Luis Medina Cantalejo

Entrevista a Luis Medina Cantalejo, ex árbitro internacional y antiguo alumno de Altair

Fue noticia hace breves fechas por el justo reconocimiento de la Diputación de Sevilla, que tuvo a bien otorgarle la Medalla de Oro de la Provincia, “por toda una década de impecable trayectoria profesional en una dedicación siempre cuestionada, como es la del árbitro”. Luis Medina Cantalejo se despidió en la temporada 2008/2009 del mundo del arbitraje, y lo hizo por todo lo alto. Además de pitar la Final de la Copa de S.M. El Rey, disputada entre el FC Barcelona y el Athletic Club de Bilbao, Medina arbitró la Final de la UEFA Cup 2009, el 20 de mayo de ese año en Estambul, entre el Shaktar Donetsk ucraniano y el Werder Bremen alemán.

Luis Medina Cantalejo en Altair: “Altair me aportó para la vida, principalmente, un gran sentido de la responsabilidad”

Antes de nada, enhorabuena por el reconocimiento recibido por parte de la Diputación de Sevilla. ¿Recuerda su etapa de estudiante en Altair?

Mucho, sin duda. Como estudiante, entré a finales de los 70 en 1º BUP, y finalicé en 1982 con el ya desaparecido COU. Tengo recuerdos imborrables desde la convivencia en Almodóvar del Río hasta mi marcha, momento en el que entraron mis dos hermanos. La EGB la estudié en un colegio cerca de mi barrio de toda la vida, Híspalis, al lado del Cerro del Águila.

¿Cuál fue el motivo principal de su entrada en Altair?

Miguel Luque y Luis Medina

Sinceramente, yo quería estudiar en el Instituto Martínez Montañés, ya que todos mis amigos del colegio se inscribieron allí. Sin embargo, mi padre era amigo del director de Altair de aquella época y ni me consultó. Lo tenía claro. Además, yo ya jugaba en la Escuela Deportiva desde Infantil, con el gran Miguel Luque, por lo que no me costó mucho la entrada en el colegio.

Tras el paso de los años, ¿qué valores cree que le aportó Altair?

Principalmente, sentido de la responsabilidad. Nunca olvidaré que nos apretaban mucho para sacar lo mejor de nosotros. Teníamos hasta exámenes en Feria. En cuanto a la EDA, fundamentalmente, el sacrificio. Y además de los valores, Altair me aportó ejemplos a seguir, con los magníficos profesores que tuve, y amigos para toda la vida.

Sé que es una pregunta difícil, pero, ¿qué profesores le marcaron más?

Muchos, la verdad. Recuerdo a D. Eduardo Mena, D. Luis Augusto Pascual, D. Eduardo Gentil, D. Aurelio Gutiérrez, D. Vicente Rodríguez, D. Mariano Hernández Barahona, D. Manuel Durán… Sé que alguno se me puede olvidar. Yo era buen estudiante y me llevaba bastante bien con todos. De hecho, me pasaba casi el día entero aquí, solo me faltaba dormir. De las clases a la EDA y de ahí a estudiar. Pero ahora echo la vista atrás y solo me vienen buenos momentos, por eso siempre es una alegría para mí entrar en este colegio, solo con verlo esbozo una sonrisa.

¿Mantiene contacto con sus profesores o compañeros de promoción?

Con mis compañeros sigo manteniendo contacto a través de un grupo de What’sApp, solemos quedar para almorzar de vez en cuando, sobre todo en Navidad, y nos acordamos de las clases, de los profesores, anécdotas o excursiones.

¿Cuál es la anécdota que recuerda con más cariño?

Luis Augusto Pascual, Vicente Rodríguez y Mariano Hernández-Barahona.

Fue algo que me ocurrió en clase. D. Luis Augusto nos daba una de sus lecciones de Historia o Geografía. Era la época en la que se dejó una poblada barba. Desde dentro del aula, vi a un profesor que daba saltos para mirar por la ventanilla desde fuera. Se llamaba José María, y también tenía barba, aunque era bastante más bajito que D. Luis Augusto. Como me quedé un rato observándolo, D. Luis Augusto me preguntó: “¿Y tú qué estás mirando?”. A lo que le respondí: “Es que su hijo está ahí fuera dando saltitos”. Evidentemente, mi comentario conllevó al jolgorio general, pero también supuso una carta para mis padres, una falta de comportamiento y la expulsión automática de la clase. Desde entonces, me quedé más tieso que una vela. Aunque mis compañeros de promoción siguen recordándome la anécdota.

