Juan XXIII

Juan XXIII es un barrio[1] genuino de Altair, en él vivían la mayoría de los alumnos de los primeros cursos[2]. Eso era lógico, pues Altair nació a la vera de este nuevo barrio. Lo podemos comprobar en las fotografías de los primeros años, cuando aún no se habían levantado los bloques del Grupo Atalaya o de El Trébol, y el paisaje urbano próximo eran las casitas bajas y los colectivos y torretas del barrio al otro lado de La Calesera.

Vista de Juan XXIII en 1970. Al pie de la foto, los primeros edificios de La Calesera en construcción, y aún no se ha levantado La Rosaleda. Al fondo se ven los primeros bloques de Rochelambert, todavía en estructura (Fotografía del libro “Dos días en Altair”)

La barriada se levantó sobre parte de los terrenos de la Hacienda de Amate, promovida por el Instituto Nacional de la Vivienda (las casitas bajas) y la Organización Sindical del Hogar (los bloques de pisos). Surgió ante el déficit de alojamientos generado por el crecimiento acelerado de la población sevillana en los últimos años de la década de los cincuenta, añadido a la declaración en ruina de numerosas casas de vecindad, la demolición de algunos núcleos de chabolas situados en le extrarradio y las continuas crecidas del río, como la de la última gran riada.

Hacia 1965, vemos el barrio en construcción, las “casitas bajas” con un inmaculado encalado ya terminadas y levantándose los primeros bloques de las “torretas”. En la esquina superior derecha, vemos el extremo de la parcela de Altair y El Trébol aún un olivar.

El barrio fue un buen proyecto –ejemplar en comparación con las barriadas precedentes–  y constituyó una solución duradera para miles de familias sevillanas, futuras familias de Altair. El barrio constaba en sus orígenes de un cuidado planeamiento al modo de una “ciudad jardín” en el que sorprendía la existencia de un jardinero (el “regaor”) y un vigilante guarda jurado.

En 1964 se terminó de construir el primer grupo, compuesto por mil “casitas bajas” de dos plantas de fachadas impecablemente blancas en sus inicios, agrupadas de cuatro en cuatro viviendas formando un aspa, distribuidas en cuatro cuadrantes o fases. En 1966 finalizó la construcción de quinientas viviendas en cuarenta unidades de cuatro plantas (los colectivos) y cuatro torres de once plantas (las torretas), elevadas sobre soportales. La plaza central concentra el sector asistencial, ocio y de servicios de la barriada, con locales comerciales y galerías, el colegio y la parroquia [3].

Uno de los elaborados cierres de Juan XXIII, situado en la avenida de Las Leandras.

Las casas inicialmente fueron de propiedad municipal y con el paso de los años, se procedió a su venta y adquisición por los vecinos. Estos comenzaron a modificar su disposición, levantando o ampliando una segunda planta, o privatizando y vallando las zonas comunes exteriores.

A partir del año 2006 el barrio fue rehabilitado renovándose íntegramente las redes de abastecimiento y saneamiento de aguas. Se homogeneizaron los espacios públicos: pavimentándose los accesos y caminos interiores y las calles exteriores y se acondicionaron los espacios libres de la zona con áreas destinadas a la petanca o al ocio infantil.

A pesar de eso, el aspecto uniforme y ordenado ha dejado paso a un cierto caos visual gracias al recubrimiento de las fachadas con materiales y colores de todo tipo. Sin embargo, la estructura general del barrio no ha cambiado; las transformaciones, aunque asentadas, no han modificado el espíritu del barrio. En la avenida Los Gavilanes comparte con Rochelambert dos paradas del parada del Metro, y lo comunican con la ciudad varias líneas de Tussam.

[1] La barriada recibió el nombre en honor del Papa Juan XXIII, fallecido el 3 de junio de 1963, poco tiempo antes del inicio de su construcción. Fue canonizado el 27 de abril de 2014 por el Papa Francisco.

[2] Juan José García Noblejas, “José María Prieto”, en Dos días en Altair, Madrid, Proyecto EIKON, Madrid 1971, pp. 17-18.

[3] Cfr. Eduardo Camacho, “Juan XXIII”, en Diccionario Histórico de las Calles de Sevilla, Tomo I, Sevilla, Consejería de Obras Públicas y Transportes y Excmo. Ayuntamiento de Sevilla, Sevilla 1993, pp. 478-479.