José Manuel Núñez

Entrevista a José Manuel Núñez en el Boletín de Altair de septiembre de 1998, cuando cumplía veinticinco años como profesor en Altair.

Don José Manuel Núñez nació en Huelva. Estudió Ingeniería Técnica de Minas en la especialidad de Combustibles y Explosivos. Su primer trabajo como titulado se desarrolló en el proyecto de Cerro Colorado, en Riotinto. Ejerció como secretario del colegio residencial Alcalde Zúñiga para estudiantes foráneos de ingeniería. Por aquello de que a los técnicos les tira el mundo de la industria, aceptó una propuesta de Dragados y Construcciones para encargarse del departamento de programación y costes de la factoría de Sagunto. Durante su estancia en Valencia le propusieron, desde Altair, la posibilidad de trabajar en la implantación de lo Formación Profesional, aceptó muy complacidamente y aquí está desde entonces. Estos veinticinco años han dado para mucho: ha visto nacer y crecer algunas de las enseñanzas y casi todos los edificios, durante muchos años estuvo a cargo de la dirección de Formación Profesional, también ha compatibilizado su trabajo en Altair con los estudios para la licenciatura en Filosofía y Ciencias de la Educación, fueron –según nos ha comentado– cinco años un poco duros. En la actualidad importe algunas clases y se encargo de la dirección docente.

¿Cómo han afectado a Altair los nuevos cambios en el panorama educativo español? ¿Qué objetivos a corto y a largo plazo tiene en mente?

Si se refiere a la implantación de la reforma educativa que prescribe la LOGSE, estamos un poco saturados por cuanto a la gestión ordinaria del Centro, con el trabajo que tal tarea comporta, hay que añadir el gran esfuerzo que, desde todas las instancias, es necesario hacer paro poner en marcha las nuevas enseñanzas. Respecto de objetivos personales, en Altair el gobierno es colegial en todos sus niveles y por tanto no se trata de perseguir objetivos elegidos de forma unilateral sino de poner todo el empeño en cumplir lo mejor posible aquellos que, de manera colegial –reitero–, han sido marcados para cada uno de los directivos, profesores, personal de administración y servicios, y alumnos.

Las circunstancias actuales demandan alumnos motivados y con ideales. ¿Ante este reto, cómo responde Altair?

Efectivamente, la motivación es algo fundamental en las actuales circunstancias, dado que la idea que se nos sirve de forma reiterada –desde los medios de comunicación y desde todo el entramado social–, es la de conseguir los cosas sin esfuerzo personal, y ello es imposible. Lo que vale cuesta. En este tema, como en todos, es imprescindible la colaboración de los padres. La labor de motivar al alumno, en lo que a Altair se refiere, tiene su principal protagonista en el profesor, que debe ser un continuo impulsor del trabajo de sus alumnos, porque lo verdaderamente importante es el esfuerzo que ponga el propio alumno. También el preceptor, como encargado de su orientación personal, tiene un importante papel que desempeñar en cuanto a abrirles horizontes amplios que le ilusionen. A nivel más general, los departamentos se ocupan de promover actividades en esa dirección.

¿Cómo es el profesorado de Altair? ¿Dedican tiempo para la investigación?

El profesorado del Centro tiene una gran profesionalidad y dedica bastantes horas. Ya, por definición, el profesor de un centro privado tiene más horas de clase y por tanto lo queda menos tiempo para dedicar a otras tareas que son tan importantes como impartir las horas lectivas. Así y todo, saben sacar tiempo para ponerse al día, organizar actividades extras, editar apuntes, presentar trabajos –por los que nos han concedido importantes premios– e incluso escribir libros, dar conferencias o investigar.

¿Qué considera más importante en la formación del alumno?

Pienso que es fundamental el crecimiento del alumno como persona, hoy en día en muchos ambientes está en vigor el “tanto tienes, tanto vales”, y eso habría que sustituirlo por el “tanto eres, tanto vales”; no es lo que se posee lo que da el incremento sino lo que se es internamente y ello implica una educación en valores, o sea educación en las virtudes humanas. Si uno repasa los biografías de la gente con las que uno convive a diario, observará –sin gran esfuerzo– que la felicidad no se sustenta en un buen coche o en un gran chalet, ni siquiera en un extraordinario móvil telefónico. La felicidad tiene otros claves que hay que ayudar al alumno a descubrir.

¿Qué señas de identidad caracterizan a Altair como centro educativo?

En esta cuestión que me planteo, pienso que lo mejor es acudir al Carácter Propio del Centro, que como sabrá, es el documento en donde se recogen los planteamientos generales o principios en que debe inspirarse todo la labor de un centro educativo. En nuestro Carácter Propio podemos leer que Altair ofrece a sus alumnos una educación integral de calidad en un clima de libertad y responsabilidad personales. No se entiende la libertad sin su reverso de responsabilidad, libertad y responsabilidad conforman un binomio inseparable. En el mencionado documento también nos encontramos con que la formación humanística y cultural que se pretende dar al alumno se basa en una concepción trascendente del hombre y de la historia. Otros aspectos son la educación en la solidaridad, el espíritu de servicio a los demás, la exigencia del esfuerzo para lograr la perfección en el propio trabajo, etc.[1].

 

[1] “Don José Manuel Núñez”, en Boletín de Altair, 30 años, septiembre de 1998.

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