El territorio de Altair

Altair fue erigido en su nuevo emplazamiento en julio de 1967 en una parcela de casi seis hectáreas segregada de la Hacienda Su Eminencia al otro lado de la carretera [1]. Como ya vimos, la orden ministerial delimitaba con precisión el alcance de su territorio: «se establecerá en la zona con los barrios circundantes de La Plata, La Candelaria, barriada de Juan XXIII, Santa Teresa, Amate y Cerro del Águila» [2]. «Las fronteras de Altair –describe José María Prieto– son: al oeste el antiguo cauce del Tamarguillo, aquel que se inundó. Al este la misma carretera de Su Eminencia. Al norte la carretera de Málaga… Al sur la autopista de la Universidad Laboral. Los barrios que rodean Altair son: La Plata (la llamada antes ciudad sin ley), y Juan XXIII, una barriada del Instituto de la Vivienda, muy bien realizada, con grandes bloques, bloques medianos y casas individuales. Más lejos está la barriada de Santa Teresa, Virgen de los Reyes, Amate, y unas barriadas que están en muy malas condiciones: La Candelaria, Los Pajaritos, Madre de Dios… La otra zona que rodea Altair es la Negrilla, con vaquerías y sitios de trabajo de campo. De estas cuatro zonas es de donde vienen los alumnos de Altair. Un espacio donde viven ciento cincuenta o doscientas mil personas. En ellos vive gente que ha venido de suburbios, de refugios de las inundaciones; o de la Vega de Triana. Encuentran una casa buena y sienten deseos de cambiar, de promocionarse. Casi una cuarta parte de los alumnos viene de Juan XXIII. Pues sí. Esta zona, junto a la Macarena y Triana son las zonas más obreras. [En este inmenso territorio], en el año sesenta y siete había una escasez enorme de puestos escolares de enseñanza primaria. Y en enseñanza media y profesional, absolutamente nada» [3].

Altair y sus barrios en la periferia este de Sevilla en 1977 (Infografía de Luis Augusto Pascual).

En los barrios asignados, entre el Tamarguillo y Altair, no existía ningún instituto de enseñanza media o secundaria y escasísimos colegios nacionales de enseñanza primaria [4]. El propio Instituto Martínez Montañés, que se había inaugurado el mismo año que Altair, estaba situado en el ensanche que iba ocupando la población acomodada: el barrio de Nervión. En la Sevilla de esos años se podían contar con los dedos de la mano las escuelas de formación profesional. Se evidenciaba igualmente la necesidad de centros de enseñanza media oficiales y gratuitos. Hasta tal punto llegaba esa penuria de centros escolares, que aún a mediados de la década siguiente no había mejorado la situación. En 1975 lo confirmaba el propio teniente de alcalde delegado del distrito VII, Cayetano Domínguez Delgado, cuando se lamentaba de la escasez de centros escolares de la zona, entre el Tamarguillo y Su Eminencia: «No contamos ni con instituto ni con escuelas profesionales (sólo existe la de Altair), y los muchos colegios que hay se desdoblan con asistencia a las clases de unos niños por la mañana y otros por la tarde» [5].

Efectivamente, Altair iba a atender las necesidades educativas de un amplísimo espacio urbano en la periferia extrema al este de Sevilla. El territorio arrancaba una vez traspasada la frontera del Tamarguillo y tenía su confín en el extremo este del término municipal. Al sur, el límite lo establecía la carretera de Utrera; y al norte, la carretera de Málaga. Como ya hemos descrito, este espacio, antes de constituir una importante área de expansión urbana de la ciudad, había sido un territorio rural ocupado por fincas agrícolas.

A lo largo de todos estos años en este sector de la ciudad fueron desarrollándose numerosos programas urbanísticos y crecieron múltiples barrios. Como hemos visto, El Cerro del Águila fue el más temprano; siguieron los núcleos de Amate (Regiones Devastadas o Cuatro Cancelas, las casitas unifamiliares, Santa Teresa, Virgen de los Reyes); el conjunto de Tres Barrios (La Candelaria, Los Pajaritos, Madre de Dios); San Ginés, La Plata y Juan XXIII, inmediatos a Altair; y Palmete con La Negrilla, La Doctora, San José y Padre Pío, al otro lado de la antigua carretera de Su Eminencia; y más lejos la barriada de Torreblanca. Aun así, durante muchos años, Altair no tuvo otro entorno que las fincas rurales de los antiguos cortijos y haciendas del este de Sevilla.

Cuando nace Altair, todavía quedaban muchos espacios vacíos que a partir de entonces habrían de ser ocupados por nuevos núcleos y nuevas barriadas que se convertirían en nuevas zonas de atracción mutua: Rochelambert, La Rosaleda, La Atalaya, El Trébol, inmediatos a Altair a este lado de la carretera de Su Eminencia; La Romería, Santa Aurelia, al otro lado del Parque Amate; la barriada García Lorca cruzando la antigua carretera; y en las últimas décadas  aparecería la Nueva Negrilla o el Nuevo Palmete, al otro lado de la autovía de circunvalación.

Pero si hay un elemento que define los barrios desde sus orígenes hasta nuestros días es el carácter humilde, obrero e incluso marginal de casi todos esos proyectos. Hasta el punto de que en nuestros días, los últimos núcleos construidos al otro lado de la circunvalación SE-30, han sido edificios de protección oficial y, aun siendo de cierta calidad, no dejan de corresponderse con las siguientes generaciones de aquella población genuina de la periferia este. De hecho, la población de los barrios de Altair se ha mantenido dentro de unos parámetros socioeconómicos semejantes durante esos cincuenta años. Si ha evolucionado o mejorado sus condiciones de vida ha sido en la medida que ha cambiado positivamente la sociedad y la ciudad en los últimos decenios.

[1] Cfr. Escritura de compraventa otorgada por la Excma. Sra. Doña María Arteaga Falguera a favor de la “Sociedad anónima para el fomento de enseñanzas del sur” (SAFES) el 24 de mayo de 1967, inscrita en el Registro de la Propiedad de Sevilla al folio 91, tomo 879, libro 387, 3ª sección, finca 21.674, inscripción 1ª. La parcela de Altair nace por segregación de la finca conocida como Su Eminencia. La Sociedad anónima para el fomento de enseñanzas del sur (SAFES), presidida por don Diego Díaz Domínguez y representada por don Jaime Termes Carrero, como consejero delegado, compró los terrenos a la Excma. Señora doña María Arteaga Falguera, Marquesa de Távara, propietaria de la finca.

[2] “Decreto 1535/1967, por el que se crea la Sección Filial nº 2, masculina, del Instituto Nacional de Enseñanza Media San Isidoro” en B.O.E. 15 de julio de 1967, núm. 168.

[3] “José María Prieto”, en Dos días en Altair, pp. 17-18.

[4] Cfr. “José María Prieto”, en Dos días en Altair, pp. 17-18.

[5] Remigio Ruiz, “Don Cayetano Domínguez Delgado, teniente de alcalde delegado del distrito VII”, en ABC de Sevilla, 7 de septiembre de 1975, p. 32.

 

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