Lo primero… la primera

El huevo o la gallina. Esta imagen popular puede ayudarnos a entender qué fue primero en Altair: la Escuela Deportiva o el Centro Educativo. ¿Qué fue primero, el deporte o la educación? La Escuela Deportiva dio sus primeros pasos, como el propio Altair, en el barrio de Triana. Porque efectivamente, el inicial equipo y club deportivo Altair, junto con el club deportivo Viar, fueron una escuela del deporte en embrión. Y así aparecen tempranamente desde 1962 en las primeras noticias y fuentes documentales; ellas expresan la intensa actividad deportiva de Altair a lo largo de la década de los sesenta [1]. Más tarde, en 1964, en Triana dará inicio el centro educativo con los cursos intensivos de bachillerato patrocinados por el departamento de extensión cultural del Colegio Mayor Guadaira [2].

Aunque será en Su Eminencia cuando Altair se constituya como centro educativo, ya llevaba en su ADN una clara vocación deportiva que surgirá con fuerza en cuanto se dé cauce a la Escuela Deportiva de Altair (EDA) [3]. Empero, en Altair, jamás hubo una dicotomía irresoluble entre lo deportivo y lo educativo. Siempre se puso el énfasis en la formación humana y ciudadana que el deporte de modo natural proporciona a los alumnos, y no en los éxitos o resultados deportivos o competitivos. Es constante esta aclaración en las definiciones que se hicieron desde sus primeros momentos y hasta hoy en la EDA [4].

Desde los primeros vagidos de Altair se puso un clarísimo interés en el desarrollo y promoción del deporte y del atletismo. Ahí están los tempranos triunfos en competiciones de atletismo y deporte en los que participó Altair como centro tecnológico que lo confirman. En definitiva, el deporte fue lo primero en Altair.

La Escuela Deportiva nacida en 1974 fue una iniciativa precoz; sería la primera escuela infantil de fútbol de Sevilla, y con seguridad de Andalucía, además de una de las primeras de España. Sin embargo, el éxito o la eficacia de Altair en lo deportivo no se debe tanto a los medios –que siempre han sido escasos– como al entusiasmo y la profesionalidad de sus protagonistas, colaboradores y profesores. Desde el principio, la EDA quiso cubrir todas las disciplinas deportivas. Por eso, además del fútbol, también se practicó el baloncesto, de la mano de Leo Chaves; el balonmano, con la dirección de Antonio González Arca; la gimnasia deportiva, llevada por Francisco Domínguez Navarrete; el béisbol, el voleibol, etc. [5].

Con el paso del tiempo la escuela hubo de plegarse ante la realidad. La preeminencia del fútbol sobre otros deportes resultó prácticamente obligada por la necesidad de instalaciones cubiertas para aquellas actividades deportivas. A eso vino a unirse la enorme resonancia que el fútbol tiene en la sociedad, lo que unido a las aspiraciones de los chavales del barrio hizo de este deporte rey el eje vertebrador de la EDA.

Antonio Gutiérrez recuerda cómo «Antonio Borrero, desde el departamento de Relaciones Públicas, abrió de manera notoria Altair a los barrios colindantes del distrito VII y, sobre todo, impulsó de modo notable la escuela de fútbol, con un equipo entusiasta de colaboradores, como Antonio Wanceulen y José Emilio del Pino o Francisco López Servio, consiguiendo la financiación de la misma y que la Federación Nacional de Fútbol, con Pablo Porta como presidente, costeara el tan necesario edificio de vestuarios» [6].

Así lo explicaba Antonio Borrero, uno de los grandes impulsores del club y de la escuela, cuando se quejaba de la escasa ayuda oficial con la que contaba la Escuela Deportiva, cuya financiación se basaba en la aportación de las familias: «Altair dispone de un cuerpo social basado en los padres de familia quienes abonan una cuota mensual. Aquí vienen muchos chicos de la barriada a practicar el deporte: los padres ven nuestra entrega y se alían con nosotros porque ven la importancia de lo que se está realizando» [7].

José Emilio del Pino advierte con sencillez los humildes comienzos de la escuela, cuando reconoce que «el material, la verdad, es escaso, pero cada alumno tendrá un balón [en realidad eran simples pelotas de goma] para las prácticas y material de gimnasia de Altair» [8]. La optimista declaración ponía en evidencia la escasez de medios con que se empezó. En la misma línea comentaba Joaquín Navarro, entrenador de los equipos juveniles durante varias temporadas, que «nuestra idea básica era educar en el deporte a los chicos. Los formábamos como personas y los sacábamos de la calle. No nos importaba que las instalaciones fueran precarias. De hecho, –recalca Quino la penuria de recursos– nos regalaron cuatro focos de un campo de tenis para poder entrenar de noche con algo de luz» [9].