¿Cómo definiría la relación de Altair y el deporte?

Por lo que tengo entendido, fundamental desde sus inicios. De hecho, en mi época de jugador, la EDA era la única escuela deportiva en Sevilla. Había equipos de menores de 18 años, como el del Portaceli, Salesianos o Colspe, pero no una escuela como esta, con niños desde los 5 o 6 años hasta los 17-18. El único modelo similar era el de los dos clubes sevillanos, Betis y Sevilla.

Año 2005, 25 aniversario de la promoción de 1981-82

Además, como indiqué anteriormente, yo entré en el equipo Infantil de la EDA y me marché ya en juveniles. Solía jugar de delantero y fui máximo goleador durante muchos años. Tuve entrenadores como Miguel Luque, José Emilio del Pino, Quino Navarro o Paco López (actual director de Formación en la Federación Andaluza de Fútbol). Mi base física se forjó sin duda aquí, con entrenamientos muy duros. Empezábamos a finales de verano. No hay que olvidar que de la EDA han salido jugadores profesionales como Francisco, Adrián o Tevenet.

Tras destacar como delantero, como vemos, ¿qué le motivó a incorporarse al mundo arbitral?

El último año de juvenil fui convocado por la Federación Sevillana de Fútbol, y fuimos campeones de Andalucía. Aparecieron equipos interesados en mí, incluso para irme fuera de Sevilla, pero mi padre, que fue árbitro profesional, quería que siguiese la tradición. Por dejarle tranquilo, probé, y fíjate, 26 años en activo y ahora 9 ya en la dirección técnica de la Federación Española de Fútbol. Los principios fueron duros, entre Regional y Preferente, pero un grupo de amigos que pude reunir en este mundo arbitral me ayudó mucho.

¿Cómo fue su evolución?

Tras esos años en las categorías inferiores, me fueron ascendiendo hasta llegar a la primera división con 33 años, si no mal recuerdo en 1998. Debuté en un Real Sociedad-Real Oviedo. Tras tres años, me convertí en internacional. Todo fue muy bien, tras unos exámenes selectivos en Mónaco. Me seleccionaron para el Europeo sub 21. Pité el partido inaugural y la final, lo hice muy bien y entré ya en la Top Class (encuentros de Champions, UEFA y selecciones). Tras el Mundial sub 20, el colofón fue asistir al Mundial 2006, en Alemania, donde pité cuatro partidos y estuve de cuarto árbitro en la final. De los colegiados españoles que han estado en un Mundial (Díaz Vega, López Nieto, Velasco Carballo, y ahora en Rusia Mateu Lahoz), el que más partidos ha dirigido soy yo: Alemania-Polonia, Argentina-Holanda, Italia-Australia y Brasil-Francia, en cuartos. Todos pensaban, incluso, que pitaría la final entre Francia e Italia, pero prefirieron un árbitro americano como el argentino Horacio Elizondo.

Y en esa final, el famoso cabezazo de Zidane a Materazzi…

Yo estaba sentado en mi posición de cuarto árbitro y lo vi clarísimo. Como ya teníamos intercomunicador, se lo dije al árbitro principal, Elizondo, que evidentemente no se percató porque la jugada estaba en otro lado. Solo lo vio Buffon desde su portería, justo detrás y cerca de la acción, por eso salió corriendo a protestar. Desde entonces, parece que no he hecho otra cosa en mi vida… Y eso que he arbitrado en un Mundial, partidos de Champions, finales de Copa y Supercopa, etc.

Entonces, ¿se lo siguen recordando mucho en el mundo del fútbol?

Sí, pero sobre todo desde un punto de vista humorístico. Por mi trabajo en la FEF, me encuentro a muchos jugadores de entonces, como Roberto Carlos, Carboni, Raúl, Pujol o Hierro, y siempre nos damos un abrazo con cariño y recordamos esas anécdotas en el terreno de juego. Aunque yo nunca he concebido la amistad con los jugadores, todos me dicen que tienen un grato recuerdo mío. Con el paso del tiempo, cada vez te recuerda menos gente, eso sí.

