, consultado el 15 de agosto de 2016.

[11] “Genios de la investigación sin bata”, disponible en http://www.diariodesevilla.es/sevilla/Genios-investigacion-bata-blanca_0_1060394042.html, consultado el 5 de septiembre de 2016.

[12] Cfr. Jesús Carnicero, “Altair, un ambicioso proyecto de promoción obrera”, en Diario Madrid, 29 de febrero de 1968, p. 6.

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