Padres, profesores y alumnos

«En Altair –afirmaba José María Prieto en 1970– se conjugan tres elementos: los alumnos, los padres de los alumnos, a los que hay que cuidar tanto como a los primeros, y los profesores. Juntos debemos formar a los chicos en libertad. Se trata de que los niños sean parte de un centro educativo en el que tienen un papel activo, incluso en tareas directivas, con lo que se consigue formarlos en la responsabilidad desde los primeros años. Quiero insistir –continúa José María Prieto– en que en Altair tratamos de dar una enseñanza diferente, cuya principal característica podría ser la de la eficacia. Para ello no dudamos en experimentar fórmulas nuevas, e intentar todo lo que pueda ayudarnos en nuestra tarea. […] La labor y la eficacia de Altair, al que  hay que juzgar –o al menos así los van a juzgar– por sus resultados y nada más que por ellos […] puesto que los que aquí trabajamos procuramos hacer las cosas bien, es decir, con sentido cristiano» [1].

El libro Dos días en Altair recoge una entrevista a cuatro padres de alumnos que nos pueden servir de muestra de las características de la sencillez y humildad de las familias de Altair; viven en la barriada Juan XXIII y en el Cerro del Águila (Archivo histórico de Altair).

El planteamiento educativo propio de Altair era que padres, profesores y alumnos habrían de intervenir en el funcionamiento del centro. Por eso, el contacto y colaboración con los padres de alumnos fue temprano y permanente: «periódicamente, los padres de los alumnos son citados, en pequeños grupos, y en ambiente familiar departen con el director y profesorado» [2]. En diciembre de 1968, se comenzaron los trabajos de creación de la asociación de padres de alumnos. En la primera reunión, los padres ofrecieron su apoyo personal y se mostraron satisfechos de emprender el camino de colaboración con la dirección y profesorado [3].

Los padres son insustituibles en la tarea de educar a sus hijos. Nadie puede suplantar su papel: ni los amigos, ni la sociedad, ni la escuela. Pueden delegar algunas funciones, pero siempre serán ellos los primeros y principales educadores. El niño, el joven, necesita a sus padres, igual que los padres le necesitan a él. De ahí la necesaria colaboración de los padres en el proyecto educativo de Altair [4]. Esta colaboración entre Altair y los padres la entendía perfectamente Manuel Ortiz, padre de cuatro alumnos y, con los años, abuelo a su vez de otros dos: «A través de la experiencia de otros centros educativos donde han estado mis hijos antes de venir a Altair, me he dado cuenta que Altair representa para mí casi la perfección en su forma de enseñanza y formación humana y religiosa. Es un centro donde los padres se encuentran a gusto y donde se comprenden los problemas, tratándolos de resolver en común acuerdo con la familia» [5].

[1] Juan Luis Manfredi, “Instituto Tecnológico Altair, en su tercer año de labor”, en ABC de Sevilla, 7 de mayo de 1970.

[2] José Navarro, “El Instituto Altair, futura solución docente para varias barriadas obreras”, en El Correo de Andalucía, Sevilla, 17 de enero de 1968.

[3] Cfr. “Centro tecnológico Altair, hacia la creación de la asociación de padres de alumnos”, en El Correo de Andalucía, diciembre de 1968.

[4] Cfr. “Entrevista a Rafael Caamaño”, en  Revista de Altair, 30 años, septiembre de 1998, p. 4-5.

[5] “Padres que eligieron Altair”, en Boletín de Altair, nº 15, junio de 1979, p. 12.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s