¿Cuál es su función en la dirección técnica del comité técnico de árbitros de la FEF?

En primera instancia, yo soy técnico en la Consejería de Hacienda de la Junta de Andalucía, pero no quería perder el vínculo con el arbitraje, de ahí que entrara en este comité. Mi función en la dirección técnica es hacer un seguimiento de la profesión desde 2ª B a 1ª. Hacemos un informe de la actuación del árbitro y hablamos con él para aconsejarlo. Esta misma función también la llevo a cabo para algunos partidos de UEFA o FIFA, siempre que mi trabajo y mi familia me lo permiten. Ahora con el cambio de presidente en la FEF se va a producir una reestructuración de los comités, pero lo más probable es que los cambios afecten más a los cargos directivos, por eso se habla de la llegada de Carlos Velasco Carballo.

¿Qué diferencias ve entre el fútbol actual y el de su época como árbitro?

De hace quince años a hoy, profesionalización absoluta y el hecho de que todos los partidos sean televisados. Además, la velocidad del juego ha crecido una barbaridad, y el futbolista es todo un atleta. Solo hay que observar y comparar con las ligas sudamericanas o las de menor nivel del resto de Europa. También está entrando la tecnología, como el VAR, que ya veremos con rotundidad en este Mundial de Rusia y en la próxima temporada de nuestra Liga.

¿Qué opinión le merece el VAR?

No es opinable, es una demanda de la sociedad. Es lo que hay, como cuando en las oficinas entraron los ordenadores. En cierto tiempo veremos los resultados. Lo fundamental es que, tras consultar, la decisión sea siempre la correcta, si no la controversia seguirá. De todas formas, solo se visualizarán las jugadas muy claras, nada de grises. Y no hay que olvidar que el ojo de halcón no está incorporado, ya que conlleva otra técnica de cámaras y chips.

El VAR, por tanto, está preparado para penaltis, pitados o no pitados, goles anulados o concedidos en fuera de juego, agresiones fuera del campo visual del árbitro o errores en la amonestación a un jugador. Quizá en un futuro se cambiarán o añadirán cosas. Por supuesto, el público no podrá ver por los videomarcadores una jugada polémica, algo que me parece lógico. También es buena idea que nadie puede acercarse al árbitro cuando mira en la pantalla para analizar la jugada. Hablamos de dos árbitros y dos técnicos de televisión por partido. El colegiado recibe el comentario para revisar o pide revisar a los técnicos. Eso sí, la consulta y la decisión deben darse lo más rápido posible, para no ralentizar el espectáculo.

En definitiva, hablamos de un sistema de apoyo que evitará los errores garrafales: fueras de juego claros, goles con la mano, expulsiones injustas, penaltis evidentes…

Como sevillano y conocedor de nuestro fútbol, ¿qué experiencia tiene con Betis y Sevilla, Sevilla y Betis?

Evidentemente, nunca les he pitado en competiciones oficiales, pero sí en trofeos como el Carranza o el Colombino, además de un Betis-Sevilla a principios de los 2000 en el Olímpico. Yo no quería dirigirlo, aunque fuera un amistoso, pero todos se pusieron de acuerdo para que lo hiciera. Fue toda una experiencia, con Caparrós y Víctor Fernández en los banquillos. De todas formas, tengo una relación extraordinaria con ambos clubes, de lo que me enorgullezco.

Otra cosa es lo que me han dicho los compañeros de los derbis. Es algo muy especial, para el árbitro también. Yo he pitado hasta varios Barça-Madrid, pero la mayoría me dicen que como se vive aquí, no se vive en ningún lado. Y eso que ahora no son los derbis de antes, con más canteranos que se repartían de lo lindo en el campo, pero después se iban a comer juntos.

¿Cuál ha sido su partido más complicado?

Recuerdo varios Osasuna-Real Madrid, siempre en El Sadar. Hubo uno, tras varios arbitrajes polémicos a Osasuna, con un ambiente súper crispado. Menos mal que no pasó nada y el Madrid ganó la Liga precisamente ese día. A esto siempre hay que añadir los clásicos, donde un error se maximiza una barbaridad. El peor fue el primero en el que Figo volvía al Camp Nou tras irse al Real Madrid. Tuve que parar el partido por los lanzamientos de objetos, que por cierto detallé a la perfección y al final no supuso la clausura del Camp Nou.

