La piscina de Altair

Aquella inefable maqueta expuesta durante los primeros años ante los ojos de los visitantes sirvió como reclamo de las primeras matriculaciones y prestó un valioso servicio de promoción de Altair; mostraba, entre otros muchos proyectos del programa constructivo, una piscina olímpica.

Juan Fernández, Alcalde de Sevilla, atiende las explicaciones de José María Prieto, director de Altair, ante la maqueta del proyecto “una ciudad Educativa” de Altair.

La piscina exteriorizaba las importantes ambiciones en el campo de la educación mediante el deporte a la que Altair aspiraba. A pesar de las optimistas previsiones del arquitecto López de Asiaín que en 1970 afirmaba: «Estamos preparando también el proyecto de la zona deportiva con piscina y gimnasio cubiertos» [1], durante muchos años después, ante la tardanza en construirse, la piscina fue objeto de chanzas y bromas permanentes. Quién de aquellos primeros años no dijo alguna vez: ¿y la piscina, para cuándo?

Este apartado titulado La piscina de Altair quiere ser un recuerdo de todos aquellos que pusieron el máximo entusiasmo en su trabajo, pero sus aspiraciones fracasaron o sus proyectos no siguieron adelante o cumplieron su ciclo y, por causas que no sabemos ni podemos descifrar, acabaron desapareciendo. A estas personas queremos rendir un homenaje merecido.

El proyecto plasmado en la maqueta exteriorizaba las importantes ambiciones en el campo de la educación mediante el deporte a la que Altair aspiraba. Junto a diversos campos deportivos destacaba una piscina pintada de color azul.

La realidad es terca y se impone a los sueños a pesar de que estos forjen la ilusión de que pueden ser realizables. Algunos proyectos de Altair fueron auténticos sueños y como tales, una ilusión. Por eso, muchas veces el tiempo acabó por demostrar la imposibilidad de dichos planes. La piscina de Altair fue uno de esas iniciativas fallidas o planes imposibles.

No vamos a hacer sangre enumerando ninguno de estos proyectos, solamente, y a modo de conclusión alegórica –recordando las dos propuestas que mencionaba el arquitecto: aquella piscina y aquel inicial proyecto de gimnasio cubierto–, acabaremos refiriéndonos al imaginario pabellón deportivo José Emilio del Pino escondido en el espacio multiuso del edificio central. Posiblemente alguna vez acabará por  construirse.

El proyecto culminado de Altair, aun sin piscina, superó todas las expectativas.

No obstante, a pesar de algunos fracasos y «dificultades, había un entusiasmo impresionante y una ilusión tremenda» [2]. Estas palabras de José María Prieto en la mesa redonda de conmemoración de los veinticinco años de Altair sintetizaban el afán de tantas personas, protagonistas de una labor callada y esforzada a lo largo de todos esos años pese a la falta de acierto. Quién sabe si, como la piscina de Altair, estos bienintencionados pero quiméricos proyectos debieron fracasar para que salieran adelante otros más exitosos o necesarios.

[1] “Al habla con Jaime López de Asiaín”, en Boletín informativo, nº 1, abril de 1970, p. 5.

[2] “José María Prieto”, en Boletín de Altair, nº 29, septiembre de 1993, 25º aniversario, p. 4.

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