Del pundonor a la excelencia

Cuando hemos definido a Altair como un ecosistema en el que conviven en armonioso equilibrio las familias, los profesores y los alumnos estábamos pensando en los efectos positivos que la oferta educativa y deportiva sembraba en los barrios de su entorno. Estas ambiciones se hacen sentir de manera notable en zonas como la barriada de Juan XXIII y en los aledaños de la carretera de Su Eminencia, tan famosa por la práctica del tirón y el semaforazo en las últimas décadas del siglo XX. Era un área de Sevilla con grandes problemas de paro, delincuencia y marginación social. La crisis económica que se inicia en los años setenta y se extendió a lo largo de las décadas siguientes produjo un fuerte deterioro de la situación familiar y laboral de los vecinos de los barrios de Altair en el entorno de Su Eminencia. Los problemas de la delincuencia y la droga descritos anteriormente, supusieron un importante drama para muchas familias. Sin embargo, se encontró un cauce adecuado para la promoción educativa y del deporte en Su Eminencia; justo allí, Altair propició una vía formativa que permitió la salida adelante de muchos alumnos, y por ende, de sus propias familias. Altair fue una oportunidad gracias al cual muchos alumnos accedieron a niveles educativos inéditos en el entorno [1]. Juan Miguel Vega, expone de modo muy gráfico cómo se dieron los dos extremos. Leemos sus palabras en uno de los primeros artículos periodísticos en los que refleja su paso por Altair: «Esta mañana, te he vuelto a ver, compañero, con tu guitarra sobre el escenario del aula de dibujo, ejerciendo de líder, de ciudadano avanzado, de alguien al que se le quedaba corto lo que enseñaban en clase. […] Tu camino era otro, más apasionante sin duda, pero también más incierto. Qué lejos quedan ahora los viejos tiempos, compañero. Entonces la vida nos sonreía. […] Pero el tiempo pasó y, aunque de aquellas clases todos salimos por la misma puerta, cada cual tomó su propio camino. Unos acabaron de decanos de facultades, otros de ilustres abogados, algunos de conductores de autobuses, muchos de parados y otros, tú entre ellos, de mala manera» [2].

Lo importante es que Altair constituyó para miles de familias a lo largo de esas décadas un refugio –un verdadero oasis– frente a los peligros que amenazaban a sus hijos. Altair permitió sacar de la calle a tantos chavales que encontraron en las actividades de la Escuela Deportiva o los clubs juveniles Viar, Canal y Tancal un modo alternativo de formación en el deporte, en el hábito de estudio y la responsabilidad. Altair supuso la oportunidad de alcanzar todos los objetivos que la educación ponía a disposición de los alumnos y sus familias. Hubo gentes que supieron aprovechar estas oportunidades. La mayoría salieron adelante laboral y personalmente formando familias honradas, llegando algunos incluso a puestos directivos en la sociedad; aunque, otros aun disponiendo de oportunidades, por circunstancias diversas, sufrieron los embates de las diversas crisis económicas y sociales cayendo en el paro o tropezando en las redes de la marginación.

El proyecto de Altair puso en manos de las familias los instrumentos necesarios para que, desde la libertad, cada alumno construyera por sí mismo su propio plan de realización personal. En 1993, cumplidos veinticinco años del nacimiento de Altair, un artículo del boletín de Altair recordaba cómo «las condiciones socioeconómicas del distrito Este son mejores que las que se encontraron aquellos primeros habitantes del barrio que llegaron desde distintos lugares de Andalucía, en busca de trabajo y de un lugar con perspectivas de desarrollo personal y profesional» [3]. Ya José María Prieto preveía en 1970 que «Altair realizará una influencia notable sobre esta zona al cabo de los años» [4]. A lo que Alberto de la Lasta apostillaba inmediatamente: «Dentro de nada se van a ver los frutos: personas que jamás pensaron poder llegar a la enseñanza superior, van a llegar» [5]. Tanto Alberto como José María se quedarían cortos en sus sueños. Echando una miranda retrospectiva a lo largo de estos lustros, comprobamos que la influencia de Altair en la promoción de las familias es innegable. Miguel Ángel Macho en su experiencia personal como testigo, desde secretaría, de la trayectoria profesional de tantos alumnos apunta que «la influencia desde los primeros años ha sido muy grande y fue creciendo. Objetivamente hay cientos de profesionales de los barrios circundantes que deben su vida profesional a su formación en Altair» [6]. Pero, aunque Altair contribuiría forzosamente a la elevación del nivel de vida de su entorno, esa no era ni es su misión inmediata. Sino que, «el compromiso de Altair se ha concretado en situar a cada persona, a cada alumno, en condiciones de desarrollar todas sus virtualidades, para más tarde desenvolverse en su mundo sociolaboral a través de la formación que Altair imprime» [7].

Así, Altair ha hecho posible el acceso a la Universidad –núcleo directivo de la sociedad– a muchos de sus alumnos, en su gran mayoría hijos de las familias de este barrio, que ya se cuentan por miles. Efectivamente, –como afirmaba Juan Miguel Vega– cada cual tomó su propio camino. Innumerables son los profesionales que ha dado Altair a lo largo de estos años: desde un embajador del Reino de España o un árbitro internacional a decanos, catedráticos y profesores universitarios o de institutos y colegios; médicos cardiólogos, hematólogos, cirujanos, traumatólogos; investigadores, arquitectos, ingenieros: abogados y fiscales; periodistas y directores de medios de comunicación; funcionarios de todas las administraciones, policías, bomberos, concejales y alcaldes; dependientes, comerciales y directivos en empresas pequeñas o grandes, emprendedores o empresarios en empresas punteras, públicas y privadas; taxistas, conductores de autobuses; futbolistas de todas las divisiones, entrenadores y árbitros, toreros; mecánicos, administrativos, técnicos analistas de laboratorio, etc. Son miríadas de especialistas, profesionales anónimos repartidos por todos los ámbitos laborales y profesiones. Es un hecho palpable: un ingente número de alumnos de Altair, miles de profesionales, han ido conformando la sociedad sevillana y española [8].

[1] Cfr. “La Escuela Deportiva Altair y la promoción del deporte en la carretera de Su Eminencia”, en Revista Pabellón, nº 4, enero de 1988.

[2] Juan Miguel Vega, en Sevilla información, 13 de noviembre de 1996, p. 5.

[3] “El compromiso social de Altair”, en Boletín de Altair, nº 29, septiembre de 1993, memoria del curso 1991-92, pp. 13-14.

[4] “José María Prieto”, en Dos días en Altair, p. 35.

[5] “Alberto de la Lastra”, en Dos días en Altair, p. 143.                                                                                                         

[6] Recuerdo de Miguel Ángel Macho López, 18 de febrero de 2017.

[7] “El compromiso social de Altair”, en Boletín de Altair, nº 29, septiembre de 1993, memoria del curso 1991-1992, pp. 13-14.

[8] Cfr. Juan Miguel Vega, en Sevilla información, 13 de noviembre de 1996, p. 5.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s