¿Y su mayor error?

En mi segundo Barça-Real Madrid, el asistente me cantó un penalti de Roberto Carlos a Van Bommel, que después en televisión se comprobó que no lo fue por apenas tres centímetros. Expulsé a Roberto Carlos y a Guti, en fin… Con el VAR, ese error no se hubiese producido. Fue un fallo grave por ser un clásico, pero como siempre digo el error es consustancial al arbitraje. Sin embargo, como siempre, llovieron los palos desde una parte de la prensa nacional.

¿Sigue practicando deporte?

Ya no juego al fútbol, pero sí hago running y spinning. Además, me encanta ver a mi hijo Luis jugando. A veces, al terminar los partidos, hablo con los chavales que arbitran, para animarlos sobre todo. No hay que olvidar que esto es un juego, nunca entenderé a los padres que insultan a los árbitros o incluso a los jugadores. Esto se lo inculco siempre a mi hijo.

¿Qué le parece la colaboración de sus compañeros en radio o TV deportiva?

Me hicieron ofertas, pero preferí seguir con los míos en la FEF, que me gusta mucho. Mis compañeros lo hacen muy bien en la actualidad, es algo muy interesante. Sé que hay medios que meten mucha presión, pero la mayoría hace muy bien su labor, han desaparecido aquellos ex árbitros que iban a los medios con ciertos remordimientos. Juan Andújar e Iturralde, por ejemplo, son ecuánimes en ese sentido.

Por último, Luis, ¿recomendaría el arbitraje a los alumnos de Altair?

Por supuesto, primero porque haces deporte y vas a conocer amigos para toda la vida. Además, se madura mucho antes y ves una nueva faceta del fútbol. Incluso económicamente, es una profesión interesante. Conoces mundo, aprendes el respeto por el juego, todo esto ayuda mucho en la vida. Yo era una persona de pronto fuerte y el fútbol me ayudó a canalizarlo. Siempre pensaré que un padre o una madre preferirá un hijo deportista que comprende y respeta, siendo árbitro, que un hijo futbolista que insulte o menosprecie, aunque sea un gran goleador. Y evidentemente, en Altair, me enseñaron a respetar, a esforzarme, a que nadie regala nada: trabajo, esfuerzo, sacrificio.

Por ejemplo, tengo amigos, con gran formación y trabajos de alto nivel, que se transforman en otras personas con el fútbol. Algunos de ellos tienen hijos que arbitran, y han cambiado su prisma de visión una barbaridad.

 

 

 

José Carlos Jaenes Sánchez

José Carlos Jaenes Sánchez, antiguo alumno de Altair. Psicólogo y presidente del Congreso Mundial de Psicología del deporte 2017.

Yo era un niño de los Pajaritos de una familia humilde, trabajadora. Entré en Altair con 13 años después de haber pasado por dos colegios anteriormente, no era mal niño, pero los estudios no eran mi mayor interés, el fútbol ocupaba toda mi pasión. Felicidad Loscertales habló con don José María Prieto y recuerdo ir al barracón donde después estaría Trabajos Manuales y los talleres a una entrevista con él, que era el Director y creo recordar que hice incluso alguna prueba psicológica.

Me apasionaba jugar al fútbol, solo pensaba en jugar con el balón, no era buen estudiante. Pero tuve la gran suerte, en mi infancia, de conocer a Felicidad Loscertales, ahora catedrática emérita de Psicología Social. Ella ha sido una luz en mi vida, me ha abierto caminos, me ha enseñado a afrontar los problemas y dificultades con una actitud positiva. Tras cambiar varias veces de colegio, entré en Altair y me convertí en buen estudiante. Mi familia era muy humilde, ya éramos tres hijos, y gracias a Felicidad tenía ayuda para comprar libros, para pagar la matrícula.

