Altair en Triana

Tanto el Club como el Instituto Altair se fundaron en el popular barrio sevillano de Triana. Así surgió –en la planta baja de un inmueble situado en la calle López de Gomara, nº 21, entre Triana y El Tardón– el primitivo Instituto Altair, como complemento de un club deportivo y cultural que desde 1962 venía desarrollando su actividad patrocinado por el departamento de extensión cultural del Colegio Mayor Guadaira.

En 1963, las clases se iniciaron en locales especialmente acondicionados a tal efecto. Asistieron alumnos de las barriadas de Triana, El Tardón, Barrio León, La Dársena y El Turruñuelo (Archivo histórico de Altair).

En Altair recibieron cursos de enseñanza media numerosos chavales de aquellos barrios. Los antecedentes hay que buscarlos en unas clases de bachillerato radiofónico que algunas personas del Opus Dei promovieron en este populoso barrio. Efectivamente, el Instituto Altair fue el primer centro sevillano, que puso en práctica el bachillerato radiofónico con aulas y elementos audiovisuales exclusivamente dedicados a este fin [1].

El comienzo fue precedido de un curso intensivo de verano, en el que participaron treinta y siete niños de ocho a once años, de las barriadas de Triana, El Tardón, Barrio León, La Dársena y El Turruñuelo. Las clases se iniciaron en locales especialmente acondicionados a tal efecto. Los profesores eran licenciados en Ciencias y Letras. El objetivo principal era facilitar el acceso a las profesiones de grado medio de todos los muchachos suficientemente capacitados, independientemente de sus condiciones sociales. En la sección diurna se impartía el bachillerato elemental para hijos de obreros y empleados, y en la nocturna para adultos.

En la sección diurna se impartía el bachillerato elemental para hijos de obreros y empleados, y en la nocturna para adultos (Archivo histórico de Altair).

Los padres de estos chicos eran administrativos, metalúrgicos, carpinteros, albañiles, varilleros, clasificadores de corcho, jornaleros del campo, vendedores de cupones de ciegos, y otros oficios; algunos eran huérfanos de padre [2].

Leemos en los anuncios de prensa que entre julio y septiembre de 1964 se organizaron «del 6 de julio al 15 de septiembre, cursos intensivos de preparación de ingreso y primer año de bachillerato en el Instituto Altair, López de Gomara, 21 (barriada de San Gonzalo), Triana. El horario de las clases será de ocho de la mañana a dos de la tarde» [3]. La mención a San Gonzalo quizá se utilizó como lugar de referencia más conocido y, con ello, se buscaba atraer a los alumnos de estos barrios más extremos y necesitados.

En el recreo en calle López de Gomara (Archivo fotográfico de Altair (Archivo histórico de Altair).

Transcribimos un clarificador artículo periodístico de mediados de la década de los sesenta. El texto define con gran acierto la actividad de Altair que, ya en aquel temprano año de 1965 de Triana, intentaba elevar el nivel humano y espiritual de las gentes humildes de aquel barrio: «El centro de formación Altair ha sido creado para resolver este doble y angustioso problema –se refiere el autor a la escasa formación humana y cristiana–. Trata de elevar hasta la altura de los tiempos a esa olvidada población trianera. Allí acuden muchos jóvenes –y los padres de esos jóvenes– que alterna día a día la formación cultural, mediante cursos de bachillerato, de idiomas, etc. con la deportiva (cuyas competiciones complementan la formación humana al enseñarles algo tan importante como el afán de superación, la aceptación sonriente de la derrota cuando se produce, el trabajo en equipo…), la religiosa (a través de cursos de retiro, tertulias y conferencias) y la social (rondallas, excursiones, etc.). Y hasta tal punto se procura enseñarles la idea de solidaridad social, de la fraternidad humana, que son frecuentes las visitas a hospitales y sanatorios para sufrir con el que sufre, para animarles y para no perder de vista la fragilidad de todos los planes y ambiciones humanas» [4]

Bandera de la antigua Rondalla del Altair de Triana (Archivo histórico de Altair).

En definitiva, Altair tuvo un largo prolegómeno antes de dar el paso definitivo al otro extremo de la ciudad, a Su Eminencia. De hecho, antes de que en Triana se dieran los primeros pasos, ya estaba en la mente de sus promotores un proyecto educativo de carácter social. Así, explica José María Prieto –el futuro director del Altair de Su Eminencia–: «La primera noticia, la primera vez que escuché hablar del proyecto, fue en septiembre u octubre de 1959. Entonces estaba preparando oposiciones de instituto, de Filosofía; y me dijo Javier de Pedro, director del Colegio Mayor Guadaira: A ver si haces un esfuerzo y lo sacas, porque hay aquí una idea de hacer un centro en las afueras de Sevilla… la fórmula sería como la de Tajamar. Una Sección Filial que pide el Ministerio que sea un catedrático de instituto. En diciembre hice las oposiciones y las aprobé. Eso significaba que desde el año 1959 había personas que estaban pensando en el proyecto. […] Pasado el tiempo,  el año 1964 Miguel Ferrer me volvió a insistir y precisar el proyecto. Hablábamos del asunto y muchos fines de semana nos encerrábamos él y yo en Los Álamos, una casa de retiros en el Aljarafe. Allí pasábamos todo el sábado y el domingo, haciendo los planes, escribiendo memorias… Y, creo que en el año 1966, me dijo Miguel: Hay un grupo que está a punto de conseguir unos terrenos. Fuimos a la carretera de Su Eminencia y lo que allí había era un olivar, muchas vacas y no había nada más que eso. Ese fue el primer contacto visual que tuve» [5].

El traslado al nuevo emplazamiento no fue improvisado. Un año antes de la instalación del centro educativo, se dieron los primeros tanteos y se empezó a dar catequesis de primera comunión y clases de formación humana en Su Eminencia, como nos descubre Rafael Olivares, secretario de Safes en 1967: «Desde el año 1966, se estaba haciendo labor en esas barriadas y se organizaban clases de catequesis en la Parroquia de Juan XXIII. Al mismo tiempo comenzaron charlas de formación humana, en un bar de Su Eminencia, llamado bar El Platillo, por los zócalos, que eran de platillos [chapas de botellines] de cervezas clavados con puntillas. Más tarde conseguimos que nos dejaran un salón de la Parroquia de nuestra Señora del Carmen, en Su Eminencia. Cuando empezó Altair, también pudimos trasladar allí los medios de formación» [6].

[1] Cfr. Gloria Gamito, “El Centro de Estudios y Formación Profesional Altair cumple diez años de existencia”, en ABC de Sevilla, 20 de mayo de 1977, p. 27.

[2] Cfr. “Clases de bachillerato en Altair”, en ABC de Sevilla, 24 de octubre de 1963, p. 44.

[3] “Cursos intensivos en Altair”, en ABC de Sevilla, 27 de junio de 1964, p. 44. Altair estaba situado en la calle López de Gomara, en al acera opuesta, frente a la barriada de San Gonzalo.

[4] José Luis Campuzano, “Altair a la altura de los tiempos” en ABC de Sevilla, 14 de diciembre de 1965, p. 28-29.

[5] Recuerdo de José María Prieto Soler, 11 de abril de 2016.

[6] Recuerdo de Rafael Olivares Márquez, marzo de 2012.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Aquí reproducimos los textos que, Dios mediante, verán la luz como libro conmemorativo de este medio siglo de Altair. Mientras tanto, hasta que se publique el libro, aparece disponible el preámbulo de cada uno de esos temas.

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