El Cerro del Águila

El Cerro del Águila surgió en la década de los años veinte para satisfacer la demanda de suelo urbanizado más barato, –en parte del antiguo Cortijo de Maestre Escuela[1]– constituyendo el primer enclave del sector más oriental de la ciudad, aquél que se situaba más allá del arroyo Tamarguillo. Como resultado de la parcelación del antiguo cortijo se segregó la finca de de Santa Bárbara[2] que se situaba en el extremo norte del cortijo.

El Cerro del Águila y las haciendas al otro lado de Tamarguillo en 1944

El barrio acogería a inmigrantes que se establecieron en Sevilla al amparo del empleo ofertado en la Exposición Iberoamericana de 1929 y, más tarde, a obreros industriales, especialmente de la textil HYTASA, en cuyas naves trabajaron muchos vecinos.

Vista aérea de los años sesenta de HYTASA, la factoría textil Hilaturas y Tejidos Andaluces S.A. que se emplazaría en la zona en la década de los cuarenta.

El terreno se elevaba suavemente desde la zona cerca del Tamarguillo hasta alcanzar los 18 metros de altura sobre el nivel del mar en la parte más alta; siendo la cota más elevada de la ciudad. De forma casi regular, similar al rectángulo, limitaba al norte con la Hacienda de Amate; al sur con el camino de Santa Bárbara, la actual Avenida de Hytasa, y con  otra porción del cortijo denominada Cerro de las Águilas, donde en la década de los cuarenta, se emplazaría la factoría textil Hilaturas y Tejidos Andaluces S.A. (HYTASA); al este limitaba con el cortijo de Palmete, la Hacienda Su Eminencia y la carretera del mismo nombre; y al oeste con el arroyo y la vereda del Juncal, también denominado Tamarguillo, y el antiguo Matadero, construido entre 1910-16 y convertido hoy en centro de enseñanza primaria. La superficie total de la zona a urbanizar representaba algo más de veinticuatro hectáreas[3].

El barrio acogería a inmigrantes que se establecieron en Sevilla al amparo del empleo ofertado en la Exposición Iberoamericana de 1929. Su origen, como núcleo poblado por inmigrantes del medio rural, se aprecia en la fisonomía de sus viejas casas de autoconstrucción, que recuerdan a las de los jornaleros de los pueblos andaluces.

El arquitecto Juan Talavera y Heredia diseñó el trazado de las calles y realizó la traída de aguas y el alcantarillado. Las calles se proyectaron a cordel, dando lugar a manzanas rectangulares, muy similares en sus dimensiones. La estructura viaria del barrio está constituida por cinco calles longitudinales, de grandes dimensiones, y otras transversales, de menor longitud. Estaban dotadas de acerado, calzada de asfalto y alumbrado público. Un arbolado diverso adornaba las aceras. Las viviendas eran profundas y estrechas, de autoconstrucción y con diversidad de alturas, estructura y aspecto.

Años treinta, tranvía pasando por el puente sobre el arroyo Tamarguillo. La línea del tranvía se prologó para comunicar el barrio del Cerro del Águila con el centro de la ciudad.

Para la comunicación del barrio con el centro de la ciudad, se prologó la línea del tranvía que hasta entonces llegaba a la barriada de Nervión. El asentamiento, en los límites de al barriada, de HYTASA, creada en 1937, se mantuvo en continua expansión hasta 1962. Esta industria proporcionará abundantes puestos de trabajo a los Años treinta, habitantes del Cerro del Águila[4].

El barrio adquirió así una fisonomía muy particular –un pueblo dentro de la ciudad, según los vecinos[5]– donde han predominado las edificaciones unifamiliares de una o dos plantas, con tipología de construcción muy variadas y adornos de fachada al gusto de los propietarios, por lo que el paisaje generado ha sido muy diverso y marcadamente heterogéneo.

Vista actual de El Cerro del Águila en Google.

En el territorio del barrio se reflejan los hitos de su pasado y de su presente. Su origen, como núcleo poblado por inmigrantes del medio rural, se aprecia en la fisonomía de sus viejas casas de autoconstrucción, que recuerdan a las de los jornaleros de los pueblos andaluces; su pasado obrero-industrial es patente al contemplar las instalaciones de la que fue su fábrica, HYTASA; y su presente, como espacio de atracción comercial y de servicios, y como centro simbólico de la zona este de Sevilla, se comprueba al observar el dinamismo existente en sus calles y la relevancia de sus asociaciones y hermandades. Todo ello se percibe en un paisaje vivo y activo. El Cerro del Águila hoy es barrio consolidado y revalorizado. Quizá por ello, se ha generado una conciencia de barrio con personalidad, que lo asimila incluso a los barrios más tradicionales de la ciudad[6].

 

[1] El cortijo de Maestre Escuela y Olivar de la Reina, fue denominado así por el Maestrescuela del Cabildo catedralicio hispalense, la dignidad encargada de administrar esas posesiones eclesiásticas.

[2] El topónimo de Santa Bárbara hacía referencia al polvorín (almacén de explosivos y pólvora) que allí se ubicaba, y que el 14 de marzo de 1941 hizo explosión, sumiendo en la catástrofe la humilde barriada. Era, obviamente, un nombre muy poco atractivo para iniciar el proceso de venta de parcelas. Por eso la zona pasó a denominarse El Cerro del Águila, tomando nombre de la finca contigua.

[3] Cfr. Pilar Almoguera, El Cerro del Águila. De periferias a ciudad, Sevilla, Área de cultura del Ayuntamiento de Sevilla, Sevilla 1999, p. 50.

[4] Cfr. Fátima Ballesteros, “El Cerro del Águila”, en Diccionario Histórico de las Calles de Sevilla, Tomo I, Sevilla, Consejería de Obras Públicas y Transportes y Excmo. Ayuntamiento de Sevilla, Sevilla 1993, pp. 203- 204. El  Diccionario Histórico de las Calles de Sevilla  es una obra monumental, definitiva para el conocimiento de los barrios de Sevilla. Está coordinada por Antonio Collantes de Terán y en ella colaboraron varios autores. En lo sucesivo, citaremos particularmente a los autores de cada artículo.

[5] En el barrio era usual –lo ha sido hasta hace bien poco, si no sigue siéndolo– utilizar la expresión “voy a Sevilla” para desplazarse al centro urbano. Era una manifestación de la conciencia de sentirse en un entorno marginal y alejado de la ciudad.

[6] Cfr. Pilar Almoguera, El Cerro del Águila. De periferias a ciudad, Sevilla, Área de cultura del Ayuntamiento de Sevilla, Sevilla 1999, pp. 24-45.