Testimonio de esta realidad, son las palabras del teniente de alcalde, delegado del distrito VII (Cerro Águila, Su Eminencia, etc.), Ginés López Cirera en una visita a Altair en 1976: «Estoy más que impresionado por lo que acabo de ver. Nunca podría imaginar que hubiese tantos chicos practicando deporte en Altair. Y lo que más me sorprende es que todo se está haciendo sin ayuda. Estos señores de Altair tienen pedido ayudas a la DND [Delegación nacional de deportes] a fin de construir unas pistas de atletismo, pero hasta ahora esto, está en cajón cerrado. Acabo de hablar con el presidente de Altair y con el director y les he dicho que haré lo humanamente posible para prestarle, no sólo la ayuda que esté en mis manos, la más estrecha colaboración, tanto material como moralmente, a fin de que la ayuda sea efectiva» [10].

Ese contraste se mantiene tantos años después. Así, mientras que hoy en día el más humilde club deportivo de barrio tiene ya campos de hierba artificial, los campos de deporte en Altair aún siguen siendo de albero. En los años iniciales, los campos deportivos fueron de tierra pisada, con el consecuente barrizal en los días de lluvia. Los campos de albero fueron todo un avance en ese momento y también Altair fue pionero en su uso. Desde entonces, el albero ha sido un protagonista permanente en los campos de deporte. Así lo recuerda José María Prieto en Dos días en Altair, refiriéndose a la pequeña pista polideportiva inmediata al pabellón provisional: «Lo primero que hemos procurado en los terrenos de deporte es hacer una pista de albero; como no tenemos dinero, nos lo ha regalado un amigo de Altair. Vino con sus máquinas y nos lo hizo» [11]. Ese hecho ha venido repitiéndose año tras año desde entonces hasta hoy: la empresa constructora Martín Casillas ha colaborado gratuitamente con Altair mantenido los campos deportivos, donando desinteresadamente el albero y aportando altruísticamente la maquinaria y el trabajo de extensión y aplanamiento.

[1] Cfr. “Trofeo Inauguración del Baloncesto… el novato Altair”, en ABC de Sevilla, 10 de noviembre de 1962, p. 40. Esta es la primera noticia periodística de la que tenemos constancia; por eso resulta simpático y acertado el apelativo el novato Altair que usa el cronista en este primer apunte documental con la escueta referencia del Trofeo Inauguración del Baloncesto: …debe imponerse al también novato Altair. El recuadro con su breve pero significativo comentario nos pone a la vista aquellos primeros pasos deportivos de Altair: porque el primer deporte practicado en el Altair de Triana fue el baloncesto

[2] Cfr. “Cursos intensivos en Altair”, en ABC de Sevilla, 27 de junio de 1964, p. 44.

[3] Si tomamos un taxi y pedimos ir a Altair (sin más detalle), inmediatamente y sin excepción, el taxista corrige y pregunta ¿al Altáir? (con acento en la segunda A; en referencia al club de fútbol), o bien añade ¿al fútbol? Porque Altair es conocido y reconocido en la ciudad por el fútbol, por la Escuela Deportiva; el renombre le viene por el deporte, por el fútbol.

[4] Cfr. José Luis García, “Veinticinco años de la escuela: estamos comenzando”, en Revista Altair, XXV aniversario Escuela Deportiva, junio de 1999, p. 3.

[5] Cfr. Recuerdo de José Emilio del Pino Viñuelas, 2 de diciembre de 2016.

[6] Recuerdo de Antonio Gutiérrez Muñoz, en Mesa redonda con motivo del Centenario de san Josemaría, 22 de enero de 2002.

[7] “La solicitud de Altair desestimada” en Diario Suroeste, Sevilla, 7 de enero de 1977.

[8] Benito Castellanos, “José Emilio del Pino, director de la I escuela de fútbol infantil”, en Sevilla, diario de la tarde, 19 de junio de 1975.

[9] “Altair, educar para servir a la sociedad”, disponible en http://opusdei.es/es-es/article/altair-educar-para-servir-a-la-sociedad/, 11 de enero de 2013, consultado el 12 de mayo de 2015.

[10] Benito Castellanos, “Ginés López Cirera en Altair: Puestos de droga en el distrito séptimo”, en Diario Suroeste, Sevilla, 22 de octubre de 1976, p. 19.

[11] “José María Prieto”, en Dos días en Altair, pp. 17-20.

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