Fiestas y tradiciones

Si echamos la vista atrás hasta aquel temprano año 1970, sorprende la audacia de José María Prieto cuando explica en el libro Dos días en Altair cuáles eran las fiestas y tradiciones que ya por entonces servían para integrar a las familias en el centro: hablaba de «la fiesta de Navidad que es bastante sonada: se hacen belenes, se decora esto, vienen los padres, y se organizan rondallas, teatros, concursos». Cita Prieto también la fiesta de fin de curso; o las romerías a alguna ermita de la Virgen, como «la de la Virgen del Agua Santa, en Villaverde, donde vamos allí los alumnos y los profesores a visitar a la Virgen» [1]. En los albores de Altair era bastante aventurado hablar de tradiciones. Sin embargo, una vez más las expectativas se vieron desbordadas por los hechos; porque desde entonces hasta hoy no sólo han perdurado aquellas primeras tradiciones sino que han ido surgiendo nuevas, muchas de ellas de gran peso en la historia de estos cinco lustros en Altair.

«El centro tecnológico Altair, invita a usted y su familia a los actos de clausura de curso» dice la tarjeta de invitación a la primera fiesta fin de curso de Altair: llama la atención el respeto con que, en esta primera fiesta fin de curso, se dirige el centro a los padres. Conociendo la extracción social de éstos: obreros (industriales, carpinteros, electricistas), albañiles, jornaleros…, es muy probable que ninguno de ellos hubiera recibido nunca una invitación dirigida con tanta consideración. Era el estilo de Altair desde sus inicios.

La celebración de la fiesta de fin de curso es la tradición con más raigambre en la historia de Altair. Si por algo brillaba y sigue destacando Altair es por las espectaculares celebraciones de fin de curso. En el entorno de Su Eminencia a fines de los años sesenta y principios de los setenta era algo inaudito la celebración de una fiesta de fin de curso, tanto por la excepcionalidad de una celebración de este tipo en el extremo de la ciudad, como por lo insólito de estos eventos, incluso en colegios de solera. Desde entonces han venido celebrándose con la entusiasta participación de los alumnos y profesores y la emocionada animación de las familias.

Las fiestas y tradiciones forman parte del estilo educativo de Altair. Los padres, los profesionales y los alumnos se integran y participan en ellas al unísono, y son un modo de compartir la formación que Altair ofrece con las familias. Como corrobora Jerónimo Vera, profesor de EGB y de primaria, al recordar la participación de las familias en los momentos festivos: «Tal vez, los mejores recuerdos de mi estancia en la EGB fueron las ocasiones que, con motivo de la fiesta de fin de curso, dimos entrada a los padres y madres para no sólo ser espectadores de las pruebas en que participaban sus hijos, sino hacerles a ellos mismos protagonistas de esas pruebas» [2].

Efectivamente, Manuel Sosa, profesor de EGB y primaria, atestigua la importancia de estas celebraciones en la acción formativa peculiar de Altair, porque «el colegio tiene como principio, para poder desarrollar su objetivo pedagógico, la atención a padres. Para Altair lo primero y principal no son los alumnos ni los profesores, lo primero son los padres. Lo novedoso, original y genuino de Altair es la forma en que ha sabido integrar a los padres en el centro». Si bien la participación primordial de los padres se desarrolla a través de las tutorías o las reuniones entre estos y los profesores, o los medios de formación colectivos, no es menos importante la contribución de las familias en los momentos lúdicos del centro. Así lo certifica Manuel Sosa, quien tras describir algunos de estos eventos festivos (día de Andalucía, festival de villancicos, fiesta de fin de curso, etc.) afirma que también «todos estos acontecimientos han ido sembrando la semilla que ha hecho florecer el objetivo educativo que hace de Altair, Altair» [3].

Fiesta fin de curso de 2011.

A lo largo de todos estos años, algunas de las fiestas de fin de curso fueron memorables, como la que recuerda Jerónimo Vera del 25º aniversario de Altair en 1992 en la que «los alumnos de la EGB al completo fueron desfilando con centenares de los globos multicolores que cada uno de los niños soltó de sus manos y se nos fueron perdiendo de la vista en medio de los números aplausos de los asistentes emocionados» [4]. O aquellas que Manuel Sosa define como «verdaderos festivales con grandes montajes donde participaba toda la EGB. Quedarán en el recuerdo dos que fueron muy especiales: La historia del agua y la que se denominó historia de la historia. Ambas fueron grandilocuentes, magníficas donde con el ingenioso trabajo de los profesores y la participación de los padres se lograron dos obras de arte».