En Altair me dijeron que había una posibilidad de trabajar como botones en una empresa de Psicología, Dopp Consultores, y me presenté a la selección. Entré con 14 años, y pasé a estudiar en Altair en el horario nocturno. Acababa a las diez y cuarto de la noche, y como a esa hora ya no podía jugar al fútbol porque no había iluminación, me ponía a correr dando vueltas al campo. Y descubrí que me encantó. Cada vez daba más vueltas, cada vez me gustaba más. Y viendo por televisión en 1972 los Juegos Olímpicos de Munich ya me enamoré del atletismo y se convirtió en una de las vías para encauzar mi vida

Definitivamente empecé en 3º de Bachillerato en el edificio grande, y recuerdo tener que llegar en invierno entre cardos borriqueros, abriéndonos camino con un palo y el frío tan tremendo que hacía en la entrada del edificio, allí parecía que nacía el viento. De pasar de ser un niño que le quedaron 7 en 1º y 5 en segundo terminé el curso de 3º limpio y habiendo aprobado la que aún tenía de 1º y dos de segundo.

Recuerdos muchos, el fútbol, jugar en el equipo de Altair era algo inolvidable, con don José Emilio del Pino aprendí lo importante que era entrenar, tener valores cuando se practicaba deporte, me dio la oportunidad de hacer amigos inolvidables y tener recuerdos imborrables, el partido de fútbol con Quino, exjugador del Betis, ir a los campos de Porta Coeli, que por entonces tenía dos puertas, una de los niños de pago y otra de los que no, jugar en césped en la Universidad Laboral hoy Universidad Pablo de Olavide donde soy profesor de Psicología del Deporte.

Personas, allí lo importante eran las personas, don Luis Calvente con su buen humor eterno, don Cesar Villalonga, sacerdote expiloto de Mirage que tanto me enseño y me cuidó y con él aprendí mi pasión por los aviones, siempre recordaré nuestras “charlas” que tanto bien me hicieron, Ignacio Domínguez, a la sazón lo recuerdo trabajando de administrativo, o don José María García, el bibliotecario al que alguna vez sorprendimos subido en un taburete “dirigiendo” un concierto de música clásica que sonaba en un tocadiscos.

Al trabajar en Dopp pasé al nocturno, y no se puede tener más suerte con los profesores que bien nos enseñaron, don Juan Fabián de quien a prendí a amar la Historia, de hecho soy licencia en Historia, don Juan Parejo, don Alberto Sánchez Bañuls y el teatro; don José Manuel López Arenas, don Eduardo Gentil, aunque odiaba las matemáticas, don Manuel Álvarez Fijo y las clases de Dibujo, don Jacobo Cortines y don Patricio Peñalver que luego fueron mis profesores en la Universidad… muchos, muchos profesores que más allá de enseñar, nos dieron herramientas para salir del barrio, para mirar hacia delante y arriba, ejemplos de cariño, de cuidado personal. Valores.

Allí a los 15 años surgió mi amor por correr, que ha marcado mi vida desde entonces y me ha hecho acercarme al deporte como profesión, con don Agustín Álvarez, siempre atento y dispuesto; o nuestro cura [don Andrés Quijano] que siempre llevaba su camiseta del Athletic de Bilbao y se remangaba la sotana para jugar con nosotros.

Sin dudar, aprendimos valores, a respetar a los demás a entender el trabajo como un bien que había que hacer bien porque aquello nos hacía dignos y sería la oportunidad de nuestra vida.  Hoy con casi 61 años, casi no hay día que no recuerde mi infancia, el club Viar donde tanto tiempo pasé y que dejé cuando entré en la Universidad, valores como el sacrificio, la constancia, la entrega han sido y siguen siendo motores en mi vida y es parte de lo que he tratado de inculcar a mis dos hijos y a todos y cada uno de los estudiantes que han pasado por mis manos.

Amigos, muchos amigos. Mi esposa cada vez que me paro en la calle con alguien y la charla se alarga siempre dice ¿de Altair, no? Y siempre acierta.

En estos tiempos difíciles, de pérdidas de valores en la sociedad, donde todo es inmediato y efímero, es importante seguir trabajando con los más jóvenes para que tengan futuro, a pesar de la desafección de algunos padres por los profesores, pero hay que seguir trabajando, la escuela es un lugar para tener una visión ampliada de la vida, muchas gracias por todo lo que recibí.

Bueno una cosa mala tengo que decir…. Las matemáticas con don Miguel Ferré, ¡jo, qué difícil!