La Atalaya y El Trébol

La Atalaya-El Trébol es la barriada inmediata a Altair y linda con la calle El Barbero de Sevilla. La nueva barriada vino a rellenar la parcela, segregada al mismo tiempo que la de Altair, de la Antigua Hacienda Su Eminencia; en 1969 era un descampado que había quedado sin construir entre Juan XXIII y la parcela de Altair. Fue edificándose desde finales de los sesenta y a lo largo de la década de los setenta.

Fiesta fin de Curso de 1969, son los padres primeros años de Altair, de fondo vemos los bloque de La Atalaya en construcción con el cartel de promoción de los pisos (Archivo histórico de Altair).

El núcleo denominado genéricamente “El Trébol” está formado por dos partes: la más antigua son los tres bloques, denominados “Grupo Atalaya”, que hacen esquina con la carretera de Su Eminencia, que ya se ofrecían a la venta en 1969 (en algún documento aparecen denominados como urbanización “Amatesa”, por el nombre de la promotora que los vendía); los otros bloques, de mayor altura, son propiamente los que reciben el nombre de “El Trébol”.

El equívoco nombre de “El Trébol” se debe a que su núcleo principal agrupa tres grandes edificios iniciales: Júpiter, Hércules y Mercurio. Y un cuarto, el más tardío, el último tramo de El Barbero de Sevilla, que aún no aparece construido en la fotografía aérea de 1977.

Anuncio en la prensa de los pisos de La Atalaya (ABC Sevilla).

La barriada está recorrida por la avenida de La Calesera (que la separa de Juan XXIII), la calle Nescania; la calle Eva Cervantes en sus dos tramos, uno peatonal y otro de circulación rodada, concentra la mayor parte de los comercios y bares del barrio; los bloques de El Barbero de Sevilla comparten calle con Altair. Los edificios tienen una altura de 8 a 10 plantas, con fachadas de ladrillo visto, algunos con soportales en uno de sus lados o pequeños jardines situados ante los bloques. Las hileras de bloques se encuentran en algunas partes a cota de diferente altura, que se salva por medio de escalinatas.

La Atalaya y el Trébol en Google.

Existe abundante arbolado aunque desigualmente repartido y en muchos casos correspondiente a espacios privativos. La altura y proximidad de los bloques generan una alta ocupación; lo que unido al hacinamiento de los coches aparcados provoca grandes problemas al vecindario. Esto, y la escasez y maltrato de las zonas ajardinadas, que sobreviven gracia a la intervención de los vecinos, explican la fisonomía de la barriada[1]. En este sentido, como dato significativo, se constata cómo en la calle Eva Cervantes, tan sólo queda dos árboles de los plantados en sus alcorques en las sucesivas campañas electorales de los años noventa, uno en la acera a mitad de de la calle Eva Cervantes y otro en la plazuela intermedia, supervivientes gracias al cuidado vecinal. La desidia y el abandono son característicos del olvido posterior de los políticos.

Calle Eva Cervantes

La compactación en la construcción de la barriada, la proximidad y la altura de los bloques contrasta notablemente con la edificación de Altair. Éste, al igual que la barriada de Juan XXIII, había ido desarrollando un tipo de urbanización en la que se combinan armoniosamente los espacios construidos y los ajardinados, creando un verdadero ecosistema educativo, deportivo y natural.

[1] Cfr. Eduardo Camacho, “Calles Eva Cervantes, La Calesera, Nescania”, en Diccionario Histórico de las Calles de Sevilla, Tomo II, Sevilla, Consejería de Obras Públicas y Transportes y Excmo. Ayuntamiento de Sevilla, Sevilla 1993, pp. 11, 132, 313 y 338.

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