Otra cita importante ha sido la celebración del día de Andalucía. La fiesta estaba animada fundamentalmente por Rafael Hidalgo, profesor de manualidades y tecnología, siempre con ideas brillantes y espectaculares, como recuerda Manuel Sosa: «Impresionante fue una de ellas con sus globos aerostáticos y el empapelado del colegio con una enorme e interminable bandera de Andalucía confeccionada por todos los alumnos con papel de seda. Se terminaba el acto cantando o tocando con la flauta el himno de Andalucía alrededor del mástil en el que se izaban las banderas de España, Andalucía y Altair».

Desde los primeros años una fiesta ineludible era la celebración de Navidad con los concursos de belenes, los coros de villancicos o de campanilleros familiares por la calle. Así lo explica Manuel Sosa: «Durante cada Navidad se celebraban en el colegio las distintas actividades para la conmemoración de dicha festividad. Había concursos de adorno de la clase, de belenes y coros de villancicos. En belenes se hacían unos montajes increíbles: los de Rafael Hidalgo eran esperados para ver las distintas innovaciones que introducía cada año y Nicasio Jiménez tenía y tiene una habilidad especial para crear espacios a distintas alturas originando unas perspectivas y volúmenes inimaginables en un escaso metro cuadrado» [5]. La participación de las familias era intensa, siempre con un aire de sanísima rivalidad. Mientras el jurado de los villancicos se retiraba a deliberar, subían grupos de madres y algún que otro padre, a cantar sus villancicos improvisados al escenario del salón de actos [6]. Una de las tradiciones más esperadas era la entrega de regalos por los Reyes Magos a los hijos de los trabajadores. Así lo rememora Manuel Sosa: «Uno de los actos más emotivos y tiernos fue durante tantos años la llegada de sus Majestades de Oriente a Altair, que suponía el retroceder en el tiempo y hacernos todos un poco más niños, a través de la ilusión que veíamos en nuestros propios hijos. Era el momento ideal para que nuestras familias se relacionaran las unas con las otras, nuestros hijos se conociesen y se fueran identificando con la familia de Altair» [7].

Precisamente las fiestas de Navidad y el certamen familiar de villancicos fue el origen de una de las tradiciones de Altair con mayor repercusión en estos últimos veinticinco años: el coro rociero Dejando la huella –auténtica tradición festiva– ha promovido la vinculación de Altair con sus barrios y familias, y llevado además el nombre de Altair por toda la geografía española. El coro rociero nació en el año 1992, con motivo de la celebración del 25º aniversario de Altair, formado por padres, madres, alumnos, profesores, personal no docente y amigos y vecinos, con el impulso principal de Jerónimo Vera. Como él mismo decía en el año 2007: «Hace quince años, un grupo de padres decidimos organizar un coro rociero. Todo empezó en las navidades del año 1992. Como todos los años, Altair organizaba un concurso de villancicos y nosotros nos presentamos como el grupo estrella de Altair. La verdad es que tuvimos mucho éxito y fue mi mujer la que sugirió la posibilidad de organizar un coro rociero. Empezamos pocas familias, y hemos llegado a cantar 80 personas. Lo más importante de estos quince años es que el coro ha sido siempre una ocasión para hacer amigos, estar juntos y disfrutar con la música en familia». Jerónimo atina cuando explica el sentido profundo del nombre del coro: «Está inspirado en una canción de la Hermandad del Rocío de Triana. Pensábamos que ese nombre reunía los requisitos para resumir nuestras actuaciones. No sólo lo pasamos muy bien entre todos, sino que queremos dejar una huella en cada actuación: una huella de alegría, de amistad y, por supuesto, de fe y de devoción cristiana» [8]. «Para todos nosotros, cantar es el pretexto que nos reúne cada semana para ensayar y pasar un rato agradable con los amigos. La convivencia a veces es difícil pero siempre acaba venciendo el cariño; y ahí seguimos una tras otra temporada» [9]. «Un coro de estas características exige mucho trabajo y sacrificio: tenemos dos días de ensayo, los viernes y los sábados por la noche. Nos quedamos a cenar en el colegio y luego ensayamos. Actualmente el coro lo componen más de 30 personas: además de pasar ratos estupendos en los ensayos y otras actividades, el coro –recordaba Jerónimo en 2007– ha actuado en público en 434 ocasiones: misas rocieras, Feria de Abril, campanilleros, etc. Hemos grabado cuatro CD de canciones de sevillanas, de misa rociera y de villancicos, que están teniendo mucho éxito entre nuestros amigos y conocidos» [10]. «También actuamos en los medios de comunicación en directo, como en 1995 en Canal Sur TV en el programa Tal como somos, en Radio 80, o en Capitanía General, además de las actuaciones para el curso de temas sevillanos organizado por el Excmo. Ateneo de Sevilla. etc.; y en numerosas iglesias de Sevilla; y en las provincias de Jaén, Huelva, Cádiz». Pero quizá las que con más afecto rememora Jerónimo, «fueron las misas rocieras cantadas ante la Virgen del Pilar en su basílica de Zaragoza, o ante la Virgen de Torreciudad en Barbastro (Huesca); y especialmente las cantadas ante la Virgen del Rocío en su ermita de Almonte con motivo de nuestro camino por la Raya Real, que cada año organizamos desde Altair» [11]. «De entre todas, por su significado, me quedo –acaba Jerónimo–  con el viaje en 2002 a Roma con ocasión de la canonización de san Josemaría Escrivá, fundador del Opus Dei. Tuvimos el honor de recibir una carta de Juan Pablo II y también dos cartas del Prelado del Opus Dei, Monseñor Javier Echevarría. De su última carta me quedo con una frase que nos escribió: Encomiendo el Coro Rociero. Rezad, mientras cantáis» [12].

Desde hace muchos años viene siendo una tradición ilustre de Altair la ceremonia de  imposición de becas a los alumnos que terminan sus estudios de bachillerato o de formación profesional. Es una costumbre –según recoge la revista de Altair de 1997– que se remonta nada más y nada menos que a la Edad Media. El acto académico, tras las diversas intervenciones culmina con la imposición de una banda de color –la beca– sobre los hombros de los alumnos, con el escudo de Altair colocado simbólicamente sobre su corazón. Año tras año el acto académico congrega a las familias al completo en el salón de actos, lleno a rebosar. Está presidido en primera fila por el claustro de profesores de los diferentes grupos que terminan el curso, y los profesores invitados. En dicha ceremonia se ha hecho tradición la conferencia de algún antiguo alumno significado en la sociedad sevillana y española: así, en los últimos años han intervenido directores de medios periodísticos como Diego Suárez Sánchez; titulares de Universidad como José Manuel Bautista Vallejo; o Carlos Domínguez Díaz, Embajador del Reino de España [13]. Hasta tal punto la propia ceremonia ha significado una expresión de la excelencia educativa de Altair que el formato de las intervenciones ha inspirado a otros centros de enseñanza secundaria e incluso a algunas facultades universitarias [14].

[1] “José María Prieto”, en Dos días en Altair, pp. 23-27.

[2] Recuerdo de Jerónimo Vera Sánchez, 24 de octubre de 2016.

[3] Recuerdo de Manuel Sosa Duarte, 15 de enero de 2017.

[4] Recuerdo de Jerónimo Vera Sánchez, 24 de octubre de 2016.

[5] Recuerdo de Manuel Sosa Duarte, 15 de enero de 2017.

[6] Cfr. Recuerdo de Jerónimo Vera Sánchez, 24 de octubre de 2016.

[7] Recuerdo de Manuel Sosa Duarte, 15 de enero de 2017.

[8] “Dejando la huella durante 15 años”, en Boletín informativo Altair,  nº 39, abril de 2007, p. 7.

[9] Recuerdo de Jerónimo Vera Sánchez, 24 de octubre de 2016.

[10] “Dejando la huella durante 15 años”, en Boletín informativo Altair,  nº 39, abril de 2007, p. 7.

[11] Recuerdo de Jerónimo Vera Sánchez, 24 de octubre de 2016.

[12] “Dejando la huella durante 15 años”, en Boletín informativo Altair,  nº 39, abril de 2007, p. 7.

[13] Cfr. “Imposición de Becas”, en Altair al día, nº 2, segundo trimestre, 1997, p. 3.

[14] Cfr. Recuerdo de Francisco Sánchez Muñoz, 19 de febrero de 2